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jueves, 23 de mayo de 2013 |
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Democracia
participativa
Por: Gilberto P. Miranda, politólogo y consejero de
Vertebra
Tuvo que pasar casi una década para que el camino a la
democracia participativa en Nuevo León diera un primer paso real, al aprobarse
ayer en el Congreso del Estado la primera vuelta de reforma constitucional para
dar sustento a la Ley de Participación Ciudadana.
Esta legislación crearía instrumentos para dar influencia
real a los ciudadanos sobre las grandes decisiones públicas, así como una
relación mucho más directa y eficiente con las autoridades, acercándonos al
deber ser de asumir un verdadero rol de mandatarios.
Entre estos instrumentos se encuentran el plebiscito
(poder votar a favor o en contra de una gran decisión pública); el referéndum
(poder votar a favor o en contra de una legislación); el presupuesto
participativo (decidir cómo queremos que se empleen los recursos públicos) y la
audiencia pública (la obligatoriedad de autoridades municipales y estatales
para atender a un ciudadano en un tiempo determinado).
Lo que tales instrumentos pretenden es empoderar al
ciudadano. Pasar de la democracia representativa -muy cuestionable debido a las
prácticas de gran parte de la partidocracia- a una participativa, en la que
rompamos el paradigma de creer que somos ciudadanos cada tres años que hay
elecciones, y nos asumamos como protagonistas activos de las transformaciones
que deseamos.
Contar con un instrumento que regule y facilite la
participación de la ciudadanía también es un gran fortalecimiento a la
legitimidad de las decisiones públicas, hoy tan cuestionadas por sobrados casos
de corrupción y negligencia, que al ser consensadas con la ciudadanía, tendrían
como resultado una mejor gobernabilidad y mayor probabilidad de servir al
interés público.
El camino de la participación ciudadana ha sido largo y
sinuoso. Comenzó en 2004 con una primera iniciativa presentada por la sociedad
civil, congelada en el Congreso hasta 2010 cuando se retomó el tema. Entonces,
ciudadanos, académicos y legisladores trabajaron arduamente para llegar a una
iniciativa conjunta.
En 2011, cuando se suponía que la iniciativa pasaría sin
mayores aspavientos, el PRI sufrió una suerte de esquizofrenia, bloqueando lo
que ellos mismos promovieron. Dado que no había ya ninguna barrera jurídica,
técnica ni política -al menos en el discurso-, no existe otra explicación al
bloqueo de la participación ciudadana que una clara línea política, cuya fuente
más lógica y probable es el Gobernador.
La actual Legislatura colocó el tema en la agenda mínima
y, de manera un tanto fortuita, se ha logrado mayor avance en estas dos semanas
que en años, al sacar de la Comisión de Legislación y Puntos Constitucionales
el dictamen para la reforma constitucional, que fue aprobado en primera vuelta
con los votos del PAN, PRD y PT. La bancada del PRI ni siquiera estuvo en el
Pleno.
Ahora tendrá que ser sometido a segunda vuelta, y
requerirá de dos terceras partes de los votos. Es decir, para pasar requiere
del PRI, cuyos Diputados han expresado quejas del proceso (el líder priista en
el Congreso ayer la llamó una ley "Frankenstein", hecha al vapor),
pero también han dicho apoyar decididamente la Ley. Pronto tendrán oportunidad
de demostrarlo.
Una vez que la reforma constitucional ocurra, podrá dar
inicio a la discusión propiamente de la Ley de Participación.
Es una vergüenza para Nuevo León mantenerse como uno de los
cuatro estados a nivel nacional que no cuentan con una Ley de Participación
Ciudadana. Incluso hay una particularidad que merece la pena resaltar: el
nuestro es el único Estado donde la iniciativa de participación fue presentada
por los propios ciudadanos, y no por el Poder Ejecutivo o Legislativo.
La mezquindad de gran parte de la clase política por
detener la participación ciudadana nos lleva a una reflexión amplia: la actitud
cerrada y reaccionaria de quienes creen tener el monopolio del poder público se
está agotando.
El signo de los tiempos es claro: la sociedad civil exige
espacios que le pertenecen, y cada vez hay más ciudadanos que no están
dispuestos a conformarse con la simulación.
Bien decía el maestro Pablo González Casanova que la
democracia es "el acceso real del pueblo al desarrollo político,
económico, social y cultural; lo demás, es retórica" (1965).
Más que la propia ley, lo trascendente es la posibilidad
de construir un poder social como verdadero contrapeso. Quizá por eso es tanto
el miedo gubernamental.
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viernes, 08 de febrero de 2013 |
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A un siglo de La
Decena Trágica
LOS ÚLTIMOS MINUTOS DE BERNARDO REYES AL ASALTAR PALACIO
NACIONAL
Tras su encarcelamiento en Tlatelolco por su rebelión en
Tamaulipas contra el presidente Francisco I. Madero, el ex gobernador
nuevoleonés se fuga con ayuda de contrarrevolucionarios para ir a tomar el
Palacio Nacional, donde cae bajo la metralla de Lauro Villar Ochoa
Por RAYMUNDO HERNÁNDEZ ALVARADO
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Gobernó por más de 20 años y llevó a la modernización e
industrialización el estado de Nuevo León. Fue el hombre fuerte de Porfirio
Díaz en el norte del país y aunque fue comandante de la Tercera Zona Militar
que comprendía los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas al mismo tiempo
ejercía un mandato regional de facto en el noreste mexicano.
Bernardo Reyes Ogazón es el tapatío de origen que
mantiene un rígido control aplacando descontentos y sublevaciones.
Al triunfo de Francisco I. Madero y Pino Suárez en la
presidencia y vicepresidencia de la república, Bernardo dirige una rebelión
contrarrevolucionaria cocinada en Texas que lanza el 16 de noviembre de 1911 en
el rancho La Soledad, del municipio de Camargo, Tamaulipas donde a través del
llamado Plan de la Soledad desconoce a Madero y se proclama como presidente de
la república interino.
La revuelta no prospera y tras recorrer parte de ese
estado en busca de adeptos decide entregarse en Linares, Nuevo León. Madero le
perdona la vida y en lugar de fusilarlo lo envía a la prisión militar de
Santiago Tlatelolco, Ciudad de México,
donde conspiraría nuevamente para unirse al sobrino de Díaz, Félix Díaz y
encabezar la asonada contra el presidente Madero en Palacio Nacional.
Con esta rebelión en que Bernardo y Félix y otros
insurrectos utilizan a cadetes de la escuela militar se iniciaba la llamada
Decena Trágica. Un tamaulipeco, el general Lauro Villar Ochoa, quien meses
atrás lo había sentenciado en corte marcial detiene la embestida a las afueras
de Palacio Nacional donde cae Reyes y su leyenda.
Como gobernador de Nuevo León, Reyes reclamó una parte
del territorio de Tamaulipas que le permitiera al estado de Nuevo León contar
con una franja colindante con Estados Unidos a fin de que las autoridades
neolonesas pudieran contar con facultades legales para perseguir a descontentos
políticos y bandoleros y así solicitar directamente la extradición al gobierno
estadounidense, pretención que con
argumentos históricos desbarata su homólogo vecino Alejandro Prieto.
TRAYECTORIA DE REYES
Reyes Ozagón nace en Guadalajara en 1850, quien desde los
14 años de edad emprende una brillante carrera militar que le permite
importantes triunfos, primero al lado de la república y posteriormente con
Porfirio Díaz. A los 17 es herido dos veces y asiste al Sitio de Querétaro para
luego estar presente en la rendición de Maximiliano.
A los 21 años es ascendido a capitán en 1871 luego de
participar en el sofocamiento de una insurrección en Sinaloa y tras haber
desarrollado campaña en los estados de Tamaulipas, Zacatecas y San Luis Potosí.
Posteriormente llega a ser teniente coronel cuando con
ayuda de 20 soldados repele a militares de su misma compañía que se habían
amotinado. En julio de 1880 vence a un ejército rebelde del porfiriato, que
según versiones, lo superaban tres a uno, empleando tretas y engaños donde incluso
lo dan por muerto. Esta última acción le vale el ascenso a general brigadier.
Hasta 1883 sería jefe de las Fuerzas Militares en el
noroeste del país y luego hasta el 85 comandante militar en San Luis Potosí, de
donde sería enviado por Porfirio Díaz a Monterrey para neutralizar la
influencia de los caudillos locales Jerónimo Treviño, Francisco Naranjo y
Lázaro Garza Ayala y disminuir el contrabando.
En 1887 es designado jefe de la III Zona Militar que
abarcaba Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, para luego ser gobernador
nuevoleonés constitucional donde a partir de 1890 logra transformar la capital
regia, promoviendo su industrialización, relaciones comerciales y convertirla
en eje de prosperidad regional.
Cuando en 1898 el dictador Díaz visita Monterrey brinda
por la bonanza lograda y le dice: general Reyes, ¡así se
gobierna!...". En 1900 sube su
popularidad entre la clase media del país al mencionársele como posible sucesor
de Díaz siendo su secretario de Guerra, cargo del que regresa a la gubernatura
neolonesa en 1903 al amarrar pleito con el grupo Los Científicos cercanos a
Porfirio.
EL AMBIENTE NACIONAL
En 1909 Bernardo es postulado como candidato a la
vicepresidencia del país por el Partido Democrático, cargo que rechaza alegando
lealtad al presidente dictador, pero no le sirve de mucho pues Díaz como quiera
lo manda al exilio a Europa para luego regresar en 1911 cuando Porfirio ya
había sido obligado a renunciar el 25 de mayo de ese año.
Reyes regresa al país y la emprende contra Madero, -ya
presidente constitucional- y a fines de ese año 11 se va a Texas, donde prepara
el documento de su rebelión (de La Soledad) contra el coahuilense, seguro de
que a un llamado suyo el país se iba a unir para derrocarlo y subir él a la
presidencia.
Con León de la Barra en presidencia, sus propios
seguidores le reclamaban a Madero que tratara de romper con los hermanos
tamaulipecos Francisco y Emilio Vázquez Gómez, quienes a su vez como
secretarios de gabinete tildaban de porfirista y antiprogresistael régimen de
labarrista.
El malestar de los maderistas aumenta al enterarse del
pacto de don panchito con Bernardo Reyes y de la Barra, con el que Reyes acepta
la candidatura del parrense a cambio de la secretaría de Guerra. Madero es
visto así por los suyos como débil y traidor a la revolución, escribe Iñigo
Fernández Fernández en su obra Historia de México ( México, U.
Iberoamericana-Pearson, 2004).
El presidente rompe el pacto para salvar la unidad de su
partido progresista y Bernardo decide organizar su Partido Reyista pero no
alcanza a participar en las elecciones presidenciales y emigra a Texas a
finales de septiembre de ese año 11, facilitando el triunfo del coahuilense.
A Madero le preocupaba que la clase media y conservadores
mencionaran a Reyes como sucesor ideal de don Porfirio.
Aún exiliado en Texas, El Procónsul es espiado por
enviados de Madero y a inicios de noviembre de 1911 ya tiene casi listo su Plan
de la Soledad, modificación del Plan de
San Luis.
LA PROCLAMA DE LA SOLEDAD
En su parte introductoria el Plan de la Soledad reyista
califica al gobierno de Francisco I. Madero como de bastardo poder, por lo
que empeña su patriótico deber de liberar al país humillado por una tiranía
demagógica con la necesidad apremiante de asentar el imperio de la Constitución
y realizar los ideales revolucionarios, escribe Javier Garcíadiego en su libro
La Revolución Mexicana (México, UNAM, 2003).
Con esa proclama Reyes reformaba el Plan de San Luis de
Madero, texto de 16 apartados, cuyo número I reza: Se declaran nulas las llamadas elecciones
para Presidente y Vicepresidente efectuadas en realidad mediante imposiciones y
persecuciones por un solo bando político, y no por la Nación, en el mes de
octubre del presente año.
Con el II desconocía a todas las autoridades que no
secundaran su Plan. Con el V declaraba Ley Suprema de la República el
principio de No reelección del Presidente y Vicepresidente de la misma,
Gobernadores de los Estados y Presidentes Municipales.
En el apartado VII, Bernardo se asume como presidente
provisional y en el VIII menciona que al triunfo de su revolución dará cuenta
de la misma al Congreso. En el XV precisa que las tropas revolucionarias
tendrán como distintivo una cinta roja en el brazo izquierdo.
En el XVI ofrece restablecer la llamada Zona Libre en la
frontera tamaulipeca y norte en general. Firmado en Soledad, Tamaulipas, 16 de
Noviembre de 1911, añade el sitio
http://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/6Revolucion/1911PBR.html
El plan tuvo una
profusa difusión y aunque no logró despertar el interés de sus antiguos
seguidores
si puso en situación comprometida a las autoridades
estadounidenses, refiere por su lado Oscar Flores en su libro Monterrey en la
Revolución (Monterrey, FSP, 2007, p. 42).
LA NAVIDAD DEL PROCÓNSUL
Dos días después de conocido el texto
contrarrevolucionario, las autoridades norteamericanas presentan orden de
aprehensión contra Reyes, siendo arrestado y liberado con fianza de 10 mil
dólares y como le fijan juicio para la segunda semana de diciembre de ese 1911,
Reyes decide cruzar a México.
Escribe Flores que acompañado de solo cinco personas
cruza la frontera el 13 de diciembre y tras eludir los centros importantes de
población en el norte de Tamaulipas, el grupo tiene una escaramuza contra una
acordada de rurales que logran separar a Bernardo de sus acompañantes,
Después de 11 días de fatídica aventura y completamente
solo sin que nadie acudiera en su auxilio, decidió entregarse -a cualquier
tropa o autoridad- que encontrara en su camino, escribe Flores citando a
Niemeyer (1966). Perdido en la noche, Bernardo se entregaba a un oficial rural
de Linares la madrugada del 25 de diciembre hambriento, sediento y con ropas
desgarradas. El Plan de la Soledad
abogaba por el restablecimiento de la zona libre en un claro intento por atraer
la simpatía regional. El proyecto reyista se vio frustrado; en territorio
norteamericano Reyes fue aprehendido por violar las leyes de neutralidad,
añaden J. Zorrilla, M. Miró y O. Herrera en su obra Tamaulipas, una historia
Compartida II (Cd. Victoria, UAT, 1993).
TAFT Y MADERO TEMÍAN UNA INVASIÓN DESDE EU
En su libro Madero y la Revolución Mexicana, el
historiador estadounidense Charles C. Cumberland llama la rebelión de Bernardo
Reyes como un intento de revolución. Revela datos poco conocidos en el noreste.
Indica que Reyes había fijado el 1 de diciembre de ese
año 11 para el inicio de la revolución reuniendo a sus partidarios en San
Antonio, Texas y que a pesar de que León de la Barra envía a su hermano para
disuadirlo, no logra convencerlo de la locura de su actitud.
Madero sabía de la intención reyista y alerta al gobierno
gringo para impedir un movimiento armado desde su territorio, el cual envía a
dos compañías de tropas a Texas. Luego, agentes federales en Texas arrestan a
Reyes y su estado mayor confiscando armas y parque, así como al sheriff del
condado de Webb por ayudarles.
La histeria sube de nivel, dos gobiernos alarmados porque
se temía una nueva revolución contra Madero. El presidente yanqui Taft declara
que no permitirá un movimiento armado contra el gobierno mexicano desde suelo
norteamericano. Esto desanima a Reyes, quien planeaba originalmente invadir por
Agua Prieta-Cd. Juárez o Nuevo Laredo-Matamoros, añade Cumberland.
Se decide por un levantamiento interno en México y por
eso redacta el Plan de la Soledad, proyecto que verdaderamente planteaba una
rebelión seria por Coahuila, Nuevo León o Tamaulipas. Según Cumberland,
Bernardo logra reunir a cerca de 600 seguidores, pero al entrar a suelo
mexicano nota que el pueblo le es indiferente su revuelta.
Los días pasaban
y ni un solo individuo venía a incorporárseme afirmaría Reyes en 1912. Su
núcleo lo deja hasta quedar solo completamente y al rendirse en Linares envía
un cable a su persecutor Gerónimo Treviño pidiendo amnistía para él y sus
adeptos, la cual le es concedida a ellos, más no a él, para ser enviado
detenido a ciudad de México.
Dice Cumberland que Bernardo no podía creer que los
mexicanos inteligentes prefirieran a Madero que a un famoso general de
división.
Al fracasar su revuelta, Bernardo Reyes es encarcelado en
Tlatelolco y Félix Díaz, sobrino del dictador Díaz, quien se había sublevado en
Veracruz en octubre de 1912 es detenido y enviado a Lecumberri. Ambos rebeldes
son sometidos a corte marcial de la que forma parte el general Lauro Villar en
una sentencia castrense que los condena
a morir fusilados.
Pero Madero los perdona en un acto piadoso, solo para
rebelarse de nuevo Reyes al escapar de la cárcel con ayuda de Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz en el inicio
de la traición llamada la Decena Trágica, urdida por Victoriano Huerta, El
Chacal y el embajador gringo Henry L. Wilson.
VILLAR Y REYES, FRENTE A FRENTE, AMBOS DE 63 AÑOS
El 9 de febrero de 1913 por la madrugada empieza La
Decena Trágica en dos frentes. Mondragón y Ruiz, acompañados por un hijo de
Bernardo, Rodolfo, liberan a punta de las armas al procónsul y luego se van a
Lecumberri donde también sacan a Félix.
Al saber de la rebelión el general Lauro Villar estaba
enfermo en su casa pero se traslada a Palacio a tomar su puesto como comandante
militar del Ejército Federal de la capital. Algunas secciones de Palacio son
tomadas por los rebeldes.
Al llegar Lauro domina a algunos reyistas y felixistas
colados al patio central y corredor a la secretaría de Hacienda. El general
Angel García se va en automóvil a Chapultepec a avisar al presidente Madero de
lo ocurrido.
El general Villar organizó la defensa de Palacio
distribuyendo sus soldados en dos líneas de tiradores: una pecho en tierra, a
unos seis metros de la acera, rodilla en tierra. Ayudado por el intendente de
palacio Adolfo Bassó Bertiolat, emplazó una ametralladora a cada lado de la
puerta (una no funcionó) y esperó, refiere Juan Manuel Torrea en su documento
La Asonada Militar de 1913.
Participante en la defensa de Palacio Nacional, el
historiador y militar Torrea describe así los hechos del ataque al edificio
emblemático del poder nacional por una sección rebelde: Cuando este grupo se
hallaba a la mitad entre las dos puertas, Mariana y Centro, pudimos reconocer
que quien venía al frente bien sentado en un caballo retinto era el General
Reyes
Las palabras que
se cruzaron el General Reyes y el General Villar fueron las siguientes, según
el segundo de los divisionarios me lo relató varias veces en Veracruz: -Ríndase
usted, dijo el General Reyes al General Villar-. La respuesta fué: -Quien debe
rendirse es usted-, añade el historiador.
Cuando estaban frente a frente se debe haber hecho un
disparo que se achaca al General Villar o al Coronel Juan Morelos. Villar
aseguró que los primeros disparos fueron hechos por el grupo rebelde sobre
soldados del 20° Batallón, que luego recibió la herida en el cuello que le
fracturó la clavícula derecha cuando el General Reyes movía su caballo para
envolverlo y que fue entonces cuando dio la orden de fuego.
En este primer encuentro, fue vencida una parte de la
rebelión, agrega Torrea.
Al iniciarse los disparos murieron el General Reyes, que
lo vimos irse de lado hasta caer de la cabalgadura y el Coronel Juan G. Morelos
(maderista), Jefe del 20° Batallón y a quien habíamos perdido de vista,
escribe el militar. El tiroteo duró unos 20 minutos.
150 DEFENSORES CONTRA DOS MIL GOLPISTAS
La fuerza del matamorense Villar era de poco más de 150
soldados, 20 de ellos custodiando a 300 cadetes rebeldes que habían sido
detenidos en algunas secciones; y unos 120 estaban en línea de tiradores. Los
golpistas sumaban más de dos mil 200.
El primer golpista
en llegar frente al matamorense es el general Gregorio Ruiz, quien lo emplaza a
rendirse y unirse a su bando, lo que rehúsa Villar. Ruiz avanza a caballo entre
las líneas defensoras, Lauro sujeta las riendas , le apunta con su arma para
ser apresado y fusilado.
A los pocos minutos llega Bernardo Reyes a caballo al
frente de otra columna y sus tiradores ocupan la catedral, frente a Palacio.
Frente a Villar le pide rendirse y se producen los disparos de los subalternos
lo que obliga a Reyes a disparar sobre Villar hiriéndolo en el hombro y
fracturando la clavícula derecha, según la versión escrita del historiador
matamorense Eliseo Paredes.
El intendente Bassó disparó su ametralladora y mató al
general Reyes, hubo muchos heridos entre civiles, oficiales y soldados. Las
balas de fusil y cañón eran intercambiadas, muere el coronel defensor Morelos,
pero Villar sostiene, herido, el punto y los rebeldes huyen dejando más de 200
compañeros muertos, indica la cita de Clemente Rendón de la Garza en su obra 20
Héroes Caudillos y Revolucionarios (Cd. Victoria, Pro Graf, 2010, p.82).
SE APAGA LA VELA DE BERNARDO REYES
Rodolfo Reyes, hijo de Bernardo, testigo y participante
en el asalto a palacio describe el momento de la muerte del Procónsul del
Noreste: En tan angustiosos momentos, colocado a la izquierda y un poco atrás
de mi padre estando el Dr. Espinosa de los Monteros en la misma línea que él y
a su derecha dije a aquel (Bernardo) te matan-
Al mismo tiempo que él (Bernardo) hacía chocar su
caballo con una ametralladora y volviendo la cara me dijo; -pero no por la
espalda-. Sonó un tiro aislado y luego todos los soldados que nos tenían entre
ellos mismos, que dudaban, hicieron un fuego nutrido y terrible, funcionando
las ametralladoras a boca de jarro, cita Luis Garfias M. en su libro La
Revolución Mexicana: Compendio histórico, político militar (México, Panorama
Ed., 1991, p. 80).
Mi padre se detuvo un momento, agarrado a la crin de su
caballo y cayó a la izquierda sobre mí, que también caía arrastrado por mi
cabalgadura muerta, señala el testimonio del abogado Rodolfo Reyes. Su padre,
Bernardo, caía atravesado por enormes balas de la ametralladora de piso operada
por Adolfo Bassó.
ES USTED MUY HOMBROTE: MADERO
Con Villar herido a sus 64 años de edad en la azotea de
Palacio Nacional, Una hora y media después de los hechos llega desde
Chapultepec el presidente Madero, el secretario de Guerra y otros oficiales en
busca del defensor del recinto.
Al saludar al viejo Divisionario, Madero le dice: Es
usted muy hombrote General Villar. El General Villar le dio las gracias
contestándole: Los hombrotes están ahí en la cadena de tiradores,
mostrándoselos. A Lauro se lo llevan a la enfermería, añade Torrea. Los
sublevados tomarían luego La Ciudadela, traicionando y asesinando por la
espalda a oficiales.
Lauro lleva a Madero a ver algunos de los cadáveres de
militares famosos, como el de Bernardo y el de Juan Morelos. Decenas de
curiosos por el zócalo pierden vida al ser blanco de miles de balas disparadas
por los dos bandos.
Villar sale de escena al pedir ser llevado al Hospital
Militar, junto a sus compañeros heridos.
En esa sala donde se atiende al tamaulipeco, Madero
releva del mando a Villar y lo entrega cándidamente a Victoriano Huerta, a
sugerencia de Gustavo, su hermano.
Algo sospechaba
Villar de Huerta al advertirle que se portara bien, diciéndole mucho cuidado
Victoriano, mucho cuidado pero éste traicionaría todo al detener el 18 de
febrero y asesinar a Madero, al vicepresidente Pino Suárez y al intendente
Bassó y montar una farsa con la ayuda de la embajada gringa y luego llegar al
poder.
En 1914 Lauro Villar pide su baja militar al cumplir casi
medio siglo de servicios. Retirado de toda actividad en Veracruz, enferma y es
llevado a México, donde muere el 26 de junio de 1923. Es sepultado en el panteón Tepeyac capitalino
para ser exhumado y llevados sus restos en junio de 1973 a Matamoros, donde no
pudieron ser sepultados, hasta que en 1983 el ayuntamiento a cargo de Jorge
Cárdenas los inhuma en la plaza Mariano Matamoros, donde a la fecha sufren el
abandono de todo tipo de autoridades al permanecer en el olvido y sin placa de
identificación siquiera.
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lunes, 10 de diciembre de 2012 |
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80 AÑOS DE LA UANL
Pasado, presente y futuro
Ahora que la
UANL cumplirá el próximo año su 80 aniversario y ya prepara las actividades de
festejo, plasmaremos algunos datos relacionados con su pasado, presente y
futuro:
La UANL nace
oficialmente en 1933, aunque sus orígenes son más remotos, pues para este año
existían escuelas de Jurisprudencia, de Medicina y Farmacia, la Escuela Normal
y Colegio Civil...
Serían los
representantes de estas instituciones quienes someterían a consideración del
Congreso del Estado de Nuevo León la fundación de una universidad en forma,
hecho que ocurriría finalmente el 25 de septiembre de 1933, fecha en que inicia
sus actividades con una matrícula de 1864 alumnos y 218 profesores...
Tuvo por sede
el edificio del Colegio Civil, fundado en 1857 y el primer rector fue Héctor
González, gobernaba Francisco A. Cárdenas. En esta primera etapa fue definitiva
la presencia del Alfonso Reyes, entonces embajador mexicano en Brasil, quien
alzó su voto por apoyar la creación de la Universidad del Norte en Monterrey; a
la voz de Reyes se unieron otras de jóvenes como Ángel Martínez Villarreal,
Enrique C. Livas, José Alvarado Santos, Juan Manuel Elizondo y Raúl Rangel
Frías
La UANL
recibió en un primer momento el nombre de Universidad de Nuevo León y se
integró inicialmente de las facultades de Derecho y Ciencias Sociales,
Medicina, Ingeniería, Química y Farmacia, así como de la Escuela Normal, la
Escuela Industrial, la Preparatoria Técnica "Alvaro Obregón", la
Escuela Industrial de Labores Femeniles "Pablo Livas" y la Escuela de
Enfermería y Obstetricia
En 1957 inicia
la urbanización de los terrenos que hoy ocupa Ciudad Universitaria, luego de
que el presidente Miguel Alemán Valdés emitiera un decreto mediante el cual se
cedían 334 hectáreas para su construcción, anexando posteriormente 100
hectáreas más a su terreno...
En la década
de los 60's ocurren dos eventos de especial relevancia que terminan por
configurar la arquitectura del campus: en septiembre de 1961 -siendo gobernador
del estado Raúl Rangel Frías, ex rector de la universidad- inicia operaciones
la torre de rectoría; en 1967 se inaugura el Estadio Universitario, gracias al
apoyo del patronato de la UANL...
En 1971 se
promulga la cuarta Ley Orgánica, por la que se le concede la autonomía a la
institución, que tomó desde entonces el nombre por el que ahora se le conoce:
Universidad Autónoma de Nuevo León
En 1980 se inaugura la Capilla Alfonsina,
donde actualmente se alberga parte del acervo del intelectual y prolífico
escritor mexicano Alfonso Reyes, conocido también como el Regiomontano
Universal...
Otro de los
eventos importantes para la universidad ocurridos en la década de los ochentas
es la inauguración de la Unidad Mederos que, aunque desde años atrás, ya
contaba con algunos edificios en activo, es en 1982 que se funda como la unidad
que hoy aloja a diferentes facultades, entre las que se encuentran la de
Ciencias Políticas y Administración Pública, Artes Visuales, Artes Escénicas y
Ciencias de la Comunicación. En la década siguiente, justo en el año de 1994,
abre sus puertas la Biblioteca Universitaria "Raúl Rangel Frías",
conocida inicialmente como Biblioteca Magna "Solidaridad"...
El 28
de noviembre del 2005 se coloca la primera piedra del Centro de Innovación,
Investigación y Desarrollo en Ingeniería y Tecnología (CIIDIT), ubicado dentro
del Parque de Investigación e Innovación Tecnológica (PIIT), en el municipio de
Apodaca
Actualmente,
la UANL es la tercera universidad más grande de México y la institución pública
de educación superior más importante y con la mayor oferta académica del noreste
del país; cuenta con alrededor de 153 mil estudiantes, que son atendidos por 6
mil 228 docentes. Cuenta con 26 facultades y un Instituto de Investigaciones
Sociales, 25 preparatorias, tres preparatorias técnicas y un Centro de
Investigación y Desarrollo en Educación Bilingüe. Tiene presencia en todo el
Estado, entre sus sedes destacan siete campus universitarios: Ciudad
Universitaria, Ciencias de la Salud, Mederos, Marín, Ciencias Agropecuarias,
Sabinas Hidalgo y Linares...
Cuenta con una enorme oferta cultural y
artística, la cual proyecta a través de sus espacios distribuidos en el área
metropolitana; uno de ellos es Colegio Civil Centro Cultural Universitario,
inaugurado en 2007, que alberga el Aula Magna y el Museo Histórico, otra de las
sedes es el Teatro Universitario que abrió sus puertas en 1991 en el Campus
Mederos.
Sin faltar la
Biblioteca Universitaria "Raúl Rangel Frías" inaugurada el 29 de
noviembre de 1994; la Unidad Cultural Abasolo, ubicada en el Barrio Antiguo; la
Biblioteca Universitaria "Capilla Alfonsina" que entró en funciones
en 1980 en Ciudad Universitaria y, no menos importante, la Ex Hacienda San
Pedro "Celso Garza Guajardo", edificio histórico construido en el
municipio de Zuazua en el siglo XVI y remodelado en 1990...
Dentro del
último informe anual que rindió el rector Jesús Ancer Rodríguez destacan
algunas cifras que resumen la posición que la institución tiene actualmente:
cuenta con 153 mil 40 alumnos, otorgó 226 mil 144 becas, 101 estudiantes
integran la Universidad para los Mayores, ofrece 251 programas educativos, 100%
de estudiantes atendidos en programas de licenciatura avalados por su buena
calidad (CIEES), 2 mil 463 opciones de educación continua, 82 programas en el
Padrón Nacional de Posgrados de Calidad del CONACYT, 580 proyectos de
investigación, 505 miembros del Sistema Nacional de Investigadores y Sistema
Nacional de Creadores, 6 mil 228 profesores conforman su planta docente, 93% de
sus profesores de tiempo completo tienen posgrado
Cuenta con 43 cuerpos académicos consolidados,
219 libros editados al año, 2 mil 349 convenios y contratos de servicios
profesionales con el sector productivo y gobiernos municipal, estatal y federal
en los últimos años, 2 millones 600 mil servicios a la comunidad, 4 ferias
celebradas en la Explanada de Rectoría (Feria del Libro, Feria de la Salud,
Feria de las Artes y Feria Laboral), 1era. Universidad de México invitada a la feria del libro de Frankfurt
(Alemania), 641 alumnos y profesores en el programa de movilidad académica en
36 países, 275 estudiantes y maestros extranjeros en la UANL, 7 campeonatos
consecutivos en la Universiada Nacional, 1 medalla en Juegos Olímpicos de
Londres 2012, 1 campeonato mundial de Raquetbol (individual y dobles) y 18 mil
600 deportistas en equipos representativos
La Universidad
camina firme a la consolidación como institución socialmente responsable y de
clase mundial que se marca en 10 puntos que dan forma a la Visión 2020, que
guía ya su presente y futuro
Visión 2020:
"La Universidad Autónoma de Nuevo León es reconocida en el año 2020 como
una institución socialmente responsable y de clase mundial por su calidad,
relevancia y contribuciones al desarrollo científico y tecnológico, a la
innovación, la construcción de escuelas de pensamiento y al desarrollo humano
de la sociedad nuevoleonesa y del País"
Los 10 puntos
estratégicos que enmarcan el presente y futuro de la institución, a través de
la Visión 2020, son: 1.- Gestión responsable de la formación, 2.-Gestión
responsable del conocimiento y la cultura, 3.-Fortalecimiento de la planta
académica y desarrollo de cuerpos académicos, 4.-Mejora continua y
aseguramiento de la calidad de las funciones institucionales, 5.-Desarrollo de
los Sistemas de Educación Media Superior, de Estudios de Licenciatura, de
Posgrado y de Investigación, 6.- Intercambio, vinculación y cooperación
académica con los sectores público, social y productivo, 7.- Gestión
responsable de la infraestructura y el equipamiento, 8.- Procuración de fondos
y desarrollo económico, 9.- Internacionalización, 10.- Gestión institucional
responsable
Así la UANL
llegará el próximo año a su 80 aniversario, para lo cual ya trabaja un comité
de festejos en la organización de actividades que durante todo el 2013 se
estarán llevando a cabo
El Comité
Honorario para la Celebración del 80 Aniversario de la UANL está conformado por
el gobernador del Estado, el rector, ex rectores, académicos, historiadores,
cronistas y funcionarios de este centro estudiantil.
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Escrito por nuestros escritores
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jueves, 19 de julio de 2012 |
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Iturbide y sus
premios no
recibidos por
liberar a México
Esta semana se cumple el 188 aniversario del desembarco
en Soto La Marina y fusilamiento en Padilla, respectivamente, del ex emperador
Agustín de Iturbide. Un reloj y un rosario, únicos bienes que hereda al ser
fusilado
RAYMUNDO HERNÁNDEZ
ALVARADO
Es la tarde del 19 de julio de 1824. La habilitada celda
de la casa del Constituyente de Tamaulipas en Padilla se engalana por la
presencia de un preso noble mexicano. Se trata de Agustín de Iturbide I, ex
emperador de México, quien había sido detenido tres días atrás en el lugar
conocido como Los Arroyos, luego de desembarcar el 15 en Soto La Marina,
Tamaulipas.
Son las 15:00 horas y el futuro de Agustín ya había sido
decidido por el voto unánime de los nueve diputados encabezados por José
Antonio Gutiérrez de Lara, quienes se habían reunido en histórica primera vez un día atrás cuando la
entidad deja de ser provincia y surge como Estado Libre de las Tamaulipas.
Igualmente, el hermano de José Antonio, José Bernardo
Gutiérrez de Lara es el primer gobernador constitucional del estado, quien en
su primer día de trabajo debe ordenar el fusilamiento de Iturbide, en
acatamiento al mandato del Congreso local, el cual a su vez obedecería el
decreto del Congreso Nacional del 28 de abril de ese 1824 por el que declara
renegado a Agustín y se ordena la pena de muerte.
Faltan tres horas para que el cuerpo y cráneo del ex
monarca alojen las balas del pelotón de fusilamiento. Por ello se apresura a
escribir una carta a los diputados que ordenan su muerte, misiva en la que
niega su condición de traidor.
En el texto les pregunta qué había hecho para ser
calificado de traidor, pues había luchado por la independencia de México hasta
declararlo libre de la corona española. También alegaba haber unido a los
mexicanos después de los rompimientos de tantos años de lucha. Les preguntaba
por cuál de estos motivos merecía morir.
Por su mente pudieron pasar algunas imágenes evocando sus
épocas de gloria, como la entrada triunfal al frente del Ejército Trigarante a
la capital del país el 27 de septiembre de 1821 por el cual consumaba la
emancipación del país en una lucha de 11 años iniciada por Hidalgo y continuada
por Morelos y otros caudillos.
Igualmente debió recordar la fecha de su entronamiento el
19 de mayo de 1822 como el primer Emperador de México, cuando ante las penurias
del erario se tuvieron que pedir joyas prestadas para adornar las coronas de él
y de su esposa Ana María Huarte, la emperatriz.
EMPERADOR
CONSTITUCIONAL
Estos actos fundarían en él la creencia de que no había
una sola persona que expresara la menor desaprobación a la monarquía. Salvo
los diputados que en lugar del quórum de 101, solo asisten 82 para votar 67 a
su favor y 15 en contra, lo cual le permite sea declarado Emperador
Constitucional.
En su Manifiesto al Mundo Agustín acepta que al inicio
quería rechazar el cargo pero que luego escucha el consejo de un amigo que lo
orienta: -Se considerará vuestro no consentimiento como un insulto, y el
pueblo no conoce límites cuando está irritado. Debéis hacer este nuevo
sacrificio al bien público; la patria está en peligro
-
Para noviembre de 1822, el emperador afrontaría la
rebelión de su subordinado Antonio López de Santa Anna, para quien el
consumador de la independencia ya había dejado de ser dignísimo y
particularmente amado emperador, para ahora ser llamado solamente tirano.
Guadalupe Victoria encabeza esa rebelión del Plan de Veracruz, a la que luego
se suman otros personajes como Vicente Guerrero y Nicolás Bravo en el renovado
Plan de Casamata de enero del 23, levantamientos que prenden en diferentes
partes del país hasta ocasionar la caída del soberano constitucional.
LA SALIDA Y EL
REGRESO
Iturbide pudo también evocar el 11 de mayo de ese mismo
año de 1823 en que abandona el país desde Veracruz, rumbo al exilio a Europa, acompañado de su
esposa Ana María Huarte, ocho hijos y 19 sirvientes a bordo de la fragata inglesa
Rowllins.
Ahora ya venía de regreso a bordo del bergantín Spring en
el cual había zarpado el 4 de mayo de 1824 desde Londres, acompañado ahora por
Ana María y solo dos de sus hijos, su amigo el coronel polaco Carlos Beneski,
los padres José Treviño, José López, el impresor inglés John Armnstrong y
tripulantes.
Algunos cambios en la familia animaban más al actor
del período imperial post independiente
de la historia mexicana. Su esposa Ana María venía embarazada del que sería su
noveno hijo. Aunque su destino era Tampico, fuertes vientos los llevan a anclar
en La Marina el 14 de julio de 1824, dos meses y 10 días después de zarpar de
la Britania.
Habían pasado poco más de 14 meses desde que había
abandonado el México al que ayudó a emanciparse del yugo español
Permanecen a bordo del Spring los Iturbide-Huarte, sus hijos, Beneski, los sacerdotes Treviño y
López, tripulantes y sirvientes. Al día siguiente baja Beneski y se topa con el
marsoteño Felipe de la Garza quien le pregunta por Iturbide, respondiendo
evasivo el extranjero que el de Valladolid seguía en Londres.
El día 15 desembarca Agustín despidiéndose de su familia
y sacerdotes quienes se quedarían a bordo en el resto del drama que finaliza
con su fusilamiento. Desde su bajada en lancha a la costa de La Marina ya no se
volverían a ver, al menos él a su esposa e hijos.
Es detenido el 16 a las 4 de la mañana cuando dormían
Agustín y el militar polaco en un paraje de Los Arroyos, distante a 7 leguas de
la costa, según el informe rendido al día siguiente por Felipe. De ahí en
adelante serían prisioneros hasta que Beneski es liberado en Padilla e Iturbide
es encerrado a la espera de ser ejecutado por traidor por orden del Congreso
nacional.
LOS MOTIVOS DE LA
REPATRIACIÓN
El Segundo Congreso Constituyente lo había juzgado y
sentenciado a muerte el 28 de abril de 1824, acusándolo de traición en caso de
ser detenido bajo cualquier título en algún punto del territorio nacional.
Cuando Iturbide sale al exilio a Europa, el ministro
Lucas Alamán ordena ser vigilarlo por el cura Marchena y al recibir paranoicos
informes de que había salido de Italia rumbo a Inglaterra se temió su retorno
por lo que se le suspende parte de la pensión autorizada.
El gobierno monárquico de Iturbide no funcionó a
plenitud, en realidad estuvo envuelto por las intrigas de los diputados del
primer Congreso, quienes no aprobaron ningún articulado para las reformas y
reorganización hacendaria, institucional o de la milicia que se requerían,
además de padecer la intervención de diplomáticos norteamericanos, que en suma
tenían al país al borde de una nueva guerra civil.
Agustín había confirmado en Londres las amenazas de la
Santa Liga de enviar fuerzas expedicionarias para apoyar a España y recuperar
las colonias independizadas en América. Temiendo una nueva invasión a México
surge en Agustín la necesidad de volver a México y colaborar en su defensa.
Pero la posible buena voluntad de Iturbide se tomó de
manera distinta por el Congreso azteca, el que vio como una fuente de agresión
los movimientos del exmonarca, en momentos en que los estados de Veracruz,
Yucatán y Oaxaca amenazaban con separarse del país.
Iturbide no tenía
interés alguno en recuperar la corona que tantas desgracias le había deparado,
escribe Silvia Martínez del Campo en su obra El proceso contra Agustín de
Iturbide en su versión digital
http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/6/2918/14.pdf
HORA DE PARTIR
El destino alcanza a Iturbide a las 6 de la tarde de ese
19 de julio de 1824. Terminaba la sesión de repaso de su vida y la realidad le
recordaba la cita con el peldaño final existencial. Él mismo recuerda a los
carceleros el compromiso con la muerte. Es conducido a un costado de la casa
misma donde los diputados tamaulipecos le niegan cualquier recurso por no ser
interpretativa la ley que lo condena.
Sale al patio de ejecución y les dice a los del pelotón
a ver muchachos, daré al mundo la última vista. El presidente del Congreso
que le confirma la sentencia, Antonio Gutiérrez de Lara es sacerdote y como un
otro yo le administra los santos óleos, en ausencia de su confesor José
Treviño que se había quedado en el barco, al igual que Ana María a muchos
kilómetros.
Antonio refiere: ocupó por último, el último palmo de
tierra que estaba reservada para sostener sus pies, sin que le temblara un solo
dedo. A los que van a fusilarlo les regala unas onzas de oro que cargaba y les
dice que muere con honor, no como traidor. No quedará a mis hijos y su
posteridad esta mancha; no soy traidor
Reza el credo y entrega su reloj y rosario a Antonio el
diputado confesor para que lo haga llegar a Ana María, a quien deja este
mensaje: -Cuando des a mis hijos el último adiós de su padre, les dirás que
muero buscando el bien de mí adorada patria
El señor Lara queda encargado de
poner en buenas manos, para que los recibas, mi reloj y mi rosario, única
herencia que constituye el recuerdo de tu infortunado Agustín-
En voz alta perdona a sus enemigos y recibió la muerte,
su sangre corrió, yo la vi, dice Gutiérrez citado por Martínez del Campo. De
los cuatro tiros enviados uno no atina, uno le pega en la frente, otro en el
pómulo derecho y el tercero en el tórax.
Su esposa Huarte se enteraría varios días después del
fusilamiento y aunque haría varios viajes a la capital mexicana para gestionar
la pensión, solo recibe ocho mil de los 25 mil pesos anuales, mismos que se
dejaraían de pagar en 1847.
Y del premio por libertar a la nación también fue negado,
nada del millón de pesos y de las 20 leguas cuadradas de tierras en Tejas.
En septiembre de 1824 la viuda abandona México en una
goleta tomada en Tampico rumbo a Nueva Orleáns para ir a Europa, al parecer por
los demás hijos para luego retornar a Estados Unidos, donde permanecería
recluida con dos de sus hijas en un convento de Filadelfia hasta su muerte en
1861.
EL TESTAMENTO. ¿Y
LOS PREMIOS?
Agustín había redactado su testamento en altamar a bordo
del Spring dos días antes de su atraco en costa tamaulipeca. En el calabozo
también agregaba en su escrito el destino de la pensión que se le había
asignado de 25 mil pesos anuales al abdicar al trono.
Igualmente debió recordar la recompensa que por orden del
primer gobierno provisional debió entregársele, consistente en un millón de
pesos y 20 leguas cuadradas de tierras
en el estado de Texas, como prima a su trabajo que llevó a consumar la independencia
nacional.
Al respecto, días atrás Iturbide había escrito en su
testamento que a su muerte deseaba ser enterrado sin pompa alguna, que los
hijos de Ana María Huarte y él son Agustín, Sabina, Juana, Josefa, Angel,
Jesús, Salvador y Felipe y estando actualmente mi Muger (sic) en cinta el hijo
que naciera será nuestro.
En el documento que se encuentra bajo resguardo del
Instituto de Investigaciones Históricas de la UAT, Iturbide reconoce deudas
personales y públicas contraídas cuando fue emperador y que es dueño de la
hacienda de Apeo en Marabatío Michoacán-.
De la recompensa para él, esto es lo que dice: Declaro
que habiendo el Gobierno provisional de Méjico después que hice su
independencia, concediome en premio un millón de pesos, y 20 leguas cuadradas
de tierra en Tejas, de lo que hasta ahora nada he persibido, quiero que mis
albaceas representen en este punto mis derechos, y hagan todas las gestiones
que crean convenientes para lograr el puntual cumplimiento de esta signación,
la que aplicarán al cuerpo de mis bienes.
De la transmisión de ellos Iturbide determinaba en su
voluntad; Del resto de todos mis bienes, derechos y acciones nombro e
instituyo por herederos, a mis ya mencionados hijos y al póstumo que hubiere de
nacer; para que por partes igual disfruten lo que haya de tocarles, con la
bendición de Dios y la mía.
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Escrito por nuestros escritores
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martes, 10 de julio de 2012 |
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Luis Carvajal y de
la Cueva
Mitos y leyendas
sobre el Nuevo Reino de León
Por: Federico
Zertuche
Como en cualquier otro lugar, en Monterrey se dicen y
reiteran hasta el cansancio durante varias generaciones una serie de
aseveraciones gratuitas que se tienen como hechos históricos ciertos de tanto
repetirse de boca en boca, cuando efectivamente no lo son, sino a lo mucho
leyendas, si hemos de atenernos justamente a la Historia.
Desde mi niñez hasta nuestros días, escucho afirmar que
la mayoría de los primeros pobladores de Monterrey, de quienes descendemos los
oriundos de estas tierras, eran judíos conversos aunque practicantes en la
intimidad, sefarditas cripto-judíos; y que de ahí derivan algunas costumbres,
hábitos y actitudes característicos, como el trabajo emprendedor y habilidad
empresarial, ser ahorrativos y no dispendiosos, el gusto por los panes llamados
semitas y el cabrito al pastor, y otras ocurrencias como aquella que el
apellido Sada es judío, cuando se trata de un antiguo linaje español con escudo
de armas, cristiano, afincado en la villa de Sos, del reino de Aragón, documentado
desde el siglo XII.
El caso de don Luis Carvajal y de la Cueva, primer
gobernador del Nuevo Reino de León, y de su familia colateral pues no tuvo
hijos-, es emblemático al respecto. De las tres fundaciones de Monterrey,
Carvajal fue responsable de la segunda: la de la villa de San Luis Rey de
Francia ocurrida en 1582, y que dicho sea de paso fue efímera, sin mayor
trascendencia, con más pena que gloria terminó despoblada en 1587 como el resto
del Nuevo Reino.
Efectivamente, Carvajal y varios miembros de su familia,
de origen sefardita, fueron juzgados, sentenciados y condenados por el Santo
Oficio de la Inquisición de la Nueva España, acusados de practicar el judaísmo,
algunos de sus parientes fueron quemados vivos en el auto de fe del 8 de
diciembre de 1596, mientras que el propio don Luis sólo fue sentenciado a
destierro de las Indias por tiempo y espacio de seis años precisos, muriendo
de enfermedad en la cárcel esperando su destierro, alrededor de octubre de 1590.
La especie difundida acerca de los judaizantes y el
origen sefardita de los primeros pobladores del Nuevo Reino de León, surge
efectivamente del hecho histórico de esa segunda fundación por Carvajal y de la
Cueva, pero como se ha dicho la provincia quedó completamente despoblada y los
Carvajales, es decir la familia colateral, la mayoría no llegó a vivir en
esta provincia, otros fueron quemados por la Inquisición, y los demás
desaparecieron completamente de la región para nunca más volver.
La leyenda proviene, más bien, de una manipulación
histórica iniciada por don Vicente Rivapalacio a raíz de la publicación en el
Libro Rojo de su artículo La familia Carvajal, además de referencias a la
judería en el Nuevo Reino de León en México a través de los Siglos, donde
dice que como consecuencia de las Capitulaciones para la conquista y
colonización, el monarca español concedió a Carvajal el derecho de conducir a
la provincia hasta cien pobladores que saldrían de España sin necesidad de
probar que eran cristianos viejos y no de linaje de judíos o moros recién
convertidos. Señala que éste sacó de España a muchas personas de su familia,
casi todos judaizantes, que observaban las leyes de Moisés y practicaban los
ritos y ceremonias de los judíos.
Luego, otros autores tomaron como ciertos esos datos,
aumentándolos y exagerándolos, hasta que en 1933 el historiador coahuilense
Vito Alessio Robles publicó un artículo sobre tales bases, en varios periódicos
titulado La judería en Monterrey, que más que todo semeja una idílica y
fantasiosa reconstrucción histórica sobre los orígenes sefarditas de Monterrey
como si tuviese consecuencias decisivas hasta el presente.
A efecto de despejar confusiones y malos entendidos, es
pertinente hacer un recuento histórico de los episodios protagonizados por don
Luis Carvajal y de la Cueva alrededor de y en el Nuevo Reino de León, del cual
fue su primer gobernador, y así poder verificar y calibrar el asunto y los
alcances de la llamada judería en esta provincia. Para ello me apoyaré en el
voluminoso, prolijo y excelentemente documentado libro del maestro don Eugenio
del Hoyo Historia del Nuevo Reino de León 1577-1723 (1), considerado por
historiadores profesionales como uno de los más profundos, sistemáticos,
exactos y veraces estudios en su género.
Don Luis Carvajal y de la Cueva nació en un pequeño
pueblo llamado Mogadouro de la provincia de Trás-os-Montes del reino de
Portugal, alrededor de 1539, siendo sus padres Gaspar de Carvajal y Catalina de
León. Y según propio testimonio en su proceso inquisitorial:
y allí se crió
yendo a la escuela hasta edad de ocho años, que fue con su padre a Sahagún a
ver al abad que era su deudo (1547) y también a Salamanca a servir a su padre
que estaba enfermo, y luego murió su padre en Benavente (1548) y el dicho
Duarte de León (su tío materno) que vino allí, lo llevó a Lisboa, de donde lo
envió, luego de tres meses allí, a Cabo Verde (1549), en cuya isla estuvo trece
años
y, a cabo de ellos (1562), vino a Lisboa, y de allí a Sevilla, donde se casó
(1564) con la dicha doña Guiomar de Rivera, su mujer, con quien vivió casado
como dos años y, habiéndose perdido en una contratación de trigo, vino a esta
Nueva España" (1567).
Permaneció dos Luis diez años en la Nueva España,
principalmente en Pánuco dedicado a la ganadería en una hacienda que compró.
Luego, con recomendaciones del virrey don Martín Enríquez a quien sirvió en
diversas encomiendas, parte a España donde luego de varios meses obtiene del
rey las Capitulaciones por las que es nombrado gobernador y capitán general del
Nuevo Reino de León por sus días y un heredero cual nombrase, el 31 de mayo de
1579.
Es importante destacar que el tío materno que lo recogió
luego de la muerte de su padre, lo educó y dio formación, Duarte de León, se
dedicaba a la trata de esclavos en Cabo Verde en la época en que Luis vivió
ahí sus años formativos; y otro tío, Francisco Jorge de Andrada, hizo lo propio
en Guinea, de tal manera que creció en este ambiente esclavista de su parientes
cercanos, oficio que luego él mismo practicaría en la Nueva España.
Relata Eugenio del Hoyo, y sustenta documentalmente su
dicho, que: Era don Luis hombre de fuertes pasiones, arrebatado y violento en
la ira y remiso en el perdón. En sus últimos años, tal vez frente al fracaso de
su empresa, padecía delirio de persecución y delirio de grandeza. Don Luis fue
un mitómano, que, (
) amplificaba en su imaginación todos los hechos, creaba
espejismos y agrandaba los títulos, exaltando su persona; de un simple criado
de su tío Duarte de León hacia un tesorero y contador del rey de Portugal, y
de un obscuro mercader de vinos, hizo surgir un almirante de las flotas del
rey de las Españas. (2)
Es interesante y hasta divertido la manera en que el
agudo y perspicaz historiador que es don Eugenio del Hoyo, contrasta múltiples
testimonios de Carvajal con documentos fehacientes de la época y pone en
evidencia multitud de mentiras, exageraciones, fanfarronadas, fantasías y
engaños que inventaba Carvajal ya por egocentrismo o para ocultar sus desmanes
y delitos.
Señala don Eugenio varias transacciones de esclavos
realizadas por don Luis durante y después de su primera estadía en la Nueva
España, tanto en Pánuco cuando fungía como alcalde ordinario de la villa de
Tampico cuando compró como esclavos numerosos prisioneros cuachichiles
(indígenas) que le vendió Juan Torres de Lagunas (1569). Luego en 1573, cuando
conoció a Diego de Montemayor (quien luego fuera tercer fundador de
Monterrey), en la minas de Mazapil, Carvajal hizo varios viajes ahí para vender
esclavos para trabajar en las minas, obtenidos por cacerías de indios nómadas
y hasta de un mercado encubierto con presencia de las autoridades, donde se
vendían en pública subasta.
Al respecto puntualiza del Hoyo: Siempre nos ha parecido
misterioso el casual encuentro de Carvajal y Montemayor en las minas de San
Gregorio (luego Cerralvo, N.L.), así como la facilidad con que Carvajal logró
convencer a Diego de Montemayor y a Alberto del Canto para que, traicionando al
gobierno de la Nueva Vizcaya a quien servían, se pasasen a sus filas y le entregasen
la jurisdicción. (3)
Aparte de estas correrías como esclavista, don Luis
desempeñó en la provincia de Pánuco varios cargos gubernamentales, como quedó
dicho fue alcalde de Tampico, también corregidor de Huajutla y de Tamaolipa,
capitán de la Huasteca y juez de comisión en Pánuco. Luego de lo cual pasó a la
ciudad de México a dar cuenta de sus comisiones al virrey, don Martín de
Enríquez, a quien envolvió con su natural labia, con su extraordinaria
facilidad de mentir y con su imaginación amplificadora, logró convencer al
virrey de sus muchos méritos y servicios, de su gran ascendiente sobre los
indios y, lo único cierto, de su conocimiento de la región situada al norte de
la Huasteca. Sólo así se explica la elogiosa recomendación que hace de él don
Martín Enríquez en las instrucciones que dejó a su sucesor el conde la Coruña
en 1580. (
) ¡Muy pronto el conde de la Coruña iba a convencerse de lo
inmerecido que era la recomendación del marqués de Villamanrique!(4)
En febrero de 1578 Carvajal se embarca en Veracruz rumbo
a España, pasó en Madrid diez meses tratando el negocio que le había llevado:
El 31 de mayo de 1579 firmó capitulaciones con la corona, como gobernador y
capitán general del Nuevo Reino de León. Salió de España (
) en una urca de su
propiedad, llamada Santa Catalina, en conserva de la flota del general
Francisco de Luján, en la que vino también el Conde de la Coruña. (5)
Aquí es oportuno aclarar que en el capítulo 9 de las
Capitulaciones con la corona se estipula que: Item, os obligais de llevar a
aquella provincia, a vuestra costa, hasta cien hombres, los sesenta de ellos,
labradores casados, con sus mujeres e hijos, y los demás soldados y oficiales
(artesanos) para la dicha población
Señala del Hoyo que Carvajal no cumplió
con los requisitos establecidos por la Casa de Contratación de Sevilla y eludió
las investigaciones sobre la limpieza de sangre de las personas que vinieron en
su urca, de las que casi la totalidad eran judíos de origen portugués, entre ellos
a muchos de sus parientes.
Y añade: Carvajal aprovechó las circunstancias para
lucrar: los supuestos colonos sólo fueron pasajeros que pagaron un alto precio
por el pasaje por ser de los prohibidos para pasar a las Indias. Hacemos esta
rotunda afirmación por constar en documentos fehacientes, que de las personas
que vinieron en la urca de Carvajal, fueron muy pocas las que pasaron al Nuevo
Reino y que ninguna pobló allí. Las más, después de una corta permanencia en
Pánuco, se fueron metiendo por la Nueva España. (6)
Así pues, la aseveración de Rivapalacio de que el monarca
español le dispensó a Carvajal cumplir los requisitos sobre limpieza de sangre
para los colonos que trajese es falsa. Asimismo, como ha quedado dicho, la
mayoría de la gente que reclutó (sefarditas portugueses) y trajo en su urca,
nunca llegó al Nuevo Reino para poblarlo y colonizarlo acorde a las
capitulaciones, sino que fueron traídos como simples pasajeros que pagaron
altas sumas por el traslado subrepticio a la Nueva España.
Adicionalmente, las Capitulaciones le comprometían a
pacificar a su costa a los pueblos indígenas de Tampasquín, Tomotela, Tamapache
y otros. En lugar de ello, Carvajal los redujo a esclavitud y los repartió
entre sus soldados como botín o paga, contraviniendo lo pactado y lo ordenado por
el virrey. Quebrando la palabra de paz dada a los indios, procedió de manera
cruel y odiosa: Apartó a los maridos de sus mujeres y a las mujeres de sus
maridos, sin conmoverse por el amargo llanto que la separación les causaba; y
aún más, quitó los hijos a las madres, oyendo impasible a unos y a otras llenar
con sus alaridos de dolor el campo (7)
En todo caso, su entrada al Nuevo Reino de León ya como
gobernador debió haber ocurrido a mediados de 1582, ya para entonces tenía como
subordinados a Alberto del Canto y a Diego de Montemayor quien se había ido a
esconder a las minas de San Gregorio (Cerralvo), huyendo de la justicia por
haber dado muerte a su mujer.
Desde entonces, hasta 1584, Carvajal simulaba hacer
fundaciones para dar cumplimiento a las Capitulaciones, así levantaba cuatro o
cinco casas de palos y palmas, a las que les ponía nombre de villa, hacía
nombramientos de justicia y regidores, estaba quince o veinte días en cada
sitio, lo desamparaba para luego ir a otro y hacer lo propio, cuando en
realidad lo que si se dedicaba era traficar con esclavos para incrementar su
fortuna.
Ya para entonces, la real Audiencia de México estaba
enterada de sus desmanes y hacia 1583 el fiscal había iniciado un proceso en su
contra por las crueldades en la guerra de Tamapache y, sobre todo, por
dedicarse al tráfico de esclavos faltando a las Capitulaciones y contraviniendo
la prohibición expresa del virrey. En realidad éstos fueron los principales
motivos del enjuiciamiento y caída en desgracia de Carvajal, no tanto la
cuestión judía que vino luego y fue superviniente.
En efecto, un incidente ocurrido con su sobrina, doña
Isabel Rodríguez de Andrada, fue la causa que originó el involucramiento del
Santo Oficio de la Inquisición, las investigaciones, el proceso inquisitorial y
el posterior auto de fe contra los parientes condenados.
Según ello, doña Guiomar de Rivera, esposa de Carvajal,
le había encargado encarecidamente a su sobrina Isabel, para que persuadiese a
su esposo de guardar la la ley vieja de Moisén, y que no se lo dijese sino
hasta después de haber llegado a las Indias, y le dijo que ella (doña Guiomar)
no osaba decirle nada de aquella porque temía que la matara, y que aguardase
oportunidad de desgracia, o suceso malo para decírselo, y que como ella (doña
Isabel) lo vio andar aflijido con necesidades y en desgracia del virrey, (
),
parecióle buena coyuntura; que a solas lo llamó una tarde, y lo metió en un
aposento, diciéndole
que le quería pedir una merced muy grande
y le fue
diciendo lo que le había dicho doña Guiomar
que al oírlo
él se alborotó
demasiado tirándose las barbas, y jurando a Dios que la matara allí luego y le
metiera una espada por el cuerpo, si no pensara quemarla en vivas llamas de
fuego
(
) se puso como un león de bravo, estaba hecho un moro de enojo, la
echó el dicho gobernador de allí con mucha furia, estaba hecho un demonio, que
él propio la había de matar con un bocado. (8)
Ese incidente fue la causa para que cinco años más tarde
don Luis y sus parientes fuesen procesados por la Inquisición, aunque es
importante destacar que ya para entonces Carvajal estaba en la mira de las
autoridades civiles por todos los atropellos y delitos por éste cometidos
contra las Capitulaciones, las leyes y contravenciones a las recomendaciones
virreinales, por eso se iniciaron los procesos civiles en su contra.
A fines de 1586 Carvajal fue a México llamado por el
virrey quien le señaló la ciudad por cárcel mientras se llevaba a cabo el
proceso. Mientras tanto, don Luis había dejado a su sobrino, Luis de Carvajal
el Mozo, como lugarteniente, pues se había dictado una suspensión contra Diego
de Montemayor. Luego que unos indios robaran un caballo en una ranchería,
Carvajal el Mozo procedió a castigarlos matando a algunos y esclavizando a
otros, lo que provocó un alzamiento de los indios de la comarca. Éste logró
escapar yéndose a México, y al poco tiempo se despoblaron la ciudad de León,
las villa de la Cueva y de San Luis, quedando el Nuevo Reino totalmente
despoblado hacia marzo de 1587.
Al enterarse por su sobrino de las malas noticias del
Nuevo Reino, Luis Carvajal abandonó secretamente la ciudad de México,
desobedeciendo las órdenes del virrey y salió en franca huída hacia su
gobernación. Una de las últimas tropelías de Carvajal consistió en haber
enviado a la villa de los Valles a Cristóbal de Heredia para vender ahí a cien
indios que había sacado de tierra adentro, y para que se apoderase en su nombre
de dicha villa que no estaba en su jurisdicción. Esta fue la gota de agua que
colmó la paciencia del virrey marqués de Villamanrique, quien ordenó su
persecución y arresto.
Hacia enero de 1589, Carvajal ya estaba preso en la
cárcel de la corte, permaneciendo ahí hasta abril, en que fue trasladado a las
cárceles secretas de la Inquisición, bajo el cargo de judaizante.
Dice el historiador don Eugenio del Hoyo que Las causas
de la caída de Carvajal resultan mucho muy claras. En primer lugar, su
constante desobediencia a las disposiciones que prohibían hacer esclavos a los
indios; segundo, el no haber cumplido, en diez años, con ninguno de los puntos
de sus Capitulaciones; tercero, la mañosa interpretación que dio a éstos
invadiendo, en forma violenta, jurisdicciones de los otros reinos; y, en último
término, su actitud de reto constante a la autoridad del virrey impidiéndole
llevar a cabo, en forma total, su política pacificadora y de libertad del
indio. Por otra parte, la empresa estaba completamente fracasada. El Nuevo
Reino quedó despoblado totalmente. (9)
Así pues, ha quedado despejado el asunto de la judería en
el Nuevo Reino de León, limitándose a lo descrito. Luego de estos sucesos,
desaparecieron por completo los muy pocos sefarditas que llegaron con Carvajal,
e incluso el Nuevo Reino de León quedó despoblado de cualquier alma hasta 1596,
cuando Diego de Montemayor, el antiguo lugarteniente de Carvajal, fundara la
ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, bautizada así en honor del
reciente virrey don Gaspar de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey.
Es de suponer, que luego de los dramáticos sucesos
ocurridos, tanto las autoridades virreinales como Diego de Montemayor se
cuidaron en extremo para evitar que se afincara en el Nuevo Reino de León nadie
sobre quien se pudiese tener la mínima sospecha de ser sefardita o converso.
Notas
bibliográficas
(1) del Hoyo,
Eugenio, Historia del Nuevo Reino de León 1577-1723, Fondo Editorial Nuevo
León, Tecnológico de Monterrey, Monterrey, N.L, 2005.
(2) del Hoyo, Eugenio, Ibidem, pág. 104.
(3) Opus Cit., pág. 109.
(4) Opus Cit., pág. 110.
(5) Ibidem, pág. 111.
(6) Opus Cit., pág. 115.
(7) Ibidem, pág. 116.
(8) Opus Cit., págs. 121 y 122.
(9) Ibidem, pág. 133.
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Escrito por nuestros escritores
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sábado, 31 de marzo de 2012 |
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La Vita
Por: Federico Zertuche
Hace un
cuarto de siglo leí La Vida de Benvenuto Cellini (1500-1571), entretanto el
inexorable transcurso del tiempo ha obrado borrando, diluyendo y deteriorando
lentamente registros e impresiones almacenados en mi memoria sobre aquella
lectura; aun así todavía recuerdo a grandes rasgos algunos pasajes y anécdotas
como el Sacco de Roma, su estadía en la corte de Francisco I, otras venturas y
desventuras menos heroicas y más prosaicas.
Sin
embrago, lo que sí quedó grabado indeleblemente fue la sensación de placer,
enorme gusto y satisfacción que me dejara luego de terminar tan divertida,
entretenida, festiva y emocionante autobiografía del artista y aventurero
renacentista, quien desde entonces conquistara mi corazón e incondicional simpatía.
Años
después, al cruzar el Arno por vez primera sobre el Ponte Vecchio en dirección
del Palazzo Vecchio, casi al llegar a la orilla sobre la vera derecha, me
encontré frente a un busto de Cellini montado en bello pedestal y columnata de
mármol blanco con una inscripción dedicatoria de los orfebres de Florencia a su
gran maestro y paisano. Me quedé encantado aquella mañana observando al Cellini
magistralmente recreado en bronce por Raffaello Romanelli, justo en tan
espléndido escenario, al tiempo que recordaba su Vida: Fue un hermoso
rencuentro.
Seguí el
trayecto obligado rumbo a la Loggia dei Lanzi, para toparme otra vez con mi
personaje, en esta ocasión con su obra maestra: el magnífico héroe desnudo,
dramático y broncíneo Perseo con la cabeza de Medusa alzada por su mano
izquierda mientras la otra empuña la espada asesina; bajo sus pies alados
calzados por leves sandalias, yace el cadáver decapitado y sangrante de su
gorgónea víctima. Ahí también, el escenario no podía ser más majestuoso: la
hermosísima Piazza della Signoria que sirve de marco al imponente Palazzo
Vecchio, a cuyo costado se erige la magnífica estatua ecuestre del duque Cosimo
I de Medici y al otro la Loggia cuyas arcadas cobijan al Perseo junto a otras
venerables esculturas.
Luego de
todo ello, era pues, literalmente imposible no caer rendido y postrarme ante
Benvenuto Cellini: lo contrario hubiese sido pecado de soberbia y necia
arrogancia. No he vuelto a leer La Vita, aunque se me antoja mucho, no
obstante, puedo dedicar este artículo y evocarle de esta manera. Así pues, ocupémonos
un poco de este peculiar orfebre, escultor, escritor, artillero, artista y
aventurero florentino.
La Vita
de Cellini es una autobiografía llena de excesos, vanidad, arrogancia,
fanfarronería, autobombo y mil cosas más por el estilo, pero también rica en
aventuras, peripecias, sabiduría y arte, plena de vitalidad y arrojo, gracia y
humor, talento y creatividad, valentía y lealtad, es decir, contradictoria y
plural como la vida misma. Al respecto dice Ernst Gombbrich en su clásica obra
La historia del arte: Fue jactancioso, pendenciero, y lleno de vanidad, pero
no podemos tomárselo a mal, porque narra la historia de sus aventuras y hazañas
con tanto ingenio que se diría, al leerlas, que se trata de una novela de
Dumas.
A
Cellini le tocó vivir en pleno Renacimiento, en ciudades tales como Florencia,
Siena, Mantua, Roma, y París, durante una época de grandes sucesos políticos,
militares, culturales y artísticos en la que se rodeó o estuvo a la sombra y
protección de personajes como Miguel Ángel, Cosimo I de Medici, el papa
Clemente VII, el duque de Mantua o el rey de Francia Francisco I, entre algunos
otros. Aparte fue viajero incansable lo que le permitió conocer buena parte de
Europa y forjarse como hombre de mundo.
Benvenuto
se vio envuelto en varios homicidios por los que tuvo que purgar cárcel de la
que incluso logró escaparse, también en múltiples aventuras sexuales y amorosas
con jóvenes de ambos sexos, en guerras y batallas memorables, intrigas
palaciegas y papales, envidias y rencores, pleitos y lances de espada, todo lo
cual registra amena y elegantemente en su Vita, pues también tenía talento
literario.
Intervino
decisivamente durante el Sacco (saqueo) de Roma por las fuerzas imperiales de
Carlos V de Alemania y I de España, al mando del condestable Borbón, durante el
cual el papa Clemente VII se tuvo que refugiar en el Castel Sant'Angelo, donde
Cellini comandó la artillería en defensa del Pontífice, y según sus memorias
(La Vita) un disparo suyo de cañón fue el que hirió mortalmente al duque de
Borbón aquella memorable jornada del 5 de mayo de 1527.
Por
cierto, Clemente VII fue durante décadas señor, protector y mecenas de Cellini,
no sólo por su alta condición cardenalicia primero y luego papal, sino sobre
todo por haber sido un Medici, de nombre Julio, hijo natural de Juliano de
Medici hermano de Lorenzo el Magnífico. Juliano fue asesinado junto a otros
personajes en la Catedral de Florencia durante la aparatosa y cruenta Conjura
de los Piazzi. Así pues, el papa era señor natural y viejo conocido de Cellini,
quien a su vez, fue súbdito y fiel vasallo de aquel y de su ilustrísima
familia.
Al final
de su vida lo intentaron envenenar, pese a ello logró sobrevivir no sin
constantes y molestos desórdenes digestivos. Diversas envidias de artistas rivales,
acusaciones de sodomía, prisiones y problemas legales amargaron sus últimos
años, frente a todo ello escribió La Vita, como una revancha moral contra sus
detractores. Uno de los libros que merecen la pena leerlos, según Oscar
Wilde.
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Escrito por nuestros escritores
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jueves, 29 de marzo de 2012 |
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El primer mexicano
Por: Federico
Zertuche
Al profesor don Francisco Luis de Yturbe, en
agradecimiento por sus noticias sobre Martín Cortés que estimularon el presente
artículo.
La nación mexicana como tal empezó lentamente a gestarse
y consolidarse a la par del proceso de mestizaje entre indígenas y españoles;
México devino país fundamentalmente mestizo, no sólo racial sino culturalmente,
de tal manera tengo para mí que, simbólica y paradigmáticamente, el primer
mexicano haya sido justamente don Martín Cortés, el hijo del conquistador don
Hernán y de doña Marina, la Malinche o Malintzin.
Naturalmente, dicho proceso de mestizaje se decantó a la
par de la conformación de una unidad geográfica, jurídica y política a la que
se agregaron otros rasgos de cohesión social, religiosa y cultural que con los
años moldearan la entidad sociológica conocida como nación mexicana que con la
Independencia adquiriera categoría jurídica-política de Estado nacional
moderno.
Creo que en este tercer milenio d.C.- es oportuno,
pertinente y hasta justo recordar, tanto en México como en España, al primer
Martín Cortés, pues como sabemos, hubo un segundo hijo Martín, éste legítimo,
nacido en Cuernavaca en 1532 de la segunda esposa de Hernán Cortés, doña Juana
de Zúñiga, sucesor y futuro marqués del Valle de Oaxaca. El historiador don
José Luis Martínez, llama al primero el Viejo y al segundo Martín a secas para
distinguirlos. El padre del conquistador se llamaba Martín (Cortés de Monroy),
en cuyo honor y recuerdo nombrara así a sus hijos.
De acuerdo a Clavijero, doña Marina era una joven noble,
piritosa y de buen entendimiento nombrada Tenepal, natural de Painalla, pueblo
de la provincia de Coatzacualco. (1) Al fallecer su padre, la madre contrae
segundas nupcias con otro noble con quien tuvo un hijo a quien dieron
predilección y para no perjudicar su herencia, se deshicieron de su hija
dándola por muerta públicamente y entregándola a unos comerciantes de Tabasco,
quienes la vendieron a los tabascos y éstos, a su vez, la dieron a Cortés junto
con otras esclavas como tributo. Fue bautizada junto con las otras y tomó el
nombre de Marina. Los mexicas, acomodando el nombre la llamaron Malintzin y los
españoles, por corrupción, Malinche.
Martín el Viejo, nace en Coyoacán a principios de 1523,
muy poco después del arribo a dicho pueblo de doña Catalina Xuárez, primera
esposa de Hernán Cortés, quien al parecer era presa de celos por el amor que
Cortés profesaba por Martín, reprochándole la bastardía y el mestizaje de su
hijo varón que ella no pudo darle. Hay quien sostiene que en uno de esos
trances de celos y reproches Cortés la estranguló en un momento de exasperación,
como comenta José Luis Martínez. (2)
Al año siguiente (1524), Cortés se lleva a doña Marina a
la expedición de las Hibueras como lengua, y apenas iniciado el viaje, cerca
de Orizaba, decide casarla con Juan de Jaramillo, con quien doña Marina tuvo
una hija, llamada María. El conquistador les da por dote los pueblos de Olutla
y Jáltipan, y además poseían una casa en la ciudad de México en la calle de las
Medinas, según relata Martínez (3). Malintzin muere aún joven en 1527.
Cortés tomó a su cargo la educación de Martín, y en 1529
parte con él a España. El 16 de abril de ese mismo año el papa Clemente VII
envió a Cortés dos bulas -luego de recibir de éste un rico presente de piedras
ricas y joyas de oro, y dos indios maestros de jugar el palo con los pies (4)
-, por la primera de ellas el papa legitima a tres de los hijos bastardos de
Hernán: a Martín, a Luis de Altamirano, el hijo que tuvo con la española
Antonia o Elvira Hermosillo, y a Catalina Pizarro, hija de Leonor Pizarro.
La segunda bula concede a Cortés el patronato del
Hospital de Jesús, que el conquistador edificaba en la ciudad de México y al
que le otorgó especial cuidado y esmero, aún en pie hoy en día, y asimismo, le
autorizaba para recibir diezmos y primicias de las tierras que le pertenecían
(a lo que la Corona se opuso y prohibiera a Cortés el uso de dicha exención).
Poco después el propio Carlos V concede legitimidad a
Martín, y en 1531 el Emperador hace Merced del Hábito de Santiago a padre e
hijo. Ese mismo año don Martín es nombrado paje del futuro Felipe II, con quien
al parecer siempre mantuvo buena relación. Más tarde Felipe II lo haría su
Gentilhombre. Don Martín recibió esmerada educación humanística y militar en la
Corte.
En 1541 se alista junto con su padre para la expedición
de Argel, siendo el primero en saltar al agua en el desembarco y comenzando a
pelear teniendo el agua por las rodillas, como resultado de su acción aislada,
antes de que estuviera preparada la artillería, lo siguió el resto de la
tripulación de la barcaza de desembarco, y así se pudo montar con rapidez una
cabeza de playa. Como resultado de su intrépida acción ahí mismo el Emperador
lo nombró Comendador ad Vacum (en espera de que hubiese una encomienda
libre).
Sobre la malograda expedición de Argel quisiera
transcribir algunos pasajes de las memorias del propio emperador Carlos V: La
flota de España acudió a su hora, y cuando, tras algunas escaramuzas, las
tropas habían conseguido ya situarse en un lugar adecuado para asaltar la
ciudad de Argel y se encontraban en orden de batalla, con todo lo necesario
para iniciar el fuego de sus baterías, se levantó súbitamente tal tempestad en
el mar que un gran número de navíos zozobraron y el ejército, que se encontraba
ya en tierra, sufrió también grandes daños.
No obstante, -prosigue el relato imperial-, todos se
ayudaron mutuamente y se restableció lo mejor posible el orden, para resistir
tanto al furor del mar como a las incursiones y los ataques, por tierra, de los
enemigos. Pero la tormenta alcanzó tal magnitud que el emperador juzgó lo más
prudente desistir de la expedición y hacerse de nuevo a la mar. Aunque esta
decisión no pudo llevarse a efecto inmediatamente, ya que la tempestad no había
aún cesado. El emperador se vio, pues, obligado a cubrir por tierra veinte
millas, franqueando dos grandes ríos antes de llegar a cabo Matifou, donde pudo
reembarcar. (5)
En 1547 figura ya como Alférez en la batalla de Mühlberg,
librada el 20 de abril contra los príncipes protestantes (luteranos),
coaligados por la Liga de Esmalcalda, en la que sale victorioso Carlos V.
A decir de Fernand Braudel, esa gran batalla fijó de
golpe el destino de Alemania y de Europa, y, por consecuencia, el del
Mediterráneo. Fue, para el emperador un gran triunfo, mayor incluso que el de
Pavía. Alemania pasaba a ser suya, mientras que, hasta ahora, Carlos V casi
nunca había contado con el apoyo regular del mundo alemán. (6)
¿Qué dio, exactamente, al emperador aquella victoria del
24 de abril de 1547, entre las nieblas del Elba? Ante todo, un indiscutible
éxito de prestigio; tan inesperada fue y tan rápida, que sorprendió al mismo
vencedor. Y no porque la guerra estuviese, ni mucho menos, admirablemente
preparada y dirigida. [...] Pero los protestantes, divididos entre ellos y
desconcertados en el primer momento por la traición de Mauricio de Sajonia,
dejaron en manos del enemigo a sus jefes y a millares de hombres. Su retirada
condujo al desastre. Carlos V viose libre de pronto, de lo que desde hacía quince
años era su mayor tormento: la Liga de Esmalcalda, la coalición de los
príncipes de la Alemania Protestante, rebelde a Roma y hostil a la voluntad del
emperador. (7)
Participa en la batalla de San Quintín, donde parece que
se cubrió de gloria puesto que Felipe II lo asciende a Trece de la Orden de
Santiago (uno de los más altos cargos de la Orden). Sobre esa batalla relata
Braudel lo siguiente: Sabido es cómo Coligny se deslizó subrepticiamente en la
plaza, al día siguiente de su cerco por los españoles. El ejército que, al
mando del condestable, se presenta delante de la ciudad para levantar el
bloqueo, es dispersado por el grueso del enemigo, el 10 de agosto, a lo largo
del Somma. Sobreviene una gran matanza y los españoles hacen una enorme masa de
prisioneros, entre los que figura el propio condestable. Felipe II, en la
retaguardia de sus tropas, recibe de hora en hora las noticias de la victoria.
(8)
En 1565 ya es capitán y acude en auxilio de Malta
asediada por los turcos. Gracias a esta acción, dirigida personalmente por el
propio Felipe II, quien nombrara a García de Toledo como general de la mar, se
pudo abortar exitosamente un plan largamente añorado y planeado por Solimán el
Magnífico para apoderarse de la isla y de ahí dominar el sur de Italia y amenazar
directamente al Papa.
En efecto, el 20 de marzo de 1565 la mayor escuadra que
surcara el Mediterráneo en aquellos tiempos doscientas naves, casi todas
galeras y cincuenta mil soldados para el desembarco- se disponían conquistar
Malta. El capitán de la mar García de Toledo había coordinado perfectamente
todos los recursos y ayudas de la defensa, y la sorpresa turca falló por
completo. Cuando la escuadra española, que había incorporado naves aliadas, se
acercó a la isla, el jefe de los turcos ordenó inmediatamente la retirada sobre
la isla de Chipre. Se socorrió a los caballeros de Malta y el Mediterráneo
occidental quedó libre de las grandes incursiones enemigas.
Al dejar Malta Martín era ya Capitán de Mar y Guerra.
Había pasado a las órdenes de don Luis de Requeséns, Almirante de la Flota del
Mediterráneo. Parece que ahí había intimado con don Juan de Austria,
probablemente su doble condición de bastardos debió unirlos.
En 1566, a las órdenes del duque de Alba, va con el
ejército por el Camino de los Españoles, en Lombardía, donde tuvo que rechazar
un ataque de Hugonotes precipitado por Enrique II de Francia.
En 1568 regresa a la Nueva España, viéndose
involuntariamente envuelto junto a su medio hermano el II marqués y tocayo, en
una real o supuesta conspiración para alzarse con la tierra, y por cuya
denuncia fueron apresados por orden de la Audiencia que gobernaba tras la
muerte del virrey don Luis de Velasco. Se cuenta que don Martín fue torturado
por órdenes de la Real Audiencia y que al no obtener confesión lo desterró a
perpetuidad de la Nueva España junto con su medio hermano. Cabe mencionar que
aunque la Audiencia no tenía facultades para torturar, así lo hizo, sometiendo
a Martín al potro y a tragar un cuartillo de agua conforme iba estirándose
dicho instrumento. Cuando quitaron el camisón a Martín notaron varias
cicatrices de heridas y al ser preguntado por la causa de las mismas don Martín
se limitó a contestar que habían sido inflingidas al servicio de su Majestad.
De regreso a España se reincorporó a su vida militar.
Ambos hermanos fueron recibidos en audiencia por Felipe II quien mostró claras
diferencias en el trato a favor de don Martín (El Viejo). Para estas fechas
éste ya ostenta el grado de Cabo de Tercio (segundo en el mando de un Tercio,
regimiento de infantería que agrupaba a 3,000 soldados divididos en tres armas
diferentes: pica, arcabuz y espada). Luego fue a Flandes comisionado por don
Juan de Austria con el objeto de reclutar y mandar a quinientos hombres entre
soldados veteranos y oficiales bien bragados para enfrentar una sublevación de
moriscos en Granada.
En Granada en diciembre de 1569 a escasos diez días de
haber llegado para luchar al lado de don Juan de Austria, parte a una incursión
cerca de aquella ciudad y justo en un desfiladero que se iba haciendo cada vez
más estrecho, cayó mal herido por disparos de artillería pequeña al proteger la
retirada de sus hombres que habían caído en una emboscada morisca. Sus
veteranos, tras obedecer la retirada escalonada que ordenó y al ver que aquel
estaba tendido, hicieron una carga descubierta para recoger el cuerpo herido.
Falleció dos días más tarde en Granada. Tras su muerte Felipe II otorgó a su
viuda, doña Bernardina de Porres, perteneciente a la nobleza media de Rioja,
una pensión de 400 ducados.
Tal es en apretada síntesis un recuento de la vida de
nuestro Martín Cortés, que ventilo públicamente no solo para difundir y honrar
su genio y figura, sino fundamentalmente para estimular un merecido, acucioso y
profundo estudio sobre este singular personaje que considero el primer
mexicano, quien ha recibido poco interés en ambos lados geográficos que
comparten una historia común: México y España.
Vale.
Notas
bibliográficas
1 Clavijero, Francisco Javier, Historia Antigua de
México, Editorial Porrúa, México 1958. Tomo III, capítulo 5, pág. 18.
2 Martínez, José Luis, Hernán Cortés, UNAM-FCE, México
1990, página 406.
3 Ibídem, página 167.
4 Martínez, Opus cit., pág. 515.
5 Carlos V, Memorias, transcritas por Salvador de
Madariaga en su obra Carlos V, Ediciones Grijalbo, Barcelona 1981, páginas 193
y 194.
6 Braudel, Fernand, El Mediterráneo y el mundo
mediterráneo en la época de Felipe II, Fondo de Cultura Económica, México 1976,
Tomo Segundo página 348.
7 Braudel, Fernand, Opus Cit., página 350.
8 Ibídem, pág. 391.
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Escrito por nuestros escritores
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sábado, 24 de marzo de 2012 |
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Escatología,
apocalipsis y milenarismo
-Una perspectiva
historiográfica-
Por: Federico
Zertuche
A lo largo y ancho de la geografía y de la historia las
sociedades humanas, desde las más primitivas hasta las postmodernas, se ha
imaginado la existencia, ya en el pasado o en un futuro ideales, de épocas
felices o catastróficas como referencias fundamentales para ordenar el tiempo;
incluso se ha dividido la manera de concebir su devenir en sucesiones de
estadios acorde a un orden decreciente (edades de oro, plata y bronce), para
explicar metafóricamente una primigenia edad paradisíaca que va en decadencia
conforme transcurre la historia.
En otras concepciones del tiempo el orden es inverso:
apunta a la realización de una promesa a cumplirse en el futuro o en el fin de
los tiempos, por ejemplo en el cristianismo el regreso glorioso de Jesucristo
(la Parusía) a fin de instaurar por siempre el reino de Dios, luego de la
resurrección de los muertos y del juicio final.
Así, unas sitúan a las edades míticas felices, perfectas,
paraísos perdidos, (o en su caso, edades que padecieron cataclismos cósmicos:
terremotos, incendios, epidemias, diluvios, etc.), en el origen de la sociedad
o en un pasado remoto; otras, en cambio, las ubican en un futuro o en el fin de
los tiempos, más allá de la historia. Aquellas propenden a establecer
representaciones cíclicas del tiempo mientras las segundas conciben un orden
lineal. Las primeras vislumbran un eterno retorno y éstas una escatología:
doctrina de los fines últimos, cuerpo de creencias relativas al destino último
del hombre y del universo.
Como señala el historiador medievalista Jacques Le Goff:
La descripción y la doctrina de estas edades míticas se encuentran ante todo
en los mitos, luego en los textos religiosos y filosóficos a menudo vecinos de
los mismos mitos, finalmente en los textos literarios que, a través de la
antigüedad, nos han transmitido los mitos que de otro modo hubieran sido mal
conocidos o desconocidos.[1]
En efecto, es a través de los mitos, tanto sobre el
origen como el fin de la humanidad, como se conciben tales edades y las
representaciones del tiempo que luego pueden revestir un carácter religioso o
incluso filosófico. Para los fines de este trabajo, doy al término mito el
sentido que le confiere Mircea Eliade cuando dirige sus investigaciones en
primer lugar, hacia las sociedades en que el mito tiene o ha tenido hasta estos
últimos tiempos vida, en el sentido de proporcionar modelos a la conducta
humana y conferir por eso mismo significación y valor a la existencia.[2]
In illo tempore
El mito agrega Eliade- cuenta una historia sagrada;
relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo
fabuloso de los comienzos. Dicho de otro modo: el mito cuenta cómo, gracias a
las hazañas de los seres sobrenaturales, una realidad ha venido a la
existencia, sea ésta la realidad total, el Cosmos, o solamente un fragmento
como, por ejemplo, una isla, una especie vegetal, un comportamiento humano, una
institución. Es, pues, siempre el relato de una creación; se narra cómo algo
ha sido producido, ha comenzado a ser. [...] Los personajes de los mitos son
seres sobrenaturales. [...] En suma, los mitos describen las diversas, y a
veces dramáticas, irrupciones de lo sagrado (o de lo sobre-natural) en el
mundo. Es esta irrupción de lo sagrado la que fundamenta realmente el mundo y
la que le hace tal como es hoy día. Más aún: el hombre es lo que es hoy, un ser
mortal, sexuado y cultural, a consecuencia de las intervenciones de los seres
sobrenaturales [...]
En suma, los mitos revelan que el mundo, el hombre y la
vida tienen un origen y una historia sobrenatural, y que esta historia es
significativa, preciosa y ejemplar.[3]
Como hemos señalado, hay fundamentalmente dos
orientaciones míticas respecto al ordenamiento del tiempo: en los orígenes, ya
sea la creación del universo o su destrucción acaecida por algún cataclismo
cósmico y prefigurada de nueva cuenta (de manera cíclica) en un futuro, como la
cosmogonía azteca de los cinco soles, que concibe cinco edades destruidas por
distintos cataclismos. La otra, situada al final de los tiempos y de la
historia cuando un salvador vendrá a juzgar y redimir al género humano, como
proponen la escatología, el milenarismo y el mesianismo judeo-cristiano.
Las primeras concepciones proponen un mito del eterno
retorno y, en definitiva, la eternidad del mundo, dado que a toda destrucción
sucede una re-creación y así por siempre. Mientras que en las visiones
escatológicas prima una concepción lineal del tiempo y de la historia que
concluye justamente con los acontecimientos prefigurados mitológicamente, por
ejemplo, el Apocalipsis de Juan.
En tanto que las visiones de la creación y destrucción
cíclica del mundo y en la perfección de los comienzos, presuponen edades de una
infinita creación, degradación o decadencia, destrucción y recreación del
universo -el eterno retorno-, por su parte, la concepción apocalíptica
judeo-cristiana supone una innovación capital: el fin del mundo será único, así
como su cosmogonía. Luego de la Parusía, del juicio final y del fin de la
historia, se instaurará el reino de Dios que ya no tendrá fin, será eterno, y
los acontecimientos irreversibles.
No se trata ya de una regeneración cósmica, como en los
ciclos que prefiguran el tiempo circular, sino que la humanidad entera, luego
de la resurrección de los muertos, se verá ante un Juicio Final que implica una
selección en que serán salvados sólo los elegidos, los buenos, los que han sido
fieles al reino celeste. Ocurridos estos sucesos, se instaura eternamente el
reino de Dios, no habrá retorno.
Eliade destaca que Otra diferencia con las religiones
cósmicas: para el judeocristianismo, el fin del mundo forma parte del misterio
mesiánico. Para los judíos, la llegada del Mesías anunciará el fin del mundo y
la restauración del paraíso. Para los cristianos, el fin del mundo procederá a
la segunda venida de Cristo y al Juicio final. Por tanto para los unos como
para los otros el triunfo de la historia sagrada manifestado por el fin del
mundo implica en cierto modo la restauración del paraíso.[4]
Un elemento esencial en la escatología cristiana es la
aparición del Anticristo en la época que precede inmediatamente al fin, durante
el Milenio en que reinarán los santos y los mártires resucitados- y que aquel
usurpará como falso Mesías, subvirtiendo los valores sociales, morales y
religiosos hasta el regreso de Cristo (la Parusía) quien en combate cósmico en
que ocurrirán toda suerte de catástrofes, plagas, lluvia de fuego, diluvios,
terror histórico, triunfará sobre el Anticristo y reinstaurará su reino.
El milenarismo es un movimiento recurrente en la historia
de la cristiandad, surgió con los primeros cristianos, condenado después por la
Iglesia una vez reconocida oficialmente por el Imperio romano, resurgido a
partir del silgo XI luego de la irrupción del Islam en el Mediterráneo,
enderezado más tarde contra la misma Iglesia o su jerarquía, siempre ha tenido
ocasión para resurgir con ímpetu y fuerza.
Sus inspiradores y seguidores esperan y proclaman el fin
inminente del mundo y la restauración del paraíso sobre la tierra luego de un
período de prueba con la aparición del Anticristo y de terribles catástrofes.
Eliade señala: Durante siglos, encontramos, en
diferentes repeticiones, la misma idea religiosa: este mundo concreto el mundo
de la Historia- es injusto, abominable, demoníaco; felizmente, está ya
descomponiéndose, las catástrofes han comenzado, este viejo mundo se
resquebraja por todos lados; en muy breve plazo será destruido, las fuerzas de
las tinieblas serán vencidas definitivamente y los buenos triunfarán, el
paraíso será recobrado[5]
Luego de siglos esta tensión escatológica ha disminuido
notablemente en las grandes iglesias cristianas que ya se ocupan poco o nada de
ella. Quizá sobrevive en algunas sectas. Donde curiosamente apareció en el
siglo XX fue en el seno de dos movimientos políticos totalitarios: el nazismo y
el comunismo. Al respecto, Norman Cohn, a quien cita Eliade, escribe a
propósito del nacionalsocialismo y del marxismo-leninismo:
Mediante la jerga seudocientífica de que uno y otro se
sirven, se encuentra una visión de las cosas que recuerda especialmente las
lucubraciones a las que se entregaba la gente de la Edad Media. La lucha final,
decisiva, de los elegidos (ya sean arios o proletarios) contra las huestes
del demonio (judíos o burgueses); la alegría de dominar al mundo, o la de vivir
en la igualdad absoluta, o las dos a la vez, concedida, según un decreto de la
Providencia, a los elegidos, que encontrarán así una compensación a todos sus
sufrimientos; el cumplimiento de los últimos designios de la historia de un
universo al fin desprovisto del mal, he aquí alguna quimeras que todavía hoy
nos acarician.[6]
Es notable constatar que en algunos milenarismos
políticos del Tercer Mundo, a pesar de estar atraídos por valores occidentales
y desear apropiarse tanto de la religión y la educación de los blancos como de
sus riquezas y de sus armas, sus simpatizantes son antioccidentales, sus
líderes fuertes personalidades de tipo profético, y aunque el carácter de esos
movimientos sea político, social y económico, poseen un componente religioso.
El discurso utópico de Marcos tiene tintes milenaristas, y no es casual la
influencia de la Teología de la Liberación (también milenarista) en las bases
indígenas del EZLN.
Pero volvamos a la historia de las escatologías
judeocristianas. Le Goff señala que A diferencia de las religiones que le
rodeaban, simplemente basadas sobre los mitos y los ritos, el judaísmo confiere
un sentido al tiempo y a la historia, que Dios conduce hacia un fin. La
religión judía es la religión de la espera y de la esperanza, vale decir, de la
esencia misma de la escatología.[7]
La aparición de Jesús en la Tierra, como el Mesías
anunciado por los profetas en el Antiguo Testamento, pone en estado de
ambigüedad y de excitación a la escatología judaica. La irrupción de Cristo
como inicio del cumplimiento de la promesa, y su muerte como inicio del reino
de Dios, marca la separación de las escatologías judía y cristiana. El judaísmo
sigue en espera del Mesías que no reconoce en Cristo, y de la realización de la
promesa. En tanto que el cristianismo profesa que por medio de Jesús la
escatología ha ingresado en la historia y ha comenzado a realizarse.
Apocalipsis
En griego antiguo Apocalipsis significa revelación. La
Iglesia ha decretado canónico y colocado al final del Nuevo Testamento el
Apocalipsis de Juan, compuesto a finales del primer siglo de la era cristiana.
Sin ningún género de duda San Juan retoma el tema y las imágenes de la
apocalíptica judaica, identificando al Mesías con Jesús e introduciendo a la
Iglesia del nuevo tiempo, esto es, a la católica.
En todo caso el Apocalipsis de Juan consta de: 1)
reproducción del cómputo escatológico del tiempo: la ciudad santa despreciada
durante 42 meses; los dos testimonios que profetizan bajo el saqueo a través de
1260 días; la mujer de huye en el desierto a través de 1260 días; 666 que es la
cifra de la Bestia y naturalmente el número 7 sagrado desde largo tiempo, con
los 7 ángeles que vierten las 7 copas de la cólera de Dios; 2) la maldición
por medio de Babilonia que está simbolizada por la Bestia y que el pueblo de
Dios está invitado a abandonar- de todo poder temporal; 3) la división de la
escatología en dos tiempos, entre una primera resurrección aquella de los
santos y de los mártires que reinarán sobre la tierra a lo largo de 1000 años-
anterior a una segunda resurrección, el Milenio drama en el centro del cual
emerge el personaje del Anticristo-, y por la otra, indican la segunda y
definitiva resurrección seguida por el grandioso juicio final; 5) la
manipulación de las señales anunciadoras (cometas, terremotos, guerras,
carestías, epidemias) que de ahora en adelante serán observadas en un clima de
angustia y de pánico; 6) por fin, la abundancia y el virtuosismo de las
imágenes y de los símbolos que durante siglos han agitado la imaginación y
excitado el estro de los artistas.[8]
No quiero concluir este pequeño y ajustado trabajo sin
mencionar al monje cistercience Joaquín de Fiore que fundara la Orden florense
y muriera en 1202, por haber sido el primer teorizador de la escatología
cristiana y que tuviese enorme influencia en todos los movimientos milenaristas
a partir de entonces, incluyendo a los franciscanos desde los albores de su
Orden.
Luego aparecen otros movimientos milenaristas como el
impulsado en Florencia (1494-1498) por Savonarola. El encuentro de Quiliasmo
con la revolución, aspirando a la realización escatológica en el aquí y
ahora, politizándola a favor de los oprimidos, que habría de inspirar a Thomas
Münzer, sacerdote católico convertido a la Reforma, que se separó bien pronto
de Lutero, en quien vio la Bestia del Apocalipsis, y se convirtiera en uno de
los líderes de la gran sublevación de los campesinos alemanes en 1525,
mezclando la prédica del reino de Dios con las reivindicaciones agrarias. Fue
abatido y muerto por la implacable represión de la nobleza contra el movimiento
campesino.
Por último es pertinente mencionar al fraile Gerónimo de
Mendieta, autor de Historia Eclesiástica Indiana, que inspirado en Joaquín de
Fiore y en los espirituales (corriente franciscana influida por de Fiore),
pensaba que los frailes y los indios en México podrían crear el reino de los
puros fundado sobre un ascetismo riguroso y sobre el fervor místico. Los indios
eran una nación angélica con los cuales los frailes podían construir el reino
del Espíritu en el Nuevo Mundo, que debía ser el fin del mundo.
Mendieta llegó a México poco después de los doce
franciscanos que arribaron en 1524, llamados afectuosamente los Doce Apóstoles,
entre los que figuraban fray Martín de Valencia y fray Toribio de Benavente,
Motolinía; en el grupo de Mendieta llegó fray Bernardino de Sahagún. Los
primeros evangelizadores llegaron en 1523, tres franciscanos flamencos, uno de
ellos Peter van der Moere, mejor conocido por su nombre españolizado fray Pedro
de Gante.
Huelga indicar que ellos devinieron grandes protectores y
defensores de los indios, aparte de haber rescatado su historia y cultura a
través de notables obras etnohistóricas, e instituciones como el Colegio de
Santa Cruz de Tlatelolco, fundado en 1536 por fray Juan de Zumárraga y el
virrey don Antonio de Mendoza, confiado a los franciscanos para la educación
superior de los indios. No pocos frailes además de hablar varios idiomas
indígenas, fueron autores de diccionarios y gramáticas de esas lenguas.
Amén.
BIBLIOGRAFIA
[1] Le Goff, Jacques, El orden de la memoria El tiempo
como imaginario- Ediciones Paidós, Barcelona 1991, página 12.
[2] Eliade, Mircea, Aspectos del mito, Paidós Orientalia,
Barcelona 1988, página 14.
[3] Ibidem, páginas 16-17 y 27.
[4] Eliade, Mircea, Opus cit., páginas 63 y 64.
[5] Eliade, Mircea, Ibidem,, página 66.
[6] Cohn, Norman, Les fanatiques de lApocalypse, Paris,
1963.
[7] Le Goff, Jacques, Opus cit., página 62.
[8] Le Goff, Jacques, Opus Cit. Página 68.
FEDERICO ZERTUCHE GONZÁLEZ. Estudió derecho en la Escuela
Libre de Derecho de México, D.F., ha sido profesor de Historia de México en el
I.T.E.S.M.,campus Monterrey, N.L,, así como en la Universidad de Monterrey,
antigua Facultad de Derecho de las materias Teoría del Estado, Ideas Políticas
y Derecho Internacional Privado. También profesor de Literatura e Historia de
México en el Liceo Michoacano y en el Instituto Jefferson, en Morelia.
Funcionario de la S.R.E. en Asuntos Culturales. Miembro del Servicio Exterior
Mexicano de 1980 a 1992, sirviendo en las Embajadas de México en Ecuador,
Estados Unidos de América y en Colombia, donde se desempeñó como Agregado
Cultural y Primer Secretario para asuntos políticos. Es periodista cultural e
internacional, ha sido editor de la revista Bien Común, y colaborador en
diversos periódicos y revistas. Finalista al Premio Octavio Paz 1998.
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Escrito por nuestros escritores
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lunes, 12 de marzo de 2012 |
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El pífano
Por: Federico
Zertuche
Mientras mi primo Martín arrancaba una briosa melodía al
pífano, yo la sostenía con redobles de tambor avivando la marcha que
rítmicamente seguía la infantería al cruzar de largo el valle suavemente
ondulado por bajas colinas alfombradas de diminutos brotes verdes, a cuyos
costados se alzaban frondosos bosques de coníferas y encinas, al despuntar
aquella fresca y luminosa mañana de abril.
Así marchaba el Primer Batallón del Regimiento de
Fusileros a bayoneta calada, ceñidos por casacas azul de Prusia y tocados por
quepís de igual color los soldados lucían tensos y serios ante la batalla que
se avecinaba y a la que dirigían resueltamente el paso. La arenga del coronel
después del alba había producido el efecto deseado: ánimo y moral estaban
altos.
Entre tanto, un cuarto de legua adelante la caballería se
mantenía oculta en la espesura del bosque, en ambos flancos, a la espera del
momento oportuno para emprender la sorpresiva carga. Así mismo, en lontananza,
lográbamos divisar tres manchones rectangulares y compactos que en concierto se
movían hacia nosotros.
Cuando la proximidad del encuentro era casi inminente y
los infantes se aprestaban para los primeros disparos, Martín empezó a entonar
el tema melódico de la marcha Radetzky, mientras yo me apresuraba a seguirlo
con mi viejo tambor al tiempo que la tropa exclamaba con aprobación tres vivas
al Regimiento de Fusileros que la tenía como emblema.
Unos pies más adelante al escuchar la orden de alto, la
primera fila se hincó a una rodilla apuntando los fusiles y la segunda, de pie,
también dispuso sus rifles; luego del grito de ¡fuego! se dispararon al unísono
cuarenta descargas de los Sharp de un solo tiro, ipso facto ambas filas
marchaban rápidamente a retaguardia sustituyéndolas la segunda y tercera en el
mismo orden y posición para disparar a su vez, mientras las dos primeras
recargaban sus armas y así, sucesivamente.
El enemigo hizo lo propio dejando abatidos en la primer
descarga a cinco de los nuestros. No obstante los caídos y lo nutrido del fuego
recibido, nuestras filas se sucedían unas a otras para disparar por partida
doble enrareciendo el aire de humo gris impregnado de fuerte y penetrante olor
a pólvora quemada.
Después de más de una veintena de descargas de fusilería
se escucharon los primeros disparos de la artillería ligera apostada cerca
nuestra caballería oculta en los bosques; ésta al poco tiempo emprendió la
carga por ambos flancos para debilitar al enemigo por los costados.
Entre gritos de dolor, confusión y órdenes, las compañías
del batallón adverso se empezaron a dispersar y replegar, mientras los nuestros
continuaban disparando sus fusiles acorde al orden establecido. Al cabo de
media hora y de fuerte presión por la vanguardia y ambos flancos logramos
fracturar sus formaciones, debilitarlos francamente, y así iniciar la
carnicería cuerpo a cuerpo con bayoneta, sables y tiros de pistola a bocajarro.
Al mediodía aquellos verdes parajes se habían teñido de
púrpura y escarlata y tapizado de inertes cuerpos despojados de cuajo del
hálito que hacía poco vibraba con energía y vigor en sus pechos adolescentes.
El plácido paisaje había sido bruscamente trasmutado por la confusión y el
caos, el esperpento, la sangre y el vómito, cuerpos mutilados, fuego y humo, la
vida rota en mil fragmentos, inmóvil y trunca se exhibía a nuestra mirada.
Mi primo y yo, que permanecimos boca abajo durante casi
toda la batalla, a cierto resguardo en retaguardia como se nos había ordenado,
tardamos largo tiempo para incorporarnos cuando ya habían cesado los disparos.
Tales eran las atrocidades que por todos lados nos fustigaban sin clemencia que
temíamos pararnos.
Un oficial de caballería con sable ensangrentado en mano
se acercó a nosotros a trote lento deteniendo el corcel a pocos pasos, se apeó
y vino a vernos preguntando si nos encontrábamos bien. Fue así como nos
despabilamos al sentirnos arropados por uno de los nuestros cuyo amparo tanta
falta nos hacía en aquel paisaje de la multitud moribunda y yerta.
Luego el teniente de caballería nos ordenó seguirle y
entonar un aire en honor de los caídos, fue así como Martín empezó a soplar su
pífano del que salieron unos hermosos trinos a los que embelesado en un dos por
tres empecé acompañar con suaves toques de tambor y el alma al vuelo.
(Nota: El pífano, óleo sobre tela de Edouard Manet).
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Escrito por nuestros escritores
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lunes, 05 de marzo de 2012 |
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Colapso del
Segundo Imperio:
Relato sobre
mexicanos monárquicos
Por: Federico
Zertuche
El 10 de abril de 1864 una comisión integrada por
emperifollados mexicanos llegó al castillo de Miramar luego de viajar desde la
cercana Trieste a bordo de lujosas carrozas dispuestas por el archiduque
Fernando Maximiliano de Habsburgo, quienes tenían la encomienda de ofrecer
formalmente a éste la corona de una entelequia designada Imperio Mexicano.
Encabezada por don José Manuel Gutiérrez de Estrada y don
José Manuel Hidalgo y Esnaurrízar, la delegación nombrada en México por una
Asamblea de Notables integrada ex profeso, fue recibida por los ayudantes de
campo del archiduque quienes los hicieron subir por la escalinata de mármol,
entrar al gran vestíbulo, y desde ahí fueron conducidos a un salón cuyos
grandes ventanales ofrecían una espléndida vista al mar y a la costa adriática
en dirección a Venecia, donde se llevaría a cabo la ceremonia.
Como sabemos, en el siglo antepasado la formación de
grupos de notables fue un recurso manido por las naciones iberoamericanas. A
falta de instituciones y tradición democrática, las élites los integraban con
celebridades a fin de dirimir conflictos que no podían superarse mediante las
endebles reglas establecidas y la general desconfianza hacia quienes las
aplicaban.
Presidiendo al grupo, don José María Gutiérrez de Estrada
pronunció el discurso de ofrecimiento de la corona. Alguien que, como señala
Egon Caesar Conte Corti: Con seguridad ningún hombre ha tenido nunca en una
hora tan decisiva tan poca autoridad para hablar en nombre de un país y de un
pueblo como este mexicano que desde hacía un cuarto de siglo estaba fuera de su
patria y que, ahora, se atrevía a prometer en nombre de su pueblo al
archiduque, desorientado y engañado sobre la verdadera situación... (1)
Con voz temblorosa por la emoción narra el conde Corti
en su espléndida biografía- el archiduque leyó en español su respuesta al
discurso en francés de Gutiérrez de Estrada. Decía que gracias al voto de los
notables de México, ahora se podía considerar como elegido del pueblo mexicano
[...] Por eso podía aceptar la corona y se esforzaría en ostentarla trabajando
incansablemente por la libertad, el orden, la grandeza y la independencia de
México. De nuevo puso de relieve la intención de basar la monarquía en leyes
constitucionales.(2)
Luego, comenta José Manuel Villalpando en su libro
Maximiliano que éste sorprendió a los mexicanos cuando les dijo que
establecería en México instituciones sabiamente liberales. Los mexicanos se
voltearon a ver entre sí y disimularon su sorpresa. (3) En seguida pronunció el
juramento: Yo, Maximiliano, juro ante Dios por los santos evangelios asegurar
por todos los medios que estén en mi mano el bienestar y la prosperidad de la
nación, defender su independencia y conservar la integridad de su territorio.
Cuando Fernando Max terminó prosigue Corti-, se apoderó
el mayor entusiasmo de la asamblea que lo había escuchado conteniendo la
respiración. La solemne presentación del acto y la gran importancia del momento
no habían dejado de producir impresión en los oyentes, de los cuales sólo pocos
estaban enterados de los detalles íntimos del asunto. Los gritos entusiastas y
al mismo tiempo emocionados de: ¡Viva el emperador Maximiliano! ¡Viva la
emperatriz Carlota!, resonaron en el salón.(4)
Mientras los mexicanos gritaban ¡Dios salve a
Maximiliano emperador de México!, en ese momento la bandera imperial mexicana,
saludada por salvas de cañones de las naves de guerra atracadas en el puerto,
fue izada en el mástil de la torre más alta de Miramar.
Luego del juramento y del tedéum de rigor, el emperador
de México hizo sus primeros nombramientos que recayeron, ¡faltaba más!, en los
más conspicuos notables de la ocasión, pues para eso se es notable: para
recibir los frutos de tan notabilísima representación, sólo los ilusos se prestan
para fungir como figura decorativa.
Gutiérrez de Estrada, José Manuel Hidalgo y Esnaurrízar,
así como Francisco de Paula Arrangoiz, artífices de primera línea en la
imperial empresa, fueron nombrados embajadores ante las cortes de Viena, París
y Bruselas, respectivamente; muy a su gusto y talante: alejados de los
desmanes, tumultos y turbulencias acaecidos a diario en suelo mexicano, y más a
tono con el orden, la civilización, la elegancia y el glamour de la
aristocracia europea en donde se movían como peces en el agua. Juan Nepomuceno
Almonte, hijo natural de don José María Morelos y Pavón, fue designado
representante del emperador hasta su arribo a México.
El 14 de abril partieron de Miramar los flamantes
emperadores a bordo de la brillantemente empavesada fragata Novara que ondeaba
en popa la bandera imperial mexicana. Poco antes de abordar llegó un telegrama
de los emperadores de Austria, padres de Maximiliano, que rezaba: Adiós,
nuestra bendición de papá y mía- nuestras oraciones y nuestras lágrimas te
acompañan, Dios os proteja y os dirija, por última vez, adiós desde la tierra
de la patria donde ya no te veremos más. Con el corazón acongojado te
bendecimos de nuevo.
Miles de personas apiñadas en el embarcadero, en las
rocas de la costa y en las azoteas, les daban el último adiós, decenas de
barcas fondeadas en el puerto acompañaron a la Novara para rendir postrer
homenaje a sus queridos príncipes. De una de ellas surgió potente una voz bien
timbrada de barítono que cantó una bellísima canción de despedida, llena de
amor, pero que a Carlota se le antojó siniestra:
Massimiliano...
¡non ti fidare!
¡Torna al castello
di Miramare! (5)
El telón se levantaba, el drama podía empezar, remata
Corti el capítulo La aceptación de la corona. Cuatro años más tarde, la famosa
Novara, en la cual el joven archiduque había hecho su primer servicio marítimo,
transportaba el cadáver de Maximiliano para ser exhumado luego con debida pompa
en el mausoleo de sus antepasados de los Capuchinos de Viena.
Fernando Max fue un verdadero marino que cultivó una
larga carrera desde abajo hasta obtener con los años el rango de almirante y
comandante de la flota austriaca, la que modernizó y puso al nivel de otras
potencias europeas. Realizó muchas travesías marítimas y amaba al mar como
pocos. La Novara fue reacondicionada como fragata blindada y artillada en
astilleros de Venecia y Max recibió el encargo de supervisar su entrega: Desde
entonces, la consideró como su barco insignia: 2,000 toneladas de
desplazamiento, dos puentes, 1,800 metros cuadrados de velamen, 50 cañones y
400 tripulantes.
No fue casual, pues, que siendo gobernador general del
reino Lombardo-Véneto, mandara construir su hermoso palacio de Miramar desde
1854 sobre una roca, no lejos de Trieste con magnífica vista al azul oscuro del
Adriático. El despacho de trabajo del archiduque imitaba fielmente la cabina
del almirante de la fragata Novara, y los salones estaban tapizados con damasco
azul celeste con dibujos de anclas que recordaban la profesión del propietario.
¿Pero, quiénes fueron y quiénes eligieron a tan notorios
notables que ofrecieran la imperial corona de México? ¿Bajo qué circunstancias
y con qué títulos fungieron en tan conspicua encomienda? ¿Qué jabón los
patrocinaba al emprender tamaña empresa? ¿De dónde su nacional
representatividad? ¿De parte de quién? ¿Qué pitos tocaban? ¿Eran realmente
notables? ¿De dónde salieron, qué hicieron y cómo acabaron?
Al poco tiempo que el ejército francés hiciera entrada
triunfal en la ciudad de México (7 de junio de 1863), el general Elías Forey
nombró una alta junta de gobierno integrada por 35 miembros, la mayoría de los
cuales procedía de las filas conservadoras. De acuerdo a los planes previamente
concebidos en Europa, dicha junta eligió a su vez una regencia provisional
integrada por el general Juan Nepomuceno Almonte, el ex obispo de Puebla y a la
sazón arzobispo de México, don Pelagio Labastida y Dávalos, y por el general
Mariano Salas.
De tal núcleo surgió La Asamblea Nacional que declarara
la monarquía y eligiera a Maximiliano como emperador. Al propio tiempo, la
regencia nombró una comisión presidida por Gutiérrez Estrada y a la que
pertenecía José Manuel Hidalgo, para llevar la invitación a Miramar. Así se
cocinaron estos notables .Ya hemos mencionado algunos nombres: Gutiérrez de
Estrada en primer plano; José Manuel Hidalgo, Francisco de Paula Arrangoiz, y
Juan Nepomuceno Almonte, un poco atrás, sin dejar de ser principales. A ellos
se añadieron el arzobispo don Pelagio Antonio Labastida y Dávalos, Francisco de
Miranda, Ignacio Aguilar y Marocho, Joaquín Velásquez de León y otros más.
No se incluyen en esa lista a los generales Miguel
Miramón y Tomás Mejía, fusilados luego junto al emperador, puesto que más que
artífices del proyecto fueron operadores militares de última hora; Miramón y
Leonardo Márquez habían sido desterrados por el propio Max, y no regresaron a
México sino hasta 1866 cuando el Imperio se derrumbaba. Por limitaciones de
espacio, nos ocuparemos sobre todo de relatar la suerte que corrieron Gutiérrez
de Estrada y José Manuel Hidalgo y en menor medida de Almonte y Arrangoiz.
Un ilustre historiador, tratadista e ideólogo liberal del
siglo XIX de la talla de don José María Luis Mora, se refiere a su tocayo y
adversario político Gutiérrez Estrada, en los siguientes términos: Este
ciudadano es nativo del Estado de Yucatán, donde reside su familia, distinguida
bajo todos los aspectos. No es necesario decir que Gutiérrez recibió una
educación cuidada y escogida, basta haberlo tratado para conocer que fue así; y
que supo aprovecharse de ella en la carrera del servicio público a la que se
dedicó, y en la cual ha permanecido puro y sin mancha en medio de una clase
corrompida [...] flexible por carácter, honrado por educación y principios, y
expedito para los negocios, su servicio ha sido perfecto, y sobre todo leal y
concienzudo.(6) Como puede apreciarse, le reconoce una alta calidad moral.
Ciertamente el Gutiérrez Estrada que describía don José
María Luis Mora, no era aún el caudillo ideológico profundamente amargado, que
tocaría a las puertas de las chancillerías europeas en demanda de un príncipe
para México. Pero no puede negarse que había ya en él un germen de pesimismo,
que llegó a su clímax en la sexta década del siglo XIX, tal y como apunta
Martín Quirarte en su erudita y clarificadora Historiografía sobre el imperio
de Maximiliano.(7)
Luego de servir en varias legaciones de México en Europa,
Gutiérrez de Estrada desempeñó altos puestos públicos con probidad y honradez,
en 1835 fue ministro de Relaciones Exteriores. Luego se marcha a Europa para
regresar durante la convulsa presidencia de Anastasio Bustamante quien le
ofreció tal cargo que declinaría en una extensa carta en la que explicaba los
motivos: No tenía ya fe ni en la eficacia de la Constitución de 1836, ni en la
derogada de 1824. Urgía convocar a una convención que diera forma política
adecuada a la Nación. Luego publicó un manifiesto en el que claramente expresa
sus inclinaciones monárquicas lo que provocó la ira del presidente y una orden
de aprehensión en su contra:
Herida de muerte la república por los mismos que se
dicen sus apóstoles, se muere de inanición después de ver consumado el jugo de
su vida moral en esfuerzos estériles y cruentos. Sólo recomiendo por lo mismo,
el proyecto de una Convención como un simple paliativo, como el único medio y
el más adecuado para salir de los embarazos más urgentes de la situación
actual. (
) Me parece ya llegado el momento en que la nación dirija su vista
hacia el principio de una monarquía democrática, como el único medio de ver
renacer en nosotros la paz tan ardientemente anhelada.
Gutiérrez creía que si en Francia había fracasado la
república y reinstaurado la corona era porque existía una poderosa tradición
monárquica. Lo propio ocurría en México según él: trescientos años del período
virreinal así lo confirmaban, la forma política dependiente de la corona
española representada por un virrey, las instituciones, las leyes y costumbres
fueron monárquicas, como lo fueron los reinos indígenas antes de la llegada de
los españoles. Contraria a la efímera tradición republicana que sólo había
acarreado desgracias, desorden, caos, anarquía, pronunciamientos sin fin,
penurias económicas y hacendarias así como la mutilación del territorio
nacional.
Por otra parte, razonaba que una monarquía católica era
el mejor medio para salvaguardar la soberanía nacional amenazada por el
expansionismo de los Estados Unidos que ya se habían apoderado de la mitad de
nuestro territorio luego de la anexión de Texas y la humillante guerra de
1847-48.
A partir de entonces Gutiérrez inicia un largo y tortuoso
periplo europeo a la búsqueda de algo parecido al tiempo perdido: de un
príncipe que instaurase una monarquía democrática como único requisito para
aliviar los males del país. una monarquía puede ser tan libre como una
república y aún más libre que una república declaraba quien se había mostrado
como uno de los más celosos defensores de la libertad de imprenta.
La última satisfacción de don José María Gutiérrez de
Estrada ocurrió aquel 10 de abril en Miramar, cuando en ocasión solemne ofreció
al archiduque Maximiliano la corona imperial de México al pronunciar en francés
el memorable discurso a nombre del pueblo de México. Congruente con sus
ultramontanas convicciones y conducta, muy pronto se distanció del emperador
empeñado en adoptar políticas liberales que aquél se negó a aprobar. La vida no
le alcanzó para enterarse de los infortunios del segundo imperio y murió días
antes de la caída del régimen que tan celosamente contribuyó a erigir.
Al igual que su mentor (Gutiérrez de Estrada), José Manuel
Hidalgo y Esnaurrízar, segundo en importancia como artífice de la imperial
empresa en Europa, tampoco colaboró con Maximiliano en el teatro mismo de los
acontecimientos, prefirió quedarse en el viejo continente en calidad de
embajador del mexicano Imperio.
A decir de Martín Quirarte: Pocos hombres de nuestra
historia han podido llegar a los umbrales de la fama y del poder con tanta
facilidad... José Manuel nació en los albores del México independiente. Su
padre tomó a Iturbide el juramento del Plan de Iguala, contagiado por un
ambiente promisorio insuflado por las ilusiones de los políticos de entonces,
que hacían creer que el nuestro era uno de los países más ricos de la Tierra,
llamado a figurar entre las principales potencias del orbe.(8)
Pronto llegó el desencanto al instaurarse por prolongadas
décadas la ingobernabilidad, la continua zozobra, las interminables intrigas,
enconos y conspiraciones endémicas, la quiebra de la hacienda pública, los
levantamientos y pronunciamientos como deporte nacional, la guerra civil, y,
para colmo, la desastrosa guerra con los Estados Unidos y la mutilación del
territorio nacional, como cruel desenlace de un drama que parecía interminable.
En dicha guerra, José Manuel Hidalgo, junto con otros
elegantes caballeros, se batió noble y lealmente por su patria en la batalla
de Churubusco contra el invasor norteamericano. Destaca Quirarte que el valor
de aquellos improvisados combatientes fue tan grande que mereció el elogio y la
admiración respetuosa del mismo general en jefe estadounidense, Winfield Scott,
quien permitió a los vencidos conservar sus espadas.
Al término de la guerra José Manuel Hidalgo parte a
Europa acreditado por la cancillería como diplomático. Gracias a su exquisito
trato social, maneras distinguidas y al perfecto conocimiento de las reglas de
etiqueta cortesana que practicaba con elegante soltura, Hidalgo se relaciona
pronto con eminentes figuras de la nobleza española e inglesa y traba amistad
con el emperador don Pedro de Brasil, con Isabel II de España, con la familia
Montijo, de la cual Eugenia figuraría luego como emperatriz de Francia. El
propio papa Pío IX, a la sazón desterrado en Gaeta, le dispensó su amistad, al
igual que el influyente cardenal Antonelli.
En todo caso, José Manuel Hidalgo se había transformado
en todo un cortesano, un figurín, a quien las casas y palacios más prestigiados
de la aristocracia europea abrían sus puertas para departir en los salones
entre la crema y nata del poder y la gloria decimonónicas. De exterior
atractivo, delgado y elegante, de una cierta suavidad de carácter y trato
agradable, se hacía simpático en todas partes, especialmente entre las damas,
así lo describe Conte Corti.
Quirarte destaca que aquél Estaba bien informado del ir
y venir de las familias opulentas. Conocía al dedillo la vida social de Francia
y de otros países del mundo. Pero su conocimiento de las cuestiones mexicanas
fue muy limitado. Sus referencias a la historia patria son muy breves y
escasas, más que opiniones se antojan sentimientos desdeñosos. Ninguno de los
imperialistas mexicanos tuvo en el grado de José Manuel Hidalgo, una ausencia
tan grande de nacionalismo.(9)
Al contrario de la mayoría de los historiadores del
Segundo Imperio, que desdeñan y condenan al olvido al personaje que ahora nos
ocupa, Martín Quirarte nos ofrece un conmovedor fresco de José Manuel hasta su
muerte, no sin dejar en claro que para los efectos de la historia de México su
vida carece de importancia a partir de que es destituido por Maximiliano como
embajador en París. El resto de su biografía, sobrevivió al derrumbe del
Imperio casi tres décadas, se aproxima más bien al género novelístico:
El encumbramiento de José Manuel Hidalgo, fue tan rápido
como su caída. Gracias a su amistad con Napoleón y Eugenia de Montijo pudo
conspirar con eficacia a favor del proyecto para crear en México un sistema
monárquico [...] aquel cortesano no estaba a la altura del puesto político que
se le había conferido. Sus cualidades hacían de él un personaje de salón.
Si Maximiliano no hubiera sido casi tanto como José
Manuel Hidalgo sigue el relato de Quirarte-, un hombre de miras políticas
estrechas, habría podido darse cuenta desde que lo conoció, del limitado valor
del personaje. Por gratitud pudo haberle dado un puesto decorativo, colmarlo de
honores y riquezas, pero nunca otorgarle la representación diplomática de su
gobierno en Francia y menos en el momento en que comenzaron a enfriarse la
relaciones entre Napoleón y él.(10)
Tras la serie de tropiezos, malentendidos, desavenencias
y abiertos actos hostiles que iniciaron la debacle en las relaciones
franco-mexicanas, José Manuel Hidalgo fue llamado a México para explicar su
actuación así como el estado de los acontecimientos que tenían lugar en Europa
y en la corte ante la cual era responsable de los asuntos mexicanos. Al no
poder convencer al emperador de su eficacia, éste lo destituyó
intempestivamente de tal alto cargo, lastimando en lo más íntimo la
sensibilidad de José Manuel. No obstante que Max trató de compensarlo con otro
puesto, que Carlota misma insistió que aceptara, don José Manuel dio a entender
que toda relación estaba rota. Su carrera había concluido.
Sin embargo, José Manuel retornó a Europa donde viviría
los últimos veintinueve años de su vida en circunstancias de pobreza, miseria,
privaciones y amargura que contrastaron fuertemente con el opulento tren de
vida que hasta entonces se había dado. En su larga correspondencia con don Luis
García Pimentel, José Manuel Hidalgo relata su penosa situación: Rondando en los
salones, codeando a gentes que no se estiman, a grandezas que no se envidian,
en medio de una atmósfera no siempre sana y frecuentemente engañosa, falta de
convicciones; pero si a mi no me importa quedarme en casa todo el día mientras
hay luz, en la noche necesito huir de la soledad en donde estoy sin más
compañero que la lamparilla y entregado a tristezas que me harían perder la
razón.(11)
Comprendió
observa Quirarte- la frivolidad del medio social en que se movía pero le faltó
el valor para renunciar a vivir en él... Hasta el último día de su vida
conservó José Manuel Hidalgo la amistad de algunos personajes aristócratas. Se
vio en la necesidad de someterse a economías para guardar por lo menos las
apariencias del señor elegante que había sido antes... A fines de 1893 y a
comienzos del 94, fue víctima de una enfermedad que lo llevó a los umbrales de
la tumba. Sin cloroformo le hicieron tres o cuatro operaciones y le quemaron
con yodo la carne [...] su enfermedad se prolongaría dos años.(12)
A comienzos del 95 un feroz invierno azoló París
golpeando severamente a nuestro personaje que narra así este conmovedor
fragmento de su existencia en la correspondencia citada: A veces he pasado
horas enteras como remachado a mi sillón, al lado de la salamandra que es el
único fuego que tengo en la casa-, sin valor, sin ganas de salir para ver a los
amigos o cumplir con mis deberes sociales. Mis medios no me permiten tener
fuego en el resto de mi pequeño aposento, y mi cuarto de dormir y saloncito son
una nevera; el agua de mi cuartito de toilette se hiela y hay que romperla con
un martillo...
Finalmente, El destino lo salvaba de muchas
humillaciones y vergüenzas, al truncar su vida el 26 de diciembre (1896).
¡Había pagado muy caro el delito de ser imperialista! Las alegrías que pudo
haber tenido en 29 años que sobrevivió a la tragedia del Cerro de las Campanas,
no compensaron quizás las tristezas, los dolores y las humillaciones que aquel
hombre albergó en el fondo de su corazón. Así concluye el conmovedor relato de
la vida de Hidalgo que nos obsequia Martín Quirarte.
Por su parte, don Francisco de Paula de Arrangoiz,
antiguo ministro de Hacienda, ejerció como embajador del emperador en Bruselas
ante la corte del rey Leopoldo I de Bélgica, padre de la emperatriz Carlota.
Luego fue embajador en Londres hasta que dimitiera de tal honor como reacción a
la tendencia liberal de Max y del rompimiento de la Iglesia con el Imperio.
Arrangoiz, no obstante sus críticas y alejamiento del
emperador por las políticas liberales que emprendiera, a la postre escribió el
mejor alegato en defensa del conservadurismo de la época a través de dos
trabajos que se consideran fundamentales: Apuntes para la historia del Segundo
Imperio Mexicano y México desde 1808 hasta 1867, inspirados sin duda alguna por
la admiración que aquel profesaba por don Lucas Alamán, el más insigne
intelectual de los conservadores y uno de los más notables historiadores de
México, no obstante su pasión política y marcada parcialidad ideológica.
Por último, Juan Nepomuceno Almonte, el hijo natural de
don José María Morelos y Pavón, no corrió con mejor suerte. Luego de haber sido
nombrado ministro de la Corte Imperial y gran mariscal, sustituyó a José Manuel
Hidalgo como embajador en París, última chamba en su vida, y ciudad donde se
exiliara y a la postre falleciera el 21 de abril de 1869, siendo sepultado en
el cementerio de la Pere Lachaise, supuestamente junto a los restos de su
ilustre progenitor. Este último enredo histórico Los huesos de Morelos, que se
suponía reposaban junto a los de su hijo- fue debidamente aclarado por el
historiador José Manuel Villalpando César, quien exhumó el cadáver de Almonte
cuyo cuerpo y vestimenta encontraron casi incorrupto y en muy buen estado de
conservación- en 1987, sin que se hallaran por cierto los restos del autor de
los Sentimientos de la Nación. (13)
A raíz del decreto promulgado el 27 de diciembre de 1864
en el que Maximiliano confirmaba la nacionalización de los bienes de la Iglesia
y autorizaba la libertad de cultos, las relaciones del Imperio con el Vaticano
y la Iglesia mexicana se deterioraron irremediablemente. El nuncio apostólico
abandonó el país y el arzobispo Labastida se distanció definitivamente de la
empresa imperial que consideraba había traicionado al catolicismo. Los
conservadores clericales empezaron a llamar a Max El empeorador.
Las cosas para el Imperio y para los emperadores fueron
de mal en peor, Napoleón III abandonó la empresa mexicana y quitó el apoyo
militar y financiero a Max, Carlota emprendió una infructuosa gira europea en
busca de ayuda, en medio de la cual empezó a perder la razón y ya sin poder
regresar a México ocurrieran los sucesos que desembocaron en el cerro de las
Campanas, Querétaro, el 19 de junio de 1867 cuando Maximiliano fue fusilado
junto a los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía.
Tal parece que el destino trágico que, decíase, marcaba a
la dinastía de los Habsburgo, se propagó además de Maximiliano, fusilado en
Querétaro, a quienes hemos referido, al príncipe heredero Rodolfo de Habsburgo
quien se suicidó en Mayerling, y a Francisco Fernando asesinado en Sarajevo. Ni
que decir de la desdichada emperatriz Carlota Amalia, que sobrevivió al
infortunio sesenta años más poseída por delirios absolutamente demenciales
hasta morir a la edad de 87 el Anno Domini 1927 recluida en el castillo de
Bouchout en Bélgica.
Notas bibliográficas
(1) Corti, Egon Caesar, conde, Maximiliano y Carlota,
Fondo de Cultura Económica, México, 1976.
(2) Corti, Egon Caesar, Ibídem.
(3) Villalpando, José Manuel, Maximiliano, Editorial
Clío, México 1999. (4) Corti, Egon Caesar, Opus cit.
(5) Luca de Tena, Torcuato, Ciudad de México en tiempos
de Maximiliano, Planeta, México, 1990.
(6) Quirarte, Martín, Historiografía sobre el imperio de
Maximiliano, UNAM, México, 1970.
(7) Ibídem.
(8) Opus Cit.
(9) Quirarte, Martín, Opus Cit.
(10) Ibídem.
(11) Verea de Bernal, Sofía, Cartas de don José Manuel
Hidalgo Esnaurrízar, Un hombre de mundo escribe sus impresiones. Recopilación,
prólogo y notas de. Editorial Porrúa, México 1961.
(12) Quirarte, Martín, Opus Cit.
(13) Reed Torres, Luis, y Villalpando César, José Manuel.
Los restos de don José María Morelos y Pavón: Itinerario de una búsqueda que
aún no termina, Espejo de Obsidiana Ediciones, México, 1993.
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Escrito por nuestros escritores
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lunes, 27 de febrero de 2012 |
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Adiós a las razas
-anacronismo del concepto racial-
Por: Federico
Zertuche
Clasificar a los seres humanos según rasgos físicos tales
como el color de la piel, del cabello o de los ojos, por su estructura craneal,
esquelética u ósea en general, por la morfología de labios, frente, párpados,
mentón, pómulos, orejas, manos, pies, complexión, estatura, peso, etc., fue una
manera de establecer categorías con pretensiones científicas a fin de estudiar
al ser humano a través de una antropología física no exenta de prejuicios,
intereses ideológicos y políticos, y de un pronunciado eurocentrismo dado el
contexto de la colonización entonces en boga, ya que el concepto de raza empezó
a emplearse a partir del siglo XVII en Europa.
Si bien es cierto que se intentaron diversos sistemas
clasificatorios basados en categorías raciales, nunca alcanzaron rango
científico debido a la imposibilidad de establecer y probar la existencia de
las llamadas "razas puras", distinguir unas de otras y ordenarlas por
tipos. Ello no es posible porque en realidad todos los seres humanos formamos
una sola especie ya que provenimos de un mismo tronco u origen evolutivo que la
ciencia moderna localiza en el este de África (alrededor del valle o garganta
del Olduvai, Tanzania), de donde partieron los primitivos grupos humanos en
sucesivas y prolongadas migraciones hasta poblar el resto de la Tierra.
Las clasificaciones y categorías raciales en base a
rasgos físicos, llevaron a muchos individuos, pueblos y hasta naciones a
valerse de tales pretextos para justificar sus prejuicios, intereses
ideológicos y políticos, así como por ambición y codicia económicas,
discriminando y oprimiendo a otros grupos, pueblos y naciones convencidos de su
supuesta "superioridad racial" ante la "inferioridad" de
los otros. Así, principalmente los europeos (aunque no únicamente), dominaron y
expoliaron a pueblos enteros en África, Asia y América (negros, amarillos o
mongólicos, e indios americanos), a quienes consideraban salvajes y primitivos
que había que civilizar y cristianizar.
En tal contexto apareció y se extendió el racismo durante
los siglos XVIII, XIX y XX, que no obstante las múltiples justificaciones y
pretensiones científicas en que se creía sustentar, a fin de cuentas resultó un
simple y burdo prejuicio por las razones arriba expuestas. En todo caso, la
culminación más aberrante de tal prejuicio traducido ideológica y
políticamente, fue el delirio genocida nazi, que consideraba la raza aria como
superior a las demás, y en particular a judíos, negros y gitanos, sobre los que
se sentían con derecho a exterminar violenta y sistemáticamente como política
de Estado.
No obstante, con los avances científicos, particularmente
en paleontología, antropología, biología y medicina en lo que concierne al
estudio de los tipos sanguíneos, bioquímica en lo relativo al estudio de la
genética, al descubrimiento del ADN y al análisis de los cromosomas y de los
genomas como el mitocondrial, las clasificaciones raciales quedaron
completamente desfasadas por carecer de sustento científico, pasando a ser un
anacronismo fallido del que quedaron solamente los prejuicios en que se
sostenían.
Actualmente hay una fuerte tendencia mundial contra
cualquier forma de racismo y son cada vez más los seres humanos en todos los
pueblos y naciones que lo perciben como un prejuicio nocivo y conducta
antisocial retrógrada.
Acorde a los
avances científicos en el análisis y estudios del ADN podemos establecer con
suficiente certeza que el ADN o genoma mitocondrial, cuya estructura fue
descifrada en 1981 por S. Anderson, tiene herencia matrilineal, es decir, que
heredamos nuestras mitocondrias sólo de nuestras madres. Una característica
importante es que no se re-combina, ello implica que los únicos cambios que
podrían haber sucedido, se deben exclusivamente a mutaciones ocurridas a lo
largo de muchas generaciones.
En el ser humano se calcula que cada 5 a 10 mil años
surge una mutación en una de las bases del ADN mitocondrial; según esto se
obtienen dos importantes conclusiones: la primera es que se logra demostrar el
origen africano de los humanos modernos, calculando que toda la humanidad
desciende matrilinealmente de una sola mujer, la Eva mitocondrial, mujer
africana que habría vivido hace aproximadamente 190,000 años; y en segundo
lugar, se demuestra que no existen razas puras ni razas-, ya que todos los pueblos
descienden de la mezcla de un conjunto de linajes diferentes.
Para tener una mejor visión de nuestro árbol genético fue
necesario buscar la herencia patrilineal. El cromosoma "Y" cumple
bien esta función, ya que es el que determina el sexo masculino y por lo tanto
se hereda del padre a hijos hombres; además que es muy estable por su baja
recombinación y nos ha permitido conocer que todos descendemos de un único
hombre, denominado Adán cromosómico, es africano y tiene una antigüedad entre
60 y 90 mil años.
Las diferencias en
el color de la piel, cabellos y ojos de los grupos humanos, se deben a la
cantidad de melanina que produce cada individuo derivada luego de un largo
proceso evolutivo- en función de su exposición prolongada al Sol o al contrario,
por su insuficiencia. La melanina es un pigmento que ubicado en el protoplasma
que luego se manifiesta en la piel, cabello y retina de los ojos. La mayor o
menor cantidad de melanina es resultado de una mutación por razones climáticas.
De esta forma, actualmente hablamos de grupos étnicos,
genómicos, culturales, lingüísticos, nacionales, etc., todos los cuales
conforman la familia o especie humana. Así de simple, aunque también de
complejo y profundo.
Así pues, a estas alturas y luego de las nefastas consecuencias
y secuelas dejadas por la ideologización y politización de los prejuicios
raciales, las sociedades contemporáneas, las naciones y Estados que conforman,
deben desterrar de su vocabulario y hábitos mentales las clasificaciones o
categorías humanas en función de razas por las razones expuestas.
De tal manera que si en nuestras leyes, reglamentos y
demás normas jurídicas, incluyendo actos administrativos y políticas públicas
que establecen criterios sobre bases raciales, estarán propiciando, sin ninguna
duda, la división de los seres humanos sobre un prejuicio, que lejos de hacer
justicia o ser equitativo, fomenta división y enfrentamientos innecesarios,
estériles y abiertamente nocivos. Tratase de un auténtico contrasentido.
Es absurdo querer hacer justicia a determinado grupo
étnico que históricamente ha sido o es discriminado, legislando o reglamentando
normas en función o por razones raciales, sobre bases o criterios justamente
racistas, diferenciando a los grupos nacionales en función de su raza o etnia,
y otorgando derechos especiales a unos y a otros no. Al obrar así se incurre en
el mismo error y prejuicio que se quiere subsanar, aunque ahora propiciados por
y desde el Estado mismo. Las normas jurídicas deben ser universales, generales,
equitativas e igualitarias.
Un Estado democrático y de derecho aglutina en su seno a
una población diversa y plural, a la que el legislador debe reconocer en
igualdad ante el poder político y la ley. Sólo así podremos erradicar el
racismo: al igualar derechos y obligaciones a todos los seres humanos sin
distingo alguno, así como oportunidades reglamentadas de manera equitativa.
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Modificado el ( lunes, 27 de febrero de 2012 )
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