Petra, la cocinera de la casa me lo recalcó mientras servía el desayuno en la
terraza.
Carlos Slim es ya el hombre más rico del mundo, recalcó.
Pero, ¿por qué tan contenta, Petra?
Porque por fin somos campeones en algo a nivel mundial y qué mejor que tener
en México al hombre más rico del planeta...
Insisto, ¿por qué tan contenta, Petra?
¡Ay, no sea aguafiestas! ¿A poco no se siente feliz de la riqueza de nuestro
Rey Midas?.
¿Por qué habría de estarlo?, le dije mientras daba un sorbo al café.
¡Ay, Usted siempre está de envidiosote. Y no me diga que no, porque basta leer
los artículos que ha escrito en su revista para saberlo. ¡No pueden ver a nadie
triunfar!
Y le siguió:
A ver, ¿quién en casi 20 años ha logrado ganar 53 mil 500 millones de dólares?
¿Cómo sabes eso?, le inquirí con mi paciencia franciscana.
Mire me dijo mientras vertía huevos refritos en mi plato, junto con tostadas
de pan blanco el 10 de diciembre de 1990 Slim ganó la licitación por Telmex y
la ganó con bastante transparencia, no como ahí andan diciendo que Carlos
Salinas se la otorgó. Para eso pagó 440 millones de dólares.
Asombrado por el dato, seguí engullendo el desayuno.
Y esto es para que lo publique en su revista: ¿Quién ha logrado hacer crecer
cien veces lo que pagó por una empresa?.
Pérate, Petra, pérate. Para empezar, ese dinero que dice la revista Forbes que
tiene Slim es de todas sus empresas y no sólo de Telmex. ¡Por favor!, le dije
un tanto harto. Porque como dice un viejo periodista que se cree superior a los
demás, hay niveles.
Petra se secó las manos en su mandil y volteó para mirarme con indignación.
Usted no sabe lo que dice porque nomás está de criticón. Pero yo si me siento
orgullosa de nuestro millonario campeón porque yo colaboré para su fortuna.
¿Cómo está eso?, pregunté perplejo.
Mire, cada vez que compro una tarjeta de prepago para los teléfonos públicos,
abono algo para Slim. En mi cuarto tengo muchas tarjetas de esas. Cada una
tiene 50 centavos, un peso, dos pesos y hasta 2 pesos con 50 centavos que yo le
doné.
¡A caray!, ¿cómo? quise enterarme más.
Sí. Esas tarjetas ya no las puedo usar porque la tarifa mínima es de tres
pesos, así que cómo ya las pagué, prácticamente le estoy ayudando a su enorme
fortuna a mi Slim de oro. ¿Y qué decir de la telefonía celular, patrón?
prosiguió es de las más caras del mundo y como quiera le cargamos su
tarjetita al teléfono, que nos cuesta caro, pero vale la pena para contribuir
al éxito de este noble mexicano.
Pero, eso es un robo en despoblado, traté de explicarle...
¡Qué robo ni que robo!, ¡Infórmese bien!, me retobó porque leí lo que
publicó en RegioNegocios de que Dorian´s cerraba sus puertas y no es cierto.
Fui con mi comadre Carmela que es intendente en esa tiendota retebonita allá
por San Agustín y me dijo que no era cierto. Que Dorian´s sigue...
¿Qué me informe bien, Petra? la reté todo seriedad.
Sí, porque -no se haga- Usted ha publicado que Slim debe su fortuna a la
enorme mina de oro que compró a precio de ganga porque Telmex en ese tiempo era
caro mantener para el Gobierno...
¡Basta, ya! la paré en seco en RegioNegocios nunca nos hemos equivocado,
aunque una vez nos equivocamos al creer que estábamos equivocados.
¡Ay, sí!, nomás que se le lleguen las planotas de publicidad para
RegioNegocios de Telmex, Telcel, Sanborn´s, Galas de México, Marlboro,
Condumex, SDM, Selmec, Equiter, Industrias IEM, Sinergia, Micom, Dorian´s,
Hotel Francia, Hotel Racquet, Hotel Viva, Hotel Geneve, Hotel Veracruz, Calinda
Beach, Grupo PC Constructores, Cicsa, Servicios integrales GCM....
No, pos sí le contesté ido de la mente (como dicen en el rancho)
imaginándome toda una tarde llene y llene facturas de la edición
correspondiente. Sí, Petra, ¡qué bonito es el dinero y el triunfo!, ¡Imagínate
RegioNegocios semanal de 144 páginas a todo color con más de 20 páginas del
Grupo Carso! ¡Sería la envidia del mundo editorial mexicano!....¡Aaaaa...!
Pos qué estás soñando me despertó mi esposa qué hasta suspiras. Ándale, da me
para ir a pagar el teléfono porque si no nos cortan el Infinitum.
Siempre tan oportuna, mi esposa me sacó de ese delicioso sueño: Slim compartía
su fortuna conmigo y ya no tendría que ir a buscar a comerciantes y empresarios
pequeños que te regatean un cuarto de página...
Me pregunto: ¿Cómo dormiría Slim Helú después de saber que ya era el hombre
más rico del mundo? y que la mina de las telecomunicaciones lo mantendrán ahí
por muchos, muchos años...