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Escrito por nuestros escritores   
martes, 04 de enero de 2011

 

Tras el hueso y los tuétanos

Por Paulo Cuéllar

La empresa más rentable y próspera en la entidad se llama gobierno del estado.

En el 2011 ejercerá, 56 mil 789. 7 millones de pesos, un 11% de incremento en términos reales respecto al año 2010.

Y por si fuera poco, Felipe Calderón, le depositará 775  millones de pesos adicionales gracias al fondo metropolitano.

De esta jugosa partida, aproximadamente 34,073.82 millones de pesos serán destinados para gasto corriente, deuda y burocracia, el 60% del presupuesto.

Se prevé que este nuevo año haya alrededor de 60 mil empleados en todo el armazón público estatal.

Por eso, miles de ciudadanos quieren ser o políticos y trabajar en el gobierno o proveedores del gobierno estatal.

Ahí no hay crisis, penurias y limitaciones. Quienes logran estampar contratos con este ente público, aseguran su porvenir financiero al menos durante esta administración estatal.

Los sueldos son jugosos, como de deportistas profesionales o artistas de Hollywood. Ahí tenemos que un secretario de estado percibe 95 mil pesos mensuales; el oficial mayor del Congreso del Estado 99,462. Hay 42 Diputados locales, cada uno con un sueldo bruto de 76,440. Los comisionados de la transparencia y directores de dependencias estatales ganan entre 45 y 55 mil pesos mensuales.

Súmele que la mayoría de estos servidores públicos, por ley, tienen derecho hasta 2 meses de sueldo por concepto de aguinaldo. Y un mes de vacaciones por año trabajado.  A parte que tienen ISSSTELEÓN, servicios médicos de lujo. Un burócrata enfermo o lo internan en el hospital OCA o lo envían al San José. Todos los servidores públicos del estado tienen derecho a un préstamo anual de 17 mil pesos.  Otros trabajadores del estado, como los comisionados de acceso a la información pública tienen como prestación gastos médicos mayores para ellos y sus esposas.

Los niveles jerárquicos de directores hasta secretarios tienen autorizados asistentes,  choferes, escoltas y pago de servicios de telefonía celular.

Los principales puestos y con mejores sueldos son atribuidos no a ciudadanos, sino a adherentes y militantes de los partidos políticos que llegan al poder.

Desafortunadamente el político contemporáneo busca el poder no para servir, sino para servirse. Imaginan el armazón público estatal como su “modus vivendi” del futuro y lograr estabilidad y crecimiento económico para su vejez y su familia. Trabajar por el bien común es una utopía. La realidad es que primero se trabaja en un proyecto político para obtener en el corto y mediano plazo un empleo atractivo que me deje ingresos significativos.

Esa es la razón por la que tenemos políticos “aficionados” e incompetentes. Ellos llegaron a sus puestos no por méritos propios, sino por “pago de favores”. Es inútil exigirles vocación de servicio y profesionalismo

Para lograr una verdadera transformación de la gestión pública estatal, primero hay que eliminar esa etiqueta o imagen de gobierno rentable y próspero. Hay que quitar la idea en el ambiente de que el gobierno ofrece sueldos jugosos o prestaciones con niveles o equivalencias en rating internacional.

El reto es, si hay voluntad política, ganarse la reputación de que en el gobierno estatal gana bien, quien es productivo y competente. Que el puesto de director o comisionado, lo tienen los mejores hombres y mujeres en función de su perfil y trayectoria. Y no los amigos del “club de tobie”

No se trata precisamente de bajar sueldos y eliminar prestaciones ya existentes, sino de medir la productividad de todos y cada uno de los burócratas. Comprometerse con el servicio público de carrera que ha quedado olvidado en los archivos de los gobernantes.

Los partidos políticos tienen mucha responsabilidad en esta prostitución del quehacer público estatal. Los partidos políticos deben buscar militancia con ritual vocacional y no con aspiración de empleabilidad. Cuando logremos sociedad civil, organizaciones políticas y los políticos regresarle su dignidad al templo del servicio público, entonces sí exijamos resultados. “Pero no le pidamos al burro que hable inglés cuando apenas rebuzna”.

 

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