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Tras el hueso y
los tuétanos
Por Paulo Cuéllar
La empresa más rentable y próspera en la entidad se llama
gobierno del estado.
En el 2011 ejercerá, 56 mil 789. 7 millones de pesos, un
11% de incremento en términos reales respecto al año 2010.
Y por si fuera poco, Felipe Calderón, le depositará
775 millones de pesos adicionales
gracias al fondo metropolitano.
De esta jugosa partida, aproximadamente 34,073.82
millones de pesos serán destinados para gasto corriente, deuda y burocracia, el
60% del presupuesto.
Se prevé que este nuevo año haya alrededor de 60 mil
empleados en todo el armazón público estatal.
Por eso, miles de ciudadanos quieren ser o políticos y
trabajar en el gobierno o proveedores del gobierno estatal.
Ahí no hay crisis, penurias y limitaciones. Quienes
logran estampar contratos con este ente público, aseguran su porvenir
financiero al menos durante esta administración estatal.
Los sueldos son jugosos, como de deportistas
profesionales o artistas de Hollywood. Ahí tenemos que un secretario de estado
percibe 95 mil pesos mensuales; el oficial mayor del Congreso del Estado
99,462. Hay 42 Diputados locales, cada uno con un sueldo bruto de 76,440. Los
comisionados de la transparencia y directores de dependencias estatales ganan
entre 45 y 55 mil pesos mensuales.
Súmele que la mayoría de estos servidores públicos, por
ley, tienen derecho hasta 2 meses de sueldo por concepto de aguinaldo. Y un mes
de vacaciones por año trabajado. A parte
que tienen ISSSTELEÓN, servicios médicos de lujo. Un burócrata enfermo o lo
internan en el hospital OCA o lo envían al San José. Todos los servidores
públicos del estado tienen derecho a un préstamo anual de 17 mil pesos. Otros trabajadores del estado, como los
comisionados de acceso a la información pública tienen como prestación gastos
médicos mayores para ellos y sus esposas.
Los niveles jerárquicos de directores hasta secretarios
tienen autorizados asistentes, choferes,
escoltas y pago de servicios de telefonía celular.
Los principales puestos y con mejores sueldos son
atribuidos no a ciudadanos, sino a adherentes y militantes de los partidos
políticos que llegan al poder.
Desafortunadamente el político contemporáneo busca el
poder no para servir, sino para servirse. Imaginan el armazón público estatal
como su modus vivendi del futuro y lograr estabilidad y crecimiento económico
para su vejez y su familia. Trabajar por el bien común es una utopía. La
realidad es que primero se trabaja en un proyecto político para obtener en el
corto y mediano plazo un empleo atractivo que me deje ingresos significativos.
Esa es la razón por la que tenemos políticos
aficionados e incompetentes. Ellos llegaron a sus puestos no por méritos
propios, sino por pago de favores. Es inútil exigirles vocación de servicio y
profesionalismo
Para lograr una verdadera transformación de la gestión
pública estatal, primero hay que eliminar esa etiqueta o imagen de gobierno
rentable y próspero. Hay que quitar la idea en el ambiente de que el gobierno
ofrece sueldos jugosos o prestaciones con niveles o equivalencias en rating
internacional.
El reto es, si hay voluntad política, ganarse la
reputación de que en el gobierno estatal gana bien, quien es productivo y
competente. Que el puesto de director o comisionado, lo tienen los mejores
hombres y mujeres en función de su perfil y trayectoria. Y no los amigos del
club de tobie
No se trata precisamente de bajar sueldos y eliminar
prestaciones ya existentes, sino de medir la productividad de todos y cada uno
de los burócratas. Comprometerse con el servicio público de carrera que ha
quedado olvidado en los archivos de los gobernantes. Los partidos políticos tienen mucha
responsabilidad en esta prostitución del quehacer público estatal. Los partidos
políticos deben buscar militancia con ritual vocacional y no con aspiración de
empleabilidad. Cuando logremos sociedad civil, organizaciones políticas y los
políticos regresarle su dignidad al templo del servicio público, entonces sí
exijamos resultados. Pero no le pidamos al burro que hable inglés cuando
apenas rebuzna.
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