|
Callejón sin
salida
Por Paulo Cuéllar
Dónde hay un problema hay una oportunidad de negocio. El
desalojo de los puesteros de reforma debe intervenirse como estrategia
económica para el desarrollo metropolitano.
Tanto autoridades, como dirigentes y puesteros deben
capitalizar las franjas periféricas dónde se construyen polos de desarrollo
para despegar y atomizar la actividad comercial.
Además, los actores tienen que considerar que ya es
irrefutable el hecho de que el centro de la ciudad de Monterrey está perdiendo
capacidad económica; se empieza a reflejar, principalmente en la parte norte
del primer cuadro, con edificios y locales en venta o renta.
Algunas calles y casas vacías se han convertido en refugio
de vándalos.
El centro de la ciudad está condenado a quedarse solo,
sino implementan políticas de reactivación.
Por lo pronto, desgraciadamente, el desmantelamiento de
más de 800 puestos de lámina, cartón y madera lo politizaron.
Y por otro lado, están limitando las soluciones a una
serie de reubicaciones como si fueran la panacea.
Lo más sensato es que los auténticos comerciantes de la
ex calle comercial reforma, dirijan y construyan su propio futuro
Que eviten ser representados porque los líderes o sindicatos
por naturaleza propia buscarán primero blindar el interés gremial. Y luego
favorecerán a todos por igual cuando el trabajo y el esfuerzo no es equitativo
y justo.
Muchos puesteros hoy serían grandes comerciantes si
hubieran recibido buenos consejos y sana representación.
El desalojo rudo del que fueron objeto los puesteros,
debe dejarles una enseñanza. Hacer negocio en la ruta de la legalidad.
Por lo tanto, no tienen otro camino disponible que
liderar su situación en particular.
Si el operativo que desmanteló la ex calle comercial de
reforma provino del gobierno federal, los comerciantes deben acérquense a él para recibir asesoría y
capacitación. Otra instancia es CANACO. Su dirigente, Juan Ernesto Sandoval
Villarreal ya dijo que está dispuesto a ofrecerles capacitación y asesoría para
adquirir financiamiento o recursos de fondos perdidos.
Transitando por la ruta de la legalidad, son más las
puertas que se abren que las que se cierran.
Y en lo que respecta a la intervención gubernamental, el
apoyo y la asistencia a los puesteros damnificados debe ser técnica y no
política.
Los comerciantes no necesitan líderes que los
representen, ni tampoco de cines viejos de los años de la revolución, sino de capacitación y crédito para convertir
sus puestos de laminas, cartón y las
maderas en establecimientos comerciales.
Ojalá y no solo sea Fernando Larrazábal el que haga el
zarpeo de la solución a este problema, sino que se sumen otros alcaldes que
planteen más propuestas para adoptar en su municipio la destruida calle
comercial de colegio civil o bien que apliquen modelos similares para crear
otros espacios comerciales que sin duda les arrogaría desarrollo económico
local.
Y lo reforzarían con el auge del turismo comunitario. En
Europa ya opera y se trata de punzar la cultura de los barrios en dónde se
exhiben platillos ya no regionales, sino comunitarios, costumbres como el
viacrucis de la colonia independencia que se ha afamado a nivel nacional,
rituales muy propios de barrios, etc. El comunitarismo turístico se ha
convertido en una atracción para los europeos.
Hay la ventaja competitiva que en nuestro país, el
comercio callejero es parte de los atributos de la época prehispánica que nos
dieron a los mexicanos identidad y
cultura.
El principio es que dejemos de etiquetar al comercio
informal como delincuentes e intervenir conciliando con las leyes y en un
contexto económico.
Lo político, paraliza.
Comentarios () |
 |
|
|
|
|