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Luego de la
Caravana de Sicilia
Por: Federico
Zertuche
No tengo la menor duda de que Javier Sicilia y un grupo
que le respalda un grupo, no todos- representan una causa noble y justa en la
búsqueda de la reconciliación, la paz y la concordia nacionales a través de la
búsqueda de la justicia con dignidad. Son valores e ideales a los que todos
aspiramos.
Sin embrago, desde hace mucho tiempo creo firmemente en
que los cambios a nivel nacional se deben promover, más bien, a través de las
instituciones, dentro de la ley, por la vía democrática, de reformas
consensadas y negociadas entre los distintos actores políticos, con activa
participación ciudadana, debate público abierto, plural y diverso. Y no
mediante liderazgos mesiánicos o de caudillos iluminados.
Aunque imperfecta, apenas en pañales si se quiere,
balbuceante en algunos sentidos y coja en otros, nuestra incipiente democracia
debe ser nutrida por la ciudadanía de manera sistemática y permanente,
fortalecida con su participación activa más allá de las elecciones y en todos
los ámbitos donde sea posible. Lo mismo ocurre con nuestro Estado de Derecho:
no nos queda más que mejorarlo.
Recientemente, los mexicanos hemos atestiguado la manera
en que diversos grupúsculos que obedecen a otros intereses políticos se
apoderaron de la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad que encabezaba el
poeta Sicilia, para llevar agua a su molino. Así los activistas de No más
sangre, abiertamente apoyados y financiados por AMLO y sus secuaces, lograron
incluir en el resolutivo de Ciudad Juárez los siguientes puntos:
se pronuncia por el fin de la estrategia de guerra del
gobierno federal, el regreso inmediato del Ejército a sus cuarteles, la no
aprobación a una reforma a la Ley de Seguridad Nacional, cancelación de la
Iniciativa Mérida, juicio político contra Felipe Calderón, Genaro García Luna y
Javier Lozano
y hasta un aumento
salarial de emergencia.
Sin que Javier Sicilia y sus allegados pudieran impedir
tales pronunciamientos, sino sólo tratar de rectificarlos después en un mitin
en El Paso, Texas. Desde la ciudad de México se sumaron a la Caravana jóvenes
encapuchados que decían ser de la Otra Campaña del EZLN, agitadores del SME y
del CGH, furiosos lopezobradoristas, macheteros de Atenco ,rijosos maestros
disidentes de Michoacán y Oaxaca, aun así la caravana no sumó más de mil 500
personas.
No es casual que ni en San Luis Potosí, ni en Monterrey,
Torreón e incluso en Ciudad Juárez hayan convocado más que un puñado de
marchistas y pocos asistentes a sus asambleas públicas. En todo caso, es
evidente que el movimiento ráoidamente se pervierte y diluye. Es lo que siempre
ocurre con ese tipo de manifestaciones espontáneas, emotivas y desarticuladas
que se ilusionan con un líder carismático supuestamente iluminado, un salvador.
Fueron los lopezboradoristas, que no cejan en vengarse
del presidente Calderón, quienes lograron incluir la petición para que se
retire el Ejército de la lucha contra el crimen organizado. Incluso hay quien
sostiene que grupos de jóvenes infiltrados en realidad fueron enviados por los
capos de los carteles. También solicitaron juicio contra el presidente y García
Luna, así como el fin de la Iniciativa Mérida y la salida de la Policía Federal
de Ciudad Juárez. Puras insensateces que los habitantes de esa ciudad rechazan.
El Estado democrático y de Derecho es la única
institución Constitucionalmente facultada para ejercer legal y legítimamente la
violencia a fin de mantener la paz y la seguridad nacionales. El Estado es
quien detenta la soberanía nacional, es decir, la potestad para ejercer un tal
poder para que nadie, ni ningún otro poder, sea igual o esté por encima del
poder estatal.
Sólo el Estado y su gobierno legal y democráticamente
electo, pueden ejercer legítimamente la violencia para contener, reprimir,
detener, juzgar, condenar y encarcelar a los delincuentes, a quienes atenten
contra la paz y la seguridad nacionales. Nadie más.
Pedir que se retire el Ejército y la Policía Federal en
el cumplimiento de sus deberes y obligaciones más elementales, aparte de ser un
auténtico contrasentido, es flanquear el camino a los malvados, a los
delincuentes, a quienes atentan contra la sociedad en su conjunto, contra la
convivencia civilizada, legal, democrática y finalmente justa y digna.
De tal manera que, más bien, fortalezcamos nuestras
instituciones, no las debilitemos, tampoco las desprestigiemos; lo que se tenga
que mejorar hay que hacerlo mediante reformas legales, políticas públicas,
actos de gobierno, participación ciudadana, con opinión pública critica, seria
y responsable socialmente. Mejoremos día a día nuestra democracia.
Así como al país, a la nación y al Estado, lo
conformamos, edificamos y mejoramos todos los mexicanos, así también lo podemos
dañar, empeorar y destruir. Tan podemos evolucionar, como involucionar como
sociedad política.
http://zertuchefederico.blogspot.com/
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