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Escrito por nuestros escritores   
sábado, 25 de junio de 2011

 

Dialogo racional y nacional

Por: Federico Zertuche

 Salvo los renegados de siempre –La Jornada y Proceso- y uno que otro obcecado escribidor provinciano, la abrumadora mayoría de medios impresos y audiovisuales cubrieron la noticia de la reunión entre el presidente Calderón y miembros de su gabinete con el poeta Javier Sicilia y víctimas de la violencia, celebrada el jueves pasado en Chapultepec, como un hecho muy positivo y esperanzador, auténtico, respetuoso, civilizado y democrático; como un encuentro promisorio y venturoso entre sociedad civil y gobierno en la hora actual marcada por la desazón y violencia generalizada.

La mayoría de periodistas profesionales y analistas más respetados de México han saludado con plácemes la manera tolerante, sincera y abierta en que se llevó a cabo dicha reunión y los frutos que puede acarrear ese genuino encuentro –no desencuentro- entre dos partes dispuestas a dialogar sin tener que claudicar  principios y convicciones, sin que una abrume o descalifique a la otra.

Un Javier Sicilia lúcido, elocuente y terriblemente humano –ya sin la carga de los gandallas que medran desde movimientos de izquierda radical que se habían montado en la caravana- sino acompañado por víctimas de la violencia (como él mismo), supieron y pudieron expresar ampliamente con total libertad agravios y reclamos, dolores y padecimientos, propuestas y exigencias que el movimiento que lidera exige al gobierno y al Estado, entre los que destacan:

 “Venimos hasta aquí (…) a que reconozcan la deuda que el Estado mexicano tiene con las víctimas, con sus familias, y la sociedad entera (...) Hemos venido hasta aquí para que nos hagan justicia.

En su calidad de Representante del Estado, señor Presidente, está obligado a pedir perdón a la nación, en particular, a las víctimas.

Juntos detengamos esta guerra y busquemos condiciones para la paz con justicia y dignidad.

La guerra es entre ustedes y los narcotraficantes, una guerra que no es nuestra, pero que nosotros padecemos en carne viva.

El Estado mexicano está fallando en su obligación de proteger a su gente y defender sus derechos.

Tenemos derecho como ciudadanos a una redefinición de la estrategia de seguridad.

Ustedes, señor Presidente, son responsables de haber declarado esta guerra (…) sin haber hecho antes una profunda reforma política y un saneamiento de las instituciones.”

 Por su parte, un presidente sensibilizado por sus interlocutores y las graves circunstancias que vive la nación que le ha tocado gobernar, tuvo empatía y tino político para acceder a un diálogo público y televisado en el que se tocaron asuntos personales muy dolorosos que había que conciliar con el manejo gubernamental, político y estratégico necesario para dirimir el problema de fondo, a saber, la amenaza y el desafío que suponen para los individuos de carne y hueso, para la sociedad y para el Estado mismo por parte del narcotráfico y el crimen organizado.

 No se puede gobernar con poesía ni hacer poética con actos gubernamentales, sin embrago, poesía y política no son excluyentes entre sí. La moral del político y la moral del intelectual, aunque distintas en función de las respectivas responsabilidades del hombre de Estado, por un lado, y del hombre de pensante y de letras, por el otro, tampoco son excluyentes una de la otra.

 Ni Sicilia se va a convertir en estratega militar o policiaco en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, ni Calderón en poeta. Sin embargo, el jueves en Chapultepec, lugar emblemático en más de un sentido, ambos personajes dialogaron y luego se despidieron con un sincero abrazo. Como le dijo Sicilia al Presidente: a ustedes les reclamamos porque de ustedes esperamos repuestas no del crimen organizado.

 En tal sentido y a grandes rasgos, Calderón argumentó lo siguiente:

 Coincido en que debemos pedir perdón por no proteger la vida de las víctimas pero no por haber actuado contra los criminales que están matando a las víctimas, eso definitivamente es un error y en eso, Javier, sí estás equivocado.

Yo sé que están en la nómina, yo sé cuánto reciben (...) He sabido, por ejemplo, de jueces que han recibido dinero o que dialogan con criminales, y que liberan a criminales, pero mientras yo no tenga una prueba, (…) ese juez es juez, y ese ciudadano es ciudadano, y es además, es inocente.

La verdad es que prefiero, insisto, que me juzguen -a veces creo que injustamente, en fin, la historia lo dirá-, por haber actuado, que por haberme quedado quieto.

Contra lo que se ha dicho que fue irresponsable actuar, pienso sinceramente que lo verdaderamente irresponsable hubiera sido no actuar.

 Yo estoy dispuesto, de veras, de veras, a buscar esa paz para México con justicia y dignidad, simplemente claudicar, simplemente echarse para atrás no es paz, don Javier.

Suponer que toda la maldad viene del Estado, que el Estado es el generador único de la violencia, es un error.

No hay violencia porque estén ahí las Fuerzas Federales. Las Fuerzas Federales están ahí porque ahí hay violencia, una violencia que las autoridades locales no pudieron controlar.

Lo que hay que hacer es actuar y enfrentar a los criminales, y eso es lo que hemos hecho y (…) debemos hacer.

Yo prefiero asumir la crítica, así sea injusta, de haber actuado, a quedarme con el cargo de conciencia de haber visto el problema y, por conveniencia, no haber hecho nada.

Como padre de familia, como mexicano, y como Presidente de la República, me duele profundamente este dolor de México.

 Está claro que los ciudadanos comunes y corrientes no vamos a dialogar con los narcos ni con el crimen organizado, éstos mismos ni siquiera contemplan eso, sólo matan y delinquen; sino entre nosotros mismos y con las autoridades que nos hemos dado en el sistema democrático en que vivimos, bajo el amparo de las instituciones y la ley por más debilitadas que estén, pues son las que tenemos, y a ellas tenemos que acogernos, no a la violencia y la irracionalidad.

 Aprendamos a dialogar civilizada, pacífica y constructivamente tal y como vimos el pasado jueves en el Castillo de Chapultepec, es un buen inicio del camino que conduce a la paz con dignidad.

 

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