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Dialogo racional y
nacional
Por: Federico
Zertuche
Salvo los
renegados de siempre La Jornada y Proceso- y uno que otro obcecado escribidor
provinciano, la abrumadora mayoría de medios impresos y audiovisuales cubrieron
la noticia de la reunión entre el presidente Calderón y miembros de su gabinete
con el poeta Javier Sicilia y víctimas de la violencia, celebrada el jueves
pasado en Chapultepec, como un hecho muy positivo y esperanzador, auténtico,
respetuoso, civilizado y democrático; como un encuentro promisorio y venturoso
entre sociedad civil y gobierno en la hora actual marcada por la desazón y
violencia generalizada.
La mayoría de periodistas profesionales y analistas más
respetados de México han saludado con plácemes la manera tolerante, sincera y
abierta en que se llevó a cabo dicha reunión y los frutos que puede acarrear
ese genuino encuentro no desencuentro- entre dos partes dispuestas a dialogar
sin tener que claudicar principios y
convicciones, sin que una abrume o descalifique a la otra.
Un Javier Sicilia lúcido, elocuente y terriblemente
humano ya sin la carga de los gandallas que medran desde movimientos de
izquierda radical que se habían montado en la caravana- sino acompañado por
víctimas de la violencia (como él mismo), supieron y pudieron expresar
ampliamente con total libertad agravios y reclamos, dolores y padecimientos,
propuestas y exigencias que el movimiento que lidera exige al gobierno y al Estado,
entre los que destacan:
Venimos hasta
aquí (
) a que reconozcan la deuda que el Estado mexicano tiene con las
víctimas, con sus familias, y la sociedad entera (...) Hemos venido hasta aquí
para que nos hagan justicia.
En su calidad de Representante del Estado, señor
Presidente, está obligado a pedir perdón a la nación, en particular, a las
víctimas.
Juntos detengamos esta guerra y busquemos condiciones
para la paz con justicia y dignidad.
La guerra es entre ustedes y los narcotraficantes, una
guerra que no es nuestra, pero que nosotros padecemos en carne viva.
El Estado mexicano está fallando en su obligación de
proteger a su gente y defender sus derechos.
Tenemos derecho como ciudadanos a una redefinición de la
estrategia de seguridad.
Ustedes, señor Presidente, son responsables de haber
declarado esta guerra (
) sin haber hecho antes una profunda reforma política y
un saneamiento de las instituciones.
Por su parte, un
presidente sensibilizado por sus interlocutores y las graves circunstancias que
vive la nación que le ha tocado gobernar, tuvo empatía y tino político para
acceder a un diálogo público y televisado en el que se tocaron asuntos
personales muy dolorosos que había que conciliar con el manejo gubernamental,
político y estratégico necesario para dirimir el problema de fondo, a saber, la
amenaza y el desafío que suponen para los individuos de carne y hueso, para la
sociedad y para el Estado mismo por parte del narcotráfico y el crimen
organizado.
No se puede
gobernar con poesía ni hacer poética con actos gubernamentales, sin embrago,
poesía y política no son excluyentes entre sí. La moral del político y la moral
del intelectual, aunque distintas en función de las respectivas
responsabilidades del hombre de Estado, por un lado, y del hombre de pensante y
de letras, por el otro, tampoco son excluyentes una de la otra.
Ni Sicilia se va a
convertir en estratega militar o policiaco en la lucha contra el narcotráfico y
el crimen organizado, ni Calderón en poeta. Sin embargo, el jueves en
Chapultepec, lugar emblemático en más de un sentido, ambos personajes
dialogaron y luego se despidieron con un sincero abrazo. Como le dijo Sicilia
al Presidente: a ustedes les reclamamos porque de ustedes esperamos repuestas
no del crimen organizado.
En tal sentido y a
grandes rasgos, Calderón argumentó lo siguiente:
Coincido en que
debemos pedir perdón por no proteger la vida de las víctimas pero no por haber
actuado contra los criminales que están matando a las víctimas, eso
definitivamente es un error y en eso, Javier, sí estás equivocado.
Yo sé que están en la nómina, yo sé cuánto reciben (...)
He sabido, por ejemplo, de jueces que han recibido dinero o que dialogan con
criminales, y que liberan a criminales, pero mientras yo no tenga una prueba,
(
) ese juez es juez, y ese ciudadano es ciudadano, y es además, es inocente.
La verdad es que prefiero, insisto, que me juzguen -a
veces creo que injustamente, en fin, la historia lo dirá-, por haber actuado,
que por haberme quedado quieto.
Contra lo que se ha dicho que fue irresponsable actuar,
pienso sinceramente que lo verdaderamente irresponsable hubiera sido no actuar.
Yo estoy
dispuesto, de veras, de veras, a buscar esa paz para México con justicia y
dignidad, simplemente claudicar, simplemente echarse para atrás no es paz, don
Javier.
Suponer que toda la maldad viene del Estado, que el
Estado es el generador único de la violencia, es un error.
No hay violencia porque estén ahí las Fuerzas Federales.
Las Fuerzas Federales están ahí porque ahí hay violencia, una violencia que las
autoridades locales no pudieron controlar.
Lo que hay que hacer es actuar y enfrentar a los
criminales, y eso es lo que hemos hecho y (
) debemos hacer.
Yo prefiero asumir la crítica, así sea injusta, de haber
actuado, a quedarme con el cargo de conciencia de haber visto el problema y,
por conveniencia, no haber hecho nada.
Como padre de familia, como mexicano, y como Presidente
de la República, me duele profundamente este dolor de México.
Está claro que los
ciudadanos comunes y corrientes no vamos a dialogar con los narcos ni con el
crimen organizado, éstos mismos ni siquiera contemplan eso, sólo matan y
delinquen; sino entre nosotros mismos y con las autoridades que nos hemos dado
en el sistema democrático en que vivimos, bajo el amparo de las instituciones y
la ley por más debilitadas que estén, pues son las que tenemos, y a ellas
tenemos que acogernos, no a la violencia y la irracionalidad. Aprendamos a dialogar civilizada, pacífica y
constructivamente tal y como vimos el pasado jueves en el Castillo de
Chapultepec, es un buen inicio del camino que conduce a la paz con dignidad.
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