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Escrito por nuestros escritores   
miércoles, 07 de diciembre de 2011

 

Se ignora su paradero

Por Federico Zertuche

Ayer martes millones de colombianos a lo largo y ancho de su país y en otras naciones donde residen, salieron a la calle en multitudinarias marchas y asambleas públicas para expresar su repudio a las FARC y exigir la liberación de cinco militares y seis policías que permanecen secuestrados desde hace 12 años, así como al resto de civiles que están en cautiverio por esa banda narcoterrorista y criminal que lleva cerca de cincuenta años en armas contra el Estado.

La indignación ciudadana que es pareja en todo el espectro ideológico y político así como en las distintas clases sociales, sin importar edades ni religión, es patente en Colombia desde hace muchos años, cuya ciudadanía y población exige que depongan las armas, pues anhela paz, la seguridad, la estabilidad social y económica, el estado de derecho y el sistema democrático como formas de vida civilizada y pacífica.

Recientemente, el pasado 26 de noviembre, fueron vilmente asesinados por las FARC cuatro secuestrados que llevaban años en cautiverio cuando se acercaban las fuerzas armadas para liberarlos, lo que sacudió al país y le recordó semejante horror: un grupo de hombres pudriéndose en la selva, en jaulas de alambre de púas, bajo la mirada atenta de sus captores, listos para dispararles al menor indicio de un intento de fuga o de una operación de rescate.

Colombia ha sufrido por decenios el flagelo de la violencia por partida triple: tanto por la antigua guerrilla que hace mucho perdió su razón de ser para convertirse en auténticos delincuentes asociados con el narcotráfico y dedicados al secuestro y la extorsión; las fuerzas paramilitares, así como los carteles de la droga, particularmente los de Medellín y de Cali. El Estado colombiano les ha dado tremendos golpes a unos como otros, y está en vías de recuperar la paz y seguridad por la que tanto han luchado.

Valga la pena recordar el episodio vivido por Lucía Morett, quien junto con otros jóvenes mexicanos se encontraban durmiendo en un campamento de las FARC ubicado en la localidad de Santa Rosa, departamento de Sucumbíos, en Ecuador. A la medianoche del 1º de marzo del 2008, se produjo un bombardeo de la Fuerza Aérea Colombiana. Morett estaba ubicada lejos del epicentro del ataque, resultando herida con esquirlas y balas.

El ataque causó la muerte del jefe guerrillero Raúl Reyes, otros miembros de las FARC y cuatro estudiantes mexicanos, llevando a una crisis diplomática regional en torno a la violación colombiana de la soberanía territorial ecuatoriana.

Lucía Morett quiso justificar su presencia en el campamento guerrillero y clandestino, al mando del segundo hombre de las FARC, alegando que estaba realizando estudios para su tesis, es decir, con fines académicos. Cosa nada creíble, sobre todo si se saben los antecedentes: En febrero del 2008, Morett viajó al Ecuador, donde visitó el campamento de Raúl Reyes el 3 de febrero, luego asistió a un congreso bolivariano de grupos de izquierda donde también asistieron delegados de las FARC en Quito. El 9 de febrero de 2009 el coronel Mario Pazmiño, director de inteligencia del Ejército del Ecuador durante la operación, mostró imágenes que desmienten las afirmaciones de Morett. Pazmiño demostró que Morett había estado en otros campamentos de las FARC.

El gobierno de Ecuador hospedó a Lucía Morett en calidad de turista herida por el bombardeo colombiano. Posteriormente cuando se hizo evidente su involucramiento con las FARC, se pidió retenerla para una investigación que no se dio porque Morett había salido del país en dirección a Nicaragua que le dio refugio por varios meses.

Regresó a México el 4 de diciembre del 2008 acompañada de tres diputados del PRD. A su llegada fue recibida por una multitud en el aeropuerto, encabezada por la senadora Rosario Ibarra de Piedra, la cual buscó protegerla de cualquier intento de detención por parte de la PGR. Valga señalar que el Grupo Eureka de Ibarra de Piedra, disque en defensa de los derechos humanos, nunca ha dicho nada por los secuestros y asesinatos perpetrados por las FARC, ni por las sistemáticas violaciones a los derechos humanos en todas las dictaduras comunistas.

Más tarde, el Partido del Trabajo la postuló como candidata a Diputada Federal para la elección de julio de 2009, esperando con ello obtener inmunidad. Sin embargo, perdió la elección. La INTERPOL la señala como una “Persona considerada armada, peligrosa y violenta; actualmente se ignora su paradero.

Un documento de la Comisión Bicameral de Seguridad Nacional del Congreso señala que Lucía Andrea Morett formaba parte del “Movimiento Mexicano de Solidaridad con las Luchas del Pueblo Colombiano”, vinculado a las FARC, cuya sede era un cubículo en la UNAM, de los hermanos Cerezo, con lazos con el EPR. Morett forma parte de la “Coordinadora Continental Bolivariana Capítulo México”. Luego se supo que ella y varios jóvenes mexicanos estaban siendo entrenados por las FARC en el paraje de la selva de Ecuador que fue bombardeado.

 

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