historia
Escrito por nuestros escritores   
martes, 03 de agosto de 2010

 

ESPAÑA INTENTA LA RECONQUISTA

DE MÉXICO EN 1829

Historia de planes de Fernando VII por recobrar ‘su’ colonia azteca.

La invasión de Barradas de 1829, el desembarco en Veracruz.

Batallas de Tampico y Pueblo Viejo.

La rendición de Isidro Barradas, el triunfo de Santa Anna.

Invasores pierden cerca de mil 500 soldados, muchos por fiebre amarilla.

 

POR RAYMUNDO HERNÁNDEZ A.

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Desestimada como una más de las etapas de la Independencia, la pretendida reconquista de México por parte de España en 1829 representa una relevante fase, corolario de una serie de tentativas con las que Fernando VII pretende resarcir a su país de los problemas económicos y políticos recuperando la colonia azteca perdida en 1821.

El próximo 24 de julio se conmemora el 181 aniversario del intento de recobro de México a través de la invasión de Isidro Barradas a través del desembarco de tres mil 500 españoles en Cabo Rojo y Pueblo Viejo, Veracruz y su incursión a Tampico y Altamira, Nuevo Santander donde serían derrotados por Antonio López de Santa Anna y Manuel Mier y Terán. Los mexicas son ayudados por una tempestad y la fiebre amarilla que mina la fuerza agresora.

Si bien la invasión Barradas marca el nivel culminante de la etapa de Reconquista, otras tentativas ya se habían producido desde la consumación en 1821 para proseguir esporádicamente hasta casi 1836, cuando un gobierno liberal reconoce finalmente la libertad mexicana.

Cuando la Nueva España consuma su independencia en 1821, no terminan con ello las tres o cuatro fases aceptadas en su historiografía. De la negativa ibérica –por casi ocho años- a reconocer la emancipación a la naciente nación mexicana, pasa a planear la reconquista durante dos años con la llamada Invasión de Barradas en 1829.

La historiografía de la Independencia ha dividido esta revolución en cuatro etapas: La de antecedentes y rebeliones precursoras. La del inicio en 1810 con Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Ignacio Aldama,  Mariano Jiménez y Mariano Abasolo, quienes capturados en Acatita de Baján, Coahuila, son ejecutados en Chihuahua –excepto Abasolo- el 26 de junio de 1811.

La tercera fase la llevan José Ma. Morelos y Pavón, Manuel Mier y Terán, Nicolás Bravo, Javier Mina, Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria, los Galeana  y otros. El cuarto período es la consumación de la insurgencia y la concretan Agustín de Iturbide, Vicente Guerrero y otros en 1821.

 

EL CICLO INSURGENTE CONTRA LA RECONQUISTA

El quinto ciclo lo sería el rechazo a la reconquista que encabezan Antonio López de Santa Anna; Manuel Mier y Terán, Felipe de la Garza y otros al repeler a Isidro Barradas en Tampico en 1829.

El territorio de las Tamaulipas es el campo donde los españoles lanzan una escuadra de barcos de guerra y tres mil 500 soldados –muchos liberales y esclavos cubanos llevados a fuerza- para recuperar la colonia novohispana, bajo la certeza real de que a su llegada serían apoyados por conservadores, una parte de la milicia “y el pueblo mexicano que quería regresar a ser súbdito de España”.

La flotilla estaba constituida por un buque insignia, El Soberano; dos fragatas, 2 cañoneros y 15 buques de transporte comandada por el almirante  Angel Laborde

Sin ser reconocida como una fase independentista, -tal vez por su brevedad- el intento de reconquista de hecho lo es por trazar toda una serie de estrategias de Estado por parte de una convulsionada España que no cesaría en sus intentos de recobrar “su” colonia más rica, en nuevos propósitos en 1830 y 1831.

Es Inglaterra la que entra en el juego geo-político-económico cuando persuade a la casa real hispánica de evitar una nueva aventura porque debilitada, se exponía a la alianza de Colombia con México para rechazar la reconquista y además liberar a Cuba y Puerto Rico del dominio europeo, lo cual obligaría hipotéticamente a los anglos a una intervención armada “de recomposición”.

 

ANTECEDENTES: LAS CORTES DE CÁDIZ Y FERNANDO VII

¿Pero qué pasaba en la península y cómo se reflejaban los hechos en México? Los vientos de cambio asoman dentro de España cuando las Cortes de Cadiz, surgidas de la guerra de independencia con Francia, son representadas por las corrientes liberal, absolutista y moderada y crean la Constitución de 1812 que habría de llevar al principio de soberanía nacional, con  la monarquía como gobierno pero con separación de poderes.

En estas cortes participan los representantes de las provincias ibéricas y de los territorios americanos, como la Nueva España, pero con el regreso  de Fernando VII son anuladas las reformas, Constitución y toda decisión oficial por decreto del monarca el 4 de mayo de 1814, situación que dura hasta 1820 en la llamada restauración absolutista.

Un inescrupuloso, vengativo y traicionero Fernando VII había accedido al poder en 1808 al destronar a su padre, el rey Carlos IV obligándolo a abdicar en su favor en momentos en que España era ocupada por Francia. Fernando busca que Napoleón lo reconozca como rey, pero el emperador se niega por haber forzado a su progenitor.

Vendría luego la llamada Década Ominosa, de 1823 a 1833 en que, El Deseado, como se le llamaba, emprende una sangrienta represión contra todo lo liberal. Es en esta etapa cuando maquina en diferentes ocasiones la Reconquista de las colonias ya liberadas en América y en particular la de Méjico.

 

LOS PRIMEROS INTENTOS DE RECONQUISTA

Los primeros antecedentes de la reconquista se ubican en 1821 al consumarse la independencia y se dispara en 1823 con el asedio mexicano al castillo de San Juan de Ulúa, último reducto gachupín que no solo se niega a reconocer la autonomía, sino que intenta recobrar la colonia novohispana perdida.

El gobernador de Veracruz, el general hispano José García Dávila había pactado con Antonio López de Santa Anna  desocupar en octubre de 1821 la guarnición española, se atrinchera con 200 militares y 90 mil pesos del gobierno español, pero luego las tropas se elevan a dos mil ante el envío de hombres desde Cuba, para desde San Juan de Ulúa intentar el rescate de “su” colonia.

México emergía independiente, pero sin armas o flota para atacar a los españoles, quienes consideran territorio ibero todo lo anexo a San Juan, hasta que el 25 de septiembre de 1823, éstos cañonean Veracruz, obligando a evacuar a seis mil civiles, por lo que el naciente gobierno Imperial-Constitucional encomienda al ministro de Guerra Joaquín de Herrera el bloqueo con una escuadra naval de tres barcos recién adquiridos, haciendo rendir a los peninsulares hasta el 23 de noviembre de 1825, el último reducto hostil.

 

POBLACIÓN EN NUEVO SANTANDER

Según datos compilados, si el Nuevo Santander tenía en 1810 casi 57 mil habitantes, de los que 14 mil 600 son españoles; 28 mil 800 de las castas y 13 mil 300 indios, para 1821 la población es de 67 mil 500.

La provincia estaba dividida en seis partidos o distritos: Santander (Jiménez) con ocho mil 185 habitantes; Mier con casi 14 mil; Tula con 12 mil 664; San Carlos con 10 mil 150; Aguayo con 11 mil 759 y Altamira con 10 mil 500, según el historiador Toribio de la Torre, citado por Juan F.Zorrilla en su obra Tamaulipas y la Guerra de Independencia.

Meses antes de la oposición de San Juan, España se negaba a dar validez al Tratado de Córdoba con el que había reconocido la consumación de independencia de una Nueva España como “imperio independiente, monárquico, constitucional y moderado”.

 

LAS LEYES DE EXPULSIÓN DE ESPAÑOLES EN MÉXICO

Antes, en 1824 los españoles residentes en el México libre son retirados de los cargos públicos y la milicia, se les confiscan sus armas, capitales y casas a pesar de ser ciudadanos mejicanos muchos de ellos. Tres años antes ya empezaban a ser expulsados. Para 1827 se expide la Ley del Empleo, con la que ningún ibero puede ocupar cargos públicos.

Cuando la población española llega a 15 mil, en agosto de 1827 se produce la primera expulsión oficial masiva y se les da 30 días de plazo para desocupar su antes colonia. Cuatro meses después se oficializa con la primera ley de Expulsión y en 1829 sería el segundo desalojo, con las que son expulsados casi siete mil 200 españoles. Para 1830 quedarían poco más de dos mil.

Los españoles pudientes se van a Cuba, Nueva Orleáns, Nueva York. Los que se quedan sin capital se van a las pegadas de sirvientes o a vivir de la caridad. Pero tampoco podían irse a su madre patria España porque allá los consideraban traidores por no oponerse a la independencia, a la consumación y por no intentar la reconquista.

Los gachupines ricos guardan sus caudales en el extranjero, descapitalizando el circulante para irse a vivir a Burdeos, París, Londres y ante la crisis de España -cuyo gobierno estaba en el descrédito-, el régimen acepta solo a los adinerados porque representaban un capital de 500 millones de reales. Los mejicanos los espiaban en Francia, en Burdeos y Bayona para adelantarse a cualquier plan de reconquista.

En febrero de 1828 el cónsul hispano en N. Orleáns informa de cientos de iberos expulsados de Méjico sumidos en la miseria, entre ellos más de 100 militares, que pedían pasaporte a La Habana en ruta a Iberia a riesgo de ser tratados con dureza.

Este agravio para el orgullo ibérico habría de conformar una resentida masa de españoles expulsados que después convencerían a las autoridades coloniales en Cuba de proceder a la reconquista “porque es anhelada por el pueblo y parte de la milicia mexicanos”.

 

CUBA SUPLE A MÉXICO COMO COLONIA ESTRATÉGICA

Para 1823, en el Trienio Liberal, Fernando VII estaba convencido de recuperar las colonias americanas independizadas, con especial atención a la Nueva España por ser la que mayor riqueza aportaba a la corona, pero las potencias europeas se niegan a apoyarlo. Los intentos de reconquista fracasarían en Ayacucho, Perú en 1824; en San Juan de Ulúa, Veracruz en 1825 y las últimas en Callao y Chiloe en 1826.

Cuba es la colonia boyante que suple a la Nueva España, con una elevada fuerza militar y emigrados gachupines expulsados de la ex colonia azteca, quienes creían que una fuerza expedicionaria española de reconquista contaría con todo el apoyo de la mayoría de los mejicanos, pero esto solo es respaldado por los ricos, conservadores y miembros del partido españolista.

Entre los optimistas ‘reconquistadores’ están algunas casas comerciales que esperaban verse beneficiadas –se ganara o perdiera- al prestar dinero al gobierno español, entre estos Juan Bautista Iñigo, que ofrecía llegar a Soto La Marina o Tampico con seis mil hombres y 500 mil pesos para cubrir los gastos.

El conflicto entre la corona y México sube de tono cuando el gobierno azteca amenaza en 1826 al comercio ibero en el Atlántico por lo que España agrede a un buque mexicano y es entonces cuando decide la invasión de reconquista.

 

TRES MESES ANTES SE CONOCEN EN MÉXICO LOS PLANES

En México ya se sabía desde abril de 1829, (tres meses antes) de los preparativos militares en La Habana ordenados por el rey Fernando VII. Una carta fechada en Matanzas, Cuba, publicada en el periódico michoacano Astro Moreliano el 30 de abril de ese 1829, que reproduce Salvador Broseta en su obra Las Ciudades y la Guerra, 1750-1898, dice:

“… que se están alistando y que solo esperaban la llegada del navío y las dos fragatas nuevas que los vizcaínos habían dado a su majestad para la reconquista de Méjico”.

Otra misiva fechada en La Habana y publicada el 12 de mayo de ese 1829 por el mismo Astro Moreliano dice: “…Que en La Coruña, Barcelona y Cádiz se estaban embarcando el último de febrero 12 batallones de 1,600 hombres cada uno…”. 

 

LA RECAUDACIÓN  PARA HACER FRENTE A LA AGRESIÓN

Para hacer frente a los acreedores y a la nueva guerra con España, el ministro de Hacienda Lorenzo de Zavala propone y lleva parcialmente a cabo un aumento a los impuestos a la propiedad y el comercio. El déficit para el período 1828-1828 es de más de un millón de pesos, considerando que el pago a la deuda externa y el ejército y marina absorben el 90 por ciento de los ingresos.

Ante la complicada situación financiera de las arcas nacionales, el gobierno se ve obligado a levantar un nuevo préstamo forzoso, afectando los salarios de la burocracia civil, militar y hasta de los pensionados. El gobierno de Vicente Guerrero pide a los estados cumplir con los contingentes militares a que estaban obligados para ir al frente de batalla contra los españoles invasores.

 

OTRAS CONSPIRACIONES

Otras conspiraciones para invadir a la recién liberada colonia novohispana son tramadas y de las más importantes figuran: El Plan de Montaño, del coronel José Manuel Montaño, quien se levanta en Tulancingo, Hidalgo en 1828 con el Plan de Otumba a favor de un regreso al gobierno monárquico español.

En esta alzada los militares participantes lo diseminan en otras provincias, como Miguel Barragán en Orizaba. En San Luis se intercepta una carta a Lorenzo de la Garza (pariente de Felipe de la Garza).

Le seguirían las rebeliones de los padres Arenas en Puebla; la del cura de Tezohuist La Hueca, en Oaxaca y la de Ignacio Ortega en Janiltepec.

 

BARRADAS PARTE DE SEVILLA A LA RECONQUISTA

En marzo de 1828 parte por fin de Sevilla una expedición de reconquista española rumbo a Cuba con México como objetivo militar, dirigida por el coronel Isidro Barradas. Hace escala en Las Canarias donde se añade otro batallón y el 21 de agosto de ese año una real orden autoriza el desembarco, pero se retrasa debido al desinterés de las autoridades coloniales en Cuba.

Es por la presión de los ricos emigrados ibéricos que se reanuda la invasión al otorgar a España un préstamo de 25 millones de reales con un interés del 10 % y a cambio piden al rey una rápida y contundente intervención.

Es en ese lapso, al conocer los planes de invasión cuando las autoridades mexicanas decretan la segunda ley de expulsión, saliendo otros dos mil 500 españoles a Europa, el Caribe y Estados Unidos, mientras que los que se quedan escribirían por carta a sus compatriotas que el éxito de la reconquista  esta seguro por tener apoyo de la milicia y de la población mexicas.

Para el 7 de abril de 1829 Barradas es nombrado jefe de la expedición por orden real, mientras que los periódicos gachupines El Español en N. Orleáns y El Redactor de N. York escriben acerca del indulto que se otorgará a los mexicanos que colaboren, asegurándoles además empleo.

La expedición Barradas zarpa de Cuba el 5 de julio de 1829 al mando del comandante Laborde y Barradas, con 125 de los expulsados de México, quienes poco antes que se habían trasladado desde N. Orleáns.

En la Bahía de Campeche, tres días después de su salida de la Habana, la flota se dispersa por cuestión de una violenta tormenta. El punto de reunión original era la Isla de Lobos, en  Veracruz pero las tormentas  difícultan el encuentro. La fragata Amalia, y 4 buques de transporte arribaron ahí el 14 de julio, mientras que los demás fueron llegando en la semana siguiente. Por el 22 de julio, casi toda la flota se encontraba ya en el punto de reunión con excepción de un buque de transporte con 400 soldados, que se vio forzado a dirigirse a Nueva Orleans para ser reparado.

Historiadores españoles refieren que al desembarcar en Punta Jerez o Cabo Rojo, Veracruz y trasladarse los reconquistadores a Tampico encuentran un panorama diferente a lo que les pintaron sus compatriotas exiliados y en lugar de un apoyo popular encuentran a un ejército y milicias civiles dispuestos a defender la independencia consumada ocho años atrás.

 

¿TRAICIÓN DE FELIPE DE LA GARZA? ¿INEPTITUD DE BARRADAS?

Personaje también desestimado por la historiografía, Manuel Mier y Terán es la figura destacada que fortalece la defensa mexicana. Venía precedido por buena fama, pues durante toda la revolución no había tropas que los realistas temieran más que las de Mier.

Es el 24 de julio de 1829 en que los tres mil 500 soldados españoles desembarcan en Punta de Jerez a más de 66 kilómetros de Tampico. Las operaciones comenzaron el día 27 con el intento de desembarco de 750 soldados y 25 botes, sin embargo la marea no les permitió desembarcar a tierra.

Ni López de Santa Anna ni Mier y Terán están cerca, el único es Felipe de la Garza que se ubica en Altamira con dos mil hombres de las milicias cívicas, no aptos para combatir.

Pero otra versión acusa de traición a Felipe de la Garza al parlamentar con el enemigo y acercarse ingenuamente a las posiciones contrarias con riesgo de ser capturado, como sucede, “cuando lo único que debía hacer era responder con las armas y todos los recursos a su alcance para detener la invasión a la patria. Por ello es relegado y sustituído por Mier y Terán. “Es traidor o cuando menos un invecil (sic) que no sabe llenar las grandes obligaciones que ha contraído para con la patria”.

Otra versión apunta que Felipe acuda a parlamentar al llamado de Barradas pero que se rtira indignado cuando éste le ofrece condecoraciones y ascenso si se pasa al bando español.

Basado en los partes españoles de la época, el historiador español Salvador Broseta escribe que “no son los cinco mil españoles que dicen los mejicanos que desembarcan, pero si llegaban a tres mil 500.” “Se posesionan del fortín por la barra de Tampico, se encuentran sobre  los disparos, pues a las órdenes de Felipe de la Garza abandonan los mejicanos la batería y la incendian. Esa fue la primera victoria española que se celebra con salva de 42 cañonazos entre el 3 y 4 de agosto”.

Añade que el día 6 los ejércitos se enfrentan en el Paso de las Animas, rompiendo el fuego los peninsulares con 200 hombres, para el día 10 apoderarse de Tampico y Pueblo Viejo, desalojando a un destacamento de 300 mejicanos en Los Corchos y avanzando al interior de la Huasteca.

Los iberos llegan a Altamira el 19 de agosto de ese 1829 y son sorprendidos en emboscadas por Mier y Terán a lo que 600 españoles se quedan en Tampico y el resto se va a Altamira. Santa Anna llega al cuartel general de Pueblo Viejo, Ver.  decide atacar Altamira pero retrocede por la incapacidad de su gente, regresa a Tampico y logra rendir a los 600 invasores que la ocupan, mientras que Barradas regresa con sus dos mil 500 hombres que tenía en Altamira para defenderse.

El historiador ibero no despeja la incógnita de la rendición de Barradas y anota que “no deja de ser una sorpresa (el 11 de septiembre de 1829), pues con una superioridad numérica tan abrumadora era de esperar que el general español se lanzase al ataque de las tropas mexicanas. El porqué de su decisión nos es desconocido”.

Luego apunta a que varias versiones y documentos aseguran la ineptitud de Barradas para dirigir una expedición de esa envergadura.

 

LAS PENUIRIAS  DE LOS INVASORES, UN BARRADAS EXTRAVIADO

Acerca de la personalidad de Barradas, el autor Granados Ramírez   refiere que era de carácter violento a grado tal que en el viaje hacia México sostiene constantes pleitos con el almirante Laborde por diferencia de criterios en cuanto al mejor punto de desembarque para iniciar la reconquista, hechos que culminan en una cena violenta en que Isidro le avienta los platos a la cabeza a Laborde, de mayor jerarquía.

Cita a soldado Eugenio Avinareta sobre el destino de la flota “….(Barradas) no sabía en que punto de Méjico iban a desembarcar, se le preguntó ya en el mar y este dijo que en Tampico, de Tamaulipas”.

El desembarco fue considerado de inicio un desastre, al perder muchos soldados sus accesorios por lo profundo del sitio elegido en Cabo Rojo a 500 pasos de la costa. Todos maldicen a Isidro y pronostican graves problemas. Un soldado se suicida por lo extremo del calor canicular. Todos creen que desembarcan en Punta Jerez, Tamaulipas, pero estaban equivocados a donde llegan es Cabo Rojo, Veracruz.

Lo que Barradas pretendía era llegar a la Hacienda El Cojo, propiedad del español Cayetano Quintero para hacerle entrega de 15 mil rifles que traían para ser repartidos entre los mexicanos aliados a la monarquía.

Caminando decenas de kilómetros bajo el intenso calor, se agotan el agua de los iberos y se ven obligados a beber agua salitrosa y negra (contaminada) que les empieza a provocar diarreas, luego infecciones estomacales y fiebre amarilla.

 

LOS SOLDADOS AZTECAS Y ESPAÑOLES, LAS DESERCIONES

A esto se añade la gran cantidad de deserciones de los mexicas desde que son llevados a combatir, solo que sin uniformes, a veces casi descalzos y  muchos de ellos sin armas, provocando su deserción y regreso a sus pueblos para atender a sus familias, que sin ellos como proveedores era casi segura su extinción.

Las milicias civiles o cívicas estaban constituidas por obrajeros, carpinteros, herreros, peones y labradores sin instrucción militar que  llegaban exhaustos a su destino luego de días de marchas a pie, casi sin calzado adecuado por terrenos pedregosos y espinosos.

Caso contrario era los soldados llamados ‘dragones’, bien equipados que sabían operar armas y cañones. Eran el cuerpo de élite de los mejicanos.

Las tropas españolas también venían limitadas y muchos contra su voluntad, pues son obligados a embarcarse en España por sus negativos “antecedentes liberales”.

“Muchos de los reclutados eran contrarios al absolutismo real y no solo desertaban, sino que hubo casos en que se pasaban a las filas del ejército mejicano”, refiere Salvador Broseta en su libro Las Ciudades y la Guerra. Refiere los casos del cabo barcelonés de 28 años Luis Prost del 1er. Batallón Real de Fernando que se presenta voluntariamente ante oficiales mejicanos para abrazar su causa.

“Los iberos Carlos Ramoli y Francisco Jaime del batallón de la corona abandonan sus filas invasoras, el primero republicano y el segundo preso por contrabando y piden ser aceptados para luchar por la nación mexicana a la que se les trajo para invadirla”, añade.

 

LAMPAZOS Y NUEVO LEÓN PRESENTES

Al saberse de la nueva invasión ibera los estados cercanos envían tropas a Tampico. El 15 de agosto llega Mier a Villerías (Altamira) se contacta con Felipe de la Garza y se entera que para entonces los invasores sufrían los efectos del calor, mosquitos, falta de agua y alimentos. Se dan las primeras escaramuzas y ambos bandos se toman medida.

Santa Anna llega al teatro de operaciones cuando los españoles ya toman Tampico, ocupando espacios donde ahora están la plaza principal y el ayuntamiento. Para el 7, Mier y Terán recibe órdenes de Santa Anna de salir de Altamira y llegar a Santa Cecilia (Madero) para cerrar el camino terrestre a la barra con mil hombres de la división Tamaulipas, escribe David Granados Ramírez en su libro La Victoria de Tampico del 11 de Septiembre de 1829. Se lleva al efecto tres cañones, artilleros, infantería de Soto La Marina, Lampazos y de otros pueblos de Nuevo León, quienes construyen un foso defensivo en los alrededores de la población.

 

TRIUNFO OTORGA IDENTIDAD NACIONALISTA

Según otro investigador español, Josep Fontana en su libro De En medio del Tiempo, “la flota del comandante Laborde se desentendió de Barradas al abandonarlos en Tampico de acuerdo a órdenes superiores y la rendición de España que costó mil 500 vidas fue más por la inundación y la fiebre amarilla”  y que “en España la prensa publica que sus tropas no son vencidas, solo por el temperamento insalubre de Tampico”.

El autor se remonta a la fecha del desembarco, el 27 de julio, cuando una tempestad (ciclón) dispersa las ocho naves que los llevaban –un barco se refugió en Nueva Orleáns-. Se apoderan de la ciudad, donde permanecen encerrados esperando en vano la llegada anticipada de los mejicanos que habrían de unirse a la reconquista”.

Mientras en tierras hispánicas la prensa publicaba que “tres mil 300 españoles han empezado ya en territorio mejicano la grande obra de la sumisión de aquellos países a su legítimo soberano”. Todos confiaban, porque así se los hicieron ver los españoles expulsados, que al llegar a tierra los mejicanos los seguirían hasta la capital.

Esto lo deducían también por las constantes conspiraciones entre los grupos aztecas y por las seguridades otorgadas por los conservadores “que anhelaban el cambio al sometimiento español”.

“Pero a la hora de la verdad, la invasión no solo no halló adhesiones, sino que exacerbó el naciente nacionalismo mejicano”, escribe Fontana en su obra.

 

CICLÓN Y ENFERMEDADES AYUDAN A LOS MEXICANOS

Ese mismo día un ciclón azota a Tampico y causa estragos a ambos bandos. Mier y Terán reporta que las tiendas vuelan y que el agua sube más de 1.80 metros. Los españoles abandonan su fortín de la barra y Mier recibe refuerzos de Santa Anna. Los ibéricos planean  la rendición en Pueblo Viejo al ya no soportar más el fuego y embates mexicanos. Barradas pide el cese al fuego y el 11  firma su rendición prometiendo no volver a tomar armas contra México. Mier redacta su parte final del triunfo.

Luego de varios encuentros los defensores se imponen y los europeos pierden más de mil 300 hombres. Santa Anna es ascendido a general de división y Mier queda a cargo del desalojo final de los invasores, respetando sus vidas y propiedades. En el acuerdo de capitulación se establece que los prisioneros debían ser llevados a Ciudad Victoria mientras eran embarcados por partes, pero Barradas se opone y logra que se mantengan en la costa.

 El 20 de septiembre por la noche llegan a la capital mexicana las noticias del triunfo. Vicente Guerrero la recibe en un balcón del teatro y al ver el comunicado llora y hace leer en voz alta el parte del triunfo. Las iglesias repican campanas, el pueblo estalla en júbilo y los comerciantes regalan vino gritando todos vivas a Mier y a Santa Anna, añade Granados Ramírez. 

En la península, el historiador español escribe en su obra La Expulsión de los Españoles en México que “la contraofensiva mejicana dirigida por los generales Mier y Santa Anna fue poco más que un paseo militar, gracias también a la incapacidad de Barradas” ; “la fiebre amarilla y las deserciones hicieron el resto”

A los vencidos se les permitió marchar luego de jurar no regresar ni ofender de nuevo a Méjico. Mil 800 sobrevivientes son repatriados a La Habana en tres expediciones entre noviembre y diciembre; Barradas decide irse solo por N. Orleáns para ir a España y rendir cuentas de la aventura que les produjo mil 500 muertos (más por fiebre amarilla) y un millón de pesos en pérdidas.

 

DERROTADOS TRAMAN OTRA INVASIÓN

Una nueva amenaza surge en 1830 cuando España planea de nuevo la reconquista pero no se cristaliza la intentona de Fernando VII porque Inglaterra le informa que no solo no podrían ir contra el pueblo que desea ser independiente, sino porque se exponía a perder Cuba si Colombia se unía a Méjico y ambos liberaban a la isla.

Además la corona ibera sufre  la conspiración de El Aguila Negra en la propia Habana y la revolución de 1830 en Francia marca el fin del absolutismo francés y aislamiento de Fernando VII. Como si le faltaran argumentos en contra a España, los galos le advierten que no pueden apoyar  a raíz de los tratados de no intervención firmados con Méjico.

Más aún, Bretaña analiza la situación y no respalda a los iberos para evitar se extendiera la rebelión antiesclavista en Cuba y Puerto Rico, porque dado el caso tendría que operar militarmente y romper el equilibrio en la región caribeña.

Luego de un medio y medio de la supuesta invasión en que se combinan una serie de factores adversos, al siguiente año, en 1830 la corona hispana trama una nueva invasión convencidos de que los mejicanos vivían en la anarquía y querían ser súbditos de Fernando VII.

Pero las noticias de otra incursión fraguada desde La Habana alertan a los aztecas, cuyo gobierno pide apoyo a Inglaterra para impedir la vuelta al sometimiento colonial ibero, pero a pesar de los preparativos España no vuelve a invadir, porque para julio de 1830 Carlos X de Francia es destronado, ante lo cual Fernando VII se reduce a mantener la colonia cubana y conservar su trono ante los graves acontecimientos europeos.

México seguiría esperando las anunciadas invasiones hasta 1831, pero es hasta el 18 de diciembre de 1836, ya con un gobierno español liberal –y a la muerte de Fernando VII en 1833- en que por fin es reconocida la independencia de México a través del Tratado de Santa María-Calatrava.

Vendrían las consecuencias políticas ocurren al interior del gobierno del presidente Vicente Guerrero luego del triunfo nacional, aumenta la oposición a Guerrero, incluida la rebelión del vicepresidente Bustamente, quien se une a Santa Anna declarando inepto y desconociendo a su jefe el presidente. Lanza el Plan de Jalapa de corte conservador y centralista con el que llega al poder Santa Anna en enero de 1830.

 

Fuentes:

Portilla, Miguel León, Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geografía, Ed. Porrúa, 1986.

Granados Ramírez, David, La Victoria de Tampico del 11 de Septiembre de 1829, Vang. Emp., León, 2005.

Zorrilla, Juan Fidel, Tamaulipas y la Guerra de Independencia, Naucalpan, Reedición Gob. De Tamaulipas, 2008

González Pedrero, Enrique, País de un solo Hombre: El México de Santa Anna, v.2, México, Fondo de Cultura Económica, 1993.

Cánudas, Enrique, Las Venas de Plata en la Historia de México: Síntesis de Historia Económica Siglo XIX, UA de Tabasco, 2005.

Ludlow, Leonor, Los Secretarios de Hacienda y sus Proyectos 1821-1833, v.1, México, UNAM, 2002.

Broseta, Salvador, Las Ciudades y la Guerra 1750-1898, Universitat Jaume I, 2002.

Chávez Orozco, Luis, Historia de México, México, Pearson Educ., 2005.

Ruiz de Gordejuela, Jesús, La Expulsión de los Españoles de México y su Destino Incierto, 1821-1836, serie Colecc. Americana, Universidad de Sevilla, 2006.

Fontana, Josep, De En medio del Tiempo: La Segunda restauración Española, 1823-1834. Madrid, Edit. Crítica, 2006.

es.wikipedia.org/wiki/FernandoVII de España

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