| plumas invitadas |
| Escrito por nuestros escritores | |
| lunes, 07 de marzo de 2011 | |
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La sociedad ante el crimen organizado Por: Federico
Zertuche La lucha que libra el Estado nacional contra el
narcotráfico y el crimen organizado no es invento ni capricho del presidente de
turno, ni constituye La Guerra de Calderón, como pretende algún sector de la
opinión pública. Esos criminales están vivitos y coleando, enriqueciéndose cada
minuto como consecuencia de sus múltiples y diversificadas actividades
delincuenciales dentro y fuera del país. Las bandas y carteles del narcotráfico y el crimen
organizado han proliferado desde hace más de tres décadas, se han vuelto más
eficientes y organizados, más letales, despiadados y crueles en sus ejecuciones
y matanzas, su poder de corrupción y cooptación hacia la sociedad en general se
ha extendido considerablemente, y día a día su desafío violento al Estado y a
la sociedad que integra éste, es cada vez mayor y más temerario. Como he señalado y enfatizado anteriormente, podemos
estar en desacuerdo con las estrategias gubernamentales para enfrentar tal
desafío, criticarlas abiertamente, señalar errores y abusos cometidos por el
gobierno o las Fuerzas Armadas en tal desempeño, y más todavía; pero no nos
confundamos: el verdadero enemigo, la real amenaza y desafío al Estado, a la
vida civilizada y pacífica, está del otro lado de donde apunta erróneamente ese
dedo acusador, está del lado de los criminales y narcos. Lo que estamos viviendo no es La Guerra del Calderón,
como falazmente nos quieren hacer creer algunos críticos y sectores de oposición
al gobierno; sino la legítima defensa y, sobre todo, el deber del Estado para
proteger la paz y la seguridad nacionales contra cualquier tipo de individuos,
grupos u organizaciones criminales que las pongan en entredicho, las desafíen y
las amenacen, como es el caso del narcotráfico y el crimen organizado. Así como alzan la voz los activistas de la campaña no +
sangre señalando únicamente al gobierno como causante de la violencia actual,
sin mencionar en ningún momento a los narcos y al crimen organizado, me llaman
mucho la atención casos se asesinatos cometidos por el narco y el crimen
organizado en los que los deudos y activistas culpabilizan al gobierno en sus
tres órdenes y a las fuerzas armadas, sin que tampoco mencionen o aludan
siquiera a aquéllos. Mientras que la sociedad mexicana en su conjunto no
identifique ni señale claramente y sin ambigüedades quién es -en este trance
que vivimos- el enemigo a vencer, y de qué lado estamos, difícilmente podrá
derrotarlo un gobierno sin el respaldo de la ciudadanía. Al contrario, al
sostener que es La Guerra de Calderón, estamos haciéndole un favor al
verdadero enemigo; haciéndole propaganda, contribuimos a legitimar a los
criminales. A Colombia le costó décadas, muchas muertes, toda suerte
de abominaciones, éxodo masivo, pérdidas multimillonarias en su economía y
miles de calamidades, antes de que la sociedad en su conjunto por encima de
diferencias políticas e ideológicas, de clases sociales, regionales o
religiosas, reaccionara como tal, como parte integrante del Estado, para
defenderse resueltamente de las amenazas que ponían en predicamento las bases
mismas de su convivencia pacífica, civilizada, reglada y democrática, como es
el caso actual de México. La sociedad colombiana otorgó sin reservas su apoyo al
gobierno de Álvaro Uribe y al actual, a las fuerzas armadas y a la policía
nacional, legal y legítimamente constituidos, para enfrentar a los criminales
que los desafiaban: a las bandas y carteles del narcotráfico y del crimen
organizado, así como a los grupos guerrilleros asociados a éstos como las FARC
y el ELN. Sólo así pudieron derrotarlos y minimizar su poderío. Recientemente regresé a Colombia luego de varios años de
cuando ahí viví, y me dio tanto gusto verificar el gran cambio para bien que ha
experimentado esa sociedad y nación entrañable que, cuando dejé el país en
aquel entonces, veía sumamente difícil, sino imposible, que pudiese ocurrir. Y
sin embargo se logró. No veo porque México no pueda hacerlo también. Comentarios |