Plumas Invitadas

FANTASMA

Manuel González Arizpe

Se ha hablado de Los Malditos, el libro que encierra años de la vida de  un hombre dentro de uno de los penales de máxima seguridad del país, el infierno en que estos días significaron y los momentos de convivencia con los delincuentes más temidos o glorificados de México.

Jesús Lemus, estuvo en la Feria Internacional del Libro Monterrey 2013, con la edición impresa que encierra sus memorias y que es la que lo ha acompañado en los últimos meses, para conciliar el sueño, para reconciliarse con la vida, después de la amarga experiencia de ser acusado de un crimen que no cometió.

Jesús Lemus Barajas, periodista michoacano, no se imaginaba cómo terminaría el 7 de mayo del 2008, parecía un día normal de trabajo en el periódico que dirigía en La Piedad, fundado por él mismo, “El Tiempo”, sin embargo, ese día marcó su vida.

Lemus Barajas, narra en su libro “Los Malditos” la traición de la que fue víctima. La infamia de un comandante de la Policía Ministerial de Guanajuato, que era una de sus fuentes más confiables, el periodista fue secuestrado para después aparecer en la cárcel de Puentecillas, en el estado de Guanajuato, acusado de narcotráfico en su modalidad de fomento, de ahí es trasladado al Penal de máxima seguridad de Puente Grande, en Jalisco… El inicio de lo que se convertiría hoy en el mejor reportaje de su carrera.

 “Los Malditos, crónica negra desde Puente Grande” es el resultado de tres años y cinco días detrás de las rejas en uno de los penales más famosos del país, porque ahí llegan los criminales más peligrosos en México, y sobre todo, después de la fuga del reconocido Joaquín “Chapo”

Guzmán.

Manuel González Arizpe (periodista y quién hizo la presentación de la obra en la Feria del Libro) sin conocer hasta ese momento a Lemus Barajas, se enteró de la desaparición de su colega a menos de dos horas de sucedido, se interesó en el caso y junto a otros movió “cielo, mar y tierra” para intentar liberar a Lemus Barajas.

EL HORROR DE LA BÚSQUEDA

 “A mí me tocó ser de los primeros enterados del secuestro, del levantón, de la injusta detención sin elementos probatorios que hicieron al periodista Jesús Lemus Barajas, en La Piedad, Michoacán. Porque yo tenía contactos ahí por un reportaje que estaba haciendo. Me entero a las dos horas de la desaparición, y empecé junto con varias organizaciones como Reporteros Sin Fronteras, ARTICULO 129, algunas radicadas en el exterior –pero con representantes en la nación– a localizarlo. Hablamos a la Sub Procuraduría de Michoacán insistentemente, a la de Guanajuato. Hablamos a infinidad de lugares… creo que eso fue lo que le salvó la vida del periodista”, narró sobre los momentos después de alertados de la alerta sobre el michoacano.

 “Finalmente a los dos, tres días, como suele suceder, apareció nuestro amigo detenido en la cárcel de Puentecillas acusado falsamente de narcotráfico, en su modalidad de fomento. Sabedores de esto nos trasladamos junto con algunos compañeros al DF (capital del País), a la

Fiscalía Especial de la PGR, a la Comisión del Congreso Federal, al Senado de la República, donde hablamos con Rosario Ibarra de Piedra para notificarlos de la situación. También platicamos con Gerardo Priego, diputado federal panista, presidía la Comisión especial para Atención a  Periodistas.

 “Deciden formar un grupo de tres o cuatro para ir a visitarlo a la cárcel de Puentecillas, pero nuestra sorpresa fue que los poderes fácticos se hicieron presentes y a las tres horas tristemente nos damos cuenta que lo iban a trasladar a la cárcel de máxima seguridad de Puente Grande, donde muchos sabemos que hay una reorientación y por tres meses no los puede ver nadie”, platicó González Arizpe sobre la odisea que significó dar con el paradero de Lemus Barajas.

“Entones me interese más por la cuestión, fuimos a La Piedad, hasta Michoacán, tratamos de salvar el periódico que había creado con mucho esfuerzo nuestro compañero, se hizo lo posible, pero… el golpe estaba atestado con toda claridad, le habían robado el corazón a la empresa y no pretendían resarcirlo”, recordó el periodista de Basta!.

Jesús Lemus fue trasladado como criminal de alta peligrosidad a Puente Grande, en el que viviría mil 130 días, y en el que sufrió los maltratos físicos jamás sospechados, las torturas jamás deseadas, junto a los demás presos, “como no se pueden imaginar”.

A PUNTA DE GRAFITO Y PAPEL SANITARIO

Luchando por sobrevivir todos los días, sólo en su celda y totalmente desnudo, igual que el resto de sus compañeros del área conocida como Centro de Observación y Clasificación (COC). En ese pequeño centro tuvo la “suerte” de tener como compañeros, en las celdas contiguas, a personajes “famosos”, “estrellas” del crimen, como se les conoce adentro.

Sin perder en un momento el instinto periodista, recogió testimonios en pláticas para “matar” el tiempo que sostuvo con algunos presos, entre ellos Daniel Arizmendi, mejor conocido como “el Mochaorejas”; Alfredo Beltrán Leyva, “El Mochomo; Daniel Aguilar Treviño, asesino confeso de José Francisco Ruiz Massieu; Mario Aburto, mejor conocido como el asesino de Luis Donaldo Colosio; Rafael Caro Quintero; Noé Hernández, “El Gato”, cómplice del Chapo Guzmán, quien hace declaraciones de cómo era la vida del capo cuando estuvo en Puente Grande, habla de las fiestas que organizó, lo que más le gustaba comer, la buena vida que se dio mientras estuvo preso y como fue el día que se fugó.

Lemus Barajas, sin tener ya nada que perder, arrancó sorprendentes revelaciones de cada “famoso” que se le cruzó en el camino. En estas, plasmadas en “Los Malditos”, sale a relucir el Gobernador de Guanajuato, así como otros políticos de envergadura, también elementos de la policía ministerial o federal, que como es del dominio público, entonces ya estaban “arreglados” para dejar trabajar al crimen organizado en la zona en la que se desempeñaban.

 “Cuando estaba en la cárcel en Puente Grande no tenía nada que hacer, entonces me valí de mi oficio periodístico y comienzo a capturar todos los diálogos con los presos en una bitácora de diario, a mi me daban dos cuadritos de papel sanitario todos los días, como parte de la terapia para hacerme sentir que no tenía nada más que esos papeles, y eso es lo que hacía que yo olvidara que realmente no tenía nada, que estaba completamente desnudo”.

“En lugar de utilizar esos dos papelitos como debía de haber sido, yo preferí en ellos anotar una bitácora de diálogos con una puntita de grafito que alguien me dio dentro de la cárcel, una puntita de tres centímetros; con las puras uñas alcanzaba a escribir cualquier cosita, cualquier apunte de lo que yo escuchaba, hacía mis anotaciones. Y ese papel luego lo doblaba, lo sacaba en la visita y se lo entregaba a mi mujer. Mi esposa lo sacaba escondido en los zapatos”, describió con detalle en entrevista el periodista.

“Aparte me permitían escribir dos cartas por semana, una los martes y otras los jueves, como recompensa por mi buena conducta. Esas cartas la escribía frente a un psicólogo y el psicólogo se ponía a leer o nada más me veía escribir. Como todos los periodistas, tengo la deformación profesional de escribir feo, tengo pésima caligrafía y eso me ayudaba para que el psicólogo se cansará de ver la entrada, el saludo a mi familia, el como está, como estoy. Doblaba la hoja, ya no las terminaba de leer, después las echaba en un sobre y ya nadie más las leía, así iban al correo”, detalló Jesús Lemus.

El periodista comentó que nunca perdió la fe, que cada que lo visitaba su esposa, cada tres días, él le decía que todo el material que le entregaba lo guardara porque tenía fe en que un día iba a salir e iba a escribir algo, así fue.

LA LIBERACIÓN

Jesús Lemus no deja escapar la oportunidad de reconocer que su esposa y su hija fueron las que le dieron fuerzas para sobrevivir en Puente Grande. Lemus destacó el trabajo de su compañera, que era la que le informó en todo momento sobre su proceso penal, fue quien juntó las pruebas a su favor.

 “Cuando salgo, en mayo de 2011, comencé a leer y vi que tenía mucho material. A mediados de 2012 lo revisé bien y me decidí en escribir el libro, en octubre, y lo terminé en enero de este año, lo presenté a Grijalbo (Editorial), ellos se interesaron en la propuesta y lo publicaron.

“Siempre estuve pensando en hacer algo, en escribirlo yo no quería dejar pasar la experiencia así nomás, finalmente yo era el único periodista hasta ese momento –-y esperemos que ya no haya más periodistas presos– dentro de una cárcel de máxima seguridad. Ese hecho a mi me movió para hacer algo, no pensé hacer un libro en la forma en la que lo tienen ahora, pero sí en hacer un gran reportaje, al final me decidí por el libro. En la cárcel siempre lo estuve ensayando, todo los días me ponía a pensar en cómo podía ser, era mi pensamiento favorito”, y tal vez el único al que podía acceder.

SEÑALA A SU CULPABLE

Lemus Barajas no se detiene, tiene ese pendiente en el interior, al momento de señalar culpables de su maldita suerte: al ex presidente, Felipe Calderón, al ex Gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, así como a un diputado local en Michoacán y un grupo de empresarios políticos de la localidad, argumentos que refrendó con el asesinato de sus abogados.

“A mis abogados los mataron en agosto del 2009, llevaba pasado un año de mi proceso. Quién sabe cómo fue, la versión oficial de la policía dice que fue un ajuste de cuentas. Ya lo creo, Felipe Calderón estaba ajustando cuentas”, dijo con ironía.

LAS SECUELAS

Jesús Lemus confesó que en algún momento le tembló la mano cuando se encontraba en el proceso de Los Malditos.

 “Salí (libre) cuando el Gobierno de Felipe Calderón iba de salida, a mi aún me daba miedo decir o señalar lo que se decía en la cárcel del Gobernador de Guanajuato, pero no podía omitirlo, porque si lo omito también estaría siendo parte de la corrupción de este señor, me arriesgué, y sigo arriesgándome hasta la fecha.

¿Ha recibido amenazas?

“Bendito Dios no. No he recibido amenazas y espero que no haya, pienso que finalmente no las voy a recibir, porque mi crítica es al gobierno de la administración pasada, a Felipe Calderón, hacía allá hice los señalamientos. Pienso que ahorita Felipe Calderón está más preocupado que yo, el tiene más miedo que yo”, respondió lacónico.

Al periodista Jesús Lemus Barajas le dictaron libertad un 11 de mayo de 2011, dejó Puente Grande un día después, por decisión del director del penitenciario.

“Fueron por mí a la celda y me llevaron al juzgado, ahí me dictan libertad, me dijeron que era libre. Le indique a la notificadora que esperaba la lectura de la disculpa, contestó: eso nunca viene en ninguna sentencia”.

La disculpa ya no le interesó más a Lemus, regresó a su celda gritando de alegría, a pesar del día extra que lo retuvieron.

“Les regalé 24 horas más de mi vida a la cárcel, siendo un hombre libre y sin cargo alguno, eso es un crimen de estado”, y así lo tomó. Lemus Barajas exige hoy la reparación de los daños.

 “En este momento estoy demando a la PGR. La estoy demandando por el encarcelamiento injustificado, quiero que me reparen el daño, moral, económico, social, psicológico y físico, de los que fui víctima, por sufrir una pena de 20 años sin haber cometido delito alguno. Quiero, además, una disculpa pública, que el Gobierno Federal reconozca que actuaron en forma ilegal y que fui objeto de una violación de mis derechos”, acotó el hombre y padre de familia que tiene la esperanza y los elementos suficientes para el reclamo, aseguró.

Hoy por hoy Lemus disfruta de la libertad, la saborea a pequeños pedazos con un refresco helado y una gran hamburguesa, mientras divaga en cada una de las novelas históricas que pasaron por su cabeza durante tres tortuosos años.

Los malditos encierra una dura historia en 300 páginas, pero Lemus tiene más para ofrecer, todo aquello que surgió en sus momentos de evasión.

“Me quedé sólo. Me quedé con la pura imaginación, fueron mi fuga de las paredes hediondas de Puente Grande”, finalizó mientras se cocina Los Malditos para la pantalla grande.

Paellas