Plumas Invitadas

Rapiña en Fundidora

por Guillermo Martínez Berlanga


Las autoridades le han dado un agandalle más al Parque Fundidora, debido la falta de política ambiental en el Estado, aunado a la ignorancia y a la corrupción con que se manejan las autoridades ambientales en Nuevo León.

En este caso en particular del que les voy a comentar, Brenda Sánchez, Secretaria de Desarrollo Urbano en Monterrey, solapada por la política enfermiza de la Alcaldesa Margarita Arellanes, han permitido que se siga depredando el Parque Fundidora, que es el único y último pulmón urbano que queda en la zona metropolitana de Monterrey.

Debería saber Brenda Sánchez que el objetivo del Parque Fundidora en su decreto original, es el de producir oxígeno, reducir la contaminación y el de proporcionar espacios libres y gratuitos a todos los habitantes de Nuevo León, especialmente a los niños y a los que menos tienen.

Brenda Sánchez llegó al puesto de Desarrollo Urbano del municipio de Monterrey, no por meritos propios, o por su capacidad y menos por su currículum relacionado al urbanismo o al desarrollo urbano, llegó ahí  para pagarle el favor de haber autorizado ilegalmente la construcción del estadio de futbol en el Parque La Pastora, con todo lo negativo que esto significa.

Advertimos a Brenda Sánchez, a la Alcaldesa  y a los señores que se quieren apropiar del Parque Fundidora, que vamos a defender el parque, los vamos a enfrentar y nos vamos a amparar.

Basta de rapiña, basta de agandañe y ya basta de que se siga lucrando con  el medio ambiente de nuestros hijos y de nuestros nietos.

La ciudad de Monterrey merece y ocupa a un o una urbanista calificado, no sólo en su currículum académico relacionado con el desarrollo sustentable, independientemente de ser una persona honesta.

Y no tener a un espécimen raro como Brenda Sánchez, que es pasante de Ciencias Políticas, pero que de urbanismo no entiende, ni de sustentabilidad en la ciudad y menos entiende lo que es ser un funcionario honesto, responsable y del lado de los ciudadanos.

Debería de entender ella y la Alcaldesa que al otorgar este permiso se convierten en cómplices de los  depredadores de Fundidora.

Mientras más destruyamos el Parque Fundidora, seguiremos respirando aire más tóxico y más contaminado. 

 

Guillermo Martínez Berlanga es Director del Comité Pro-Rescate Parque Fundidora. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

¿Es cursi el amor?

Por Ernesto Piñeyro Piñeyro.

¿Es cursi el amor? ¡Es cursilísimo, pero vale la pena! Me han preguntado muchas veces que si ser cursi equivale a estar enamorado. Mi respuesta es no.  Hay personas que son cursilísimas y no están enamoradas de nadie, a veces ni de ellas mismas.  Pero estoy convencido que todos los que están enamorados, son cursis de una manera u otra.  ¿Es malo ser cursi? Todo lo contrario, es benéfico para la salud física y mental. Yo creo que en el caso de los enamorados, es parte de esa sensación del amor incondicional, el que no se esconde de nadie para mostrarse.  Los enamorados llegan a perder contacto con la realidad cuando están juntos o pensando en el otro.  Una cosa es cierta, nuestra sociedad está en contra del amor y sus manifestaciones, en especial del amor romántico.  A mucha gente le molesta ver a enamorados que se besan y acarician sin importarles lo que piensen de ellos.  Los enamorados caen mal por la aparente indiferencia que manifiestan para lo que los rodea.  La definición de cursi que da el Diccionario de la Academia y otros más que consulté, parece que no se apegan a la forma en que usamos ese concepto en México o al menos en esta parte de México.  El significado que el pueblo y aun la gente educada, han dado a cursi por acá, es equivalente de “Dulzón innecesario, alambicado en exceso, exageradamente empalagoso, fastidioso, molesto, pesado, enfadoso e irritante. Por todo lo anterior, exhibicionista sin límites en todas esas áreas a grado tal que se les saca la vuelta y se les critica”.   Porque se abstraen en su mutuo conocimiento y dedican sus mayores esfuerzos a conocerse mejor.  Y no estoy hablando de manifestaciones impropias que rayan en el mal gusto.  Yo considero a san Pablo el apóstol del amor, basta ver como lo describe y lo define en la Primera epístola a los Corintios; XIII, 1-8.  En ella sus palabras se parecen mucho a los hallazgos de las investigaciones de los últimos años.  Parece que alguien se copió del otro.  El que está enamorado, da, se entrega con alegría, como lo señala en la Segunda Epístola a los Corintios, IX, 7, diciendo que Dios ama al que da con alegría. Desgraciadamente, el amor ha tenido muchos enemigos a lo largo de la historia, comenzando con el amor filial que se debían Caín y Abel.  A pesar de que estaba escrito que "El mayor cuidara al menor", Génesis. XXV, 23-25. El amor en todas sus formas adquiere las mismas características de incondicionalidad, apoyo mutuo y protección, de comprensión y de entrega.  Sin embargo, en nuestra sociedad actual, el amor se está desdibujando como tal, para dar paso únicamente a la sexualidad sin límites y sin responsabilidad.  Los modelos del amor que se le presentan a los jóvenes actualmente son distorsionados, exagerados, centrados únicamente en el placer. El placer en el amor no es malo, llega a formar parte de él, pero no podrás amar si solamente deseas.  Cuando se ama a una persona no se le piden cosas que le ofendan, como la famosa "prueba de amor", que está tan arraigada en algunas clases sociales.  El que ama, respeta y el verdadero amor sabe esperar.  No puedo dejar de mencionar a la televisión como la transmisora de esos modelos conductuales deformados.  Con su repetición, su colorido, su precisión al mostrar la realidad, supera en efectividad a todos los demás medios, causando un impacto imposible de obtener de otra manera.  Ahora ha aparecido su hermana gemela, la famosísima Internet, que refuerza los efectos de la primera dando al ser humano una sensación de ubicuidad, omnisciencia y omnisapiencia, características reservadas antaño solo para Dios, pero que ahora están al alcance de un ratón de computadora.  Parece que la famosa promesa de la serpiente a Adán y Eva se ha ido cumpliendo, cuando les dijo, "Se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses", Génesis, III, 5.  Y en efecto, la juventud tiene los ojos abiertos, pero en muchos casos para el mal.  Esto es incompatible con el amor.  Hay quienes dicen que los cursis cuentan dinero delante de los pobres pues hacen demostraciones innecesarias de afecto, ardor, entusiasmo por la persona amada, pasión y cariño.  Sin importarles quienes los observan y si los circunstantes o presentes disfrutan o no del amor en esa intensidad, con ese ímpetu, ese frenesí, esa energía que ellos se profesan y se demuestran públicamente.  Con esa aclaración y mi aporte personal al desarrollo de la lengua castellana, deberé decir que SI, el amor es en efecto cursi, cursilísimo y creo que esa es una de las varias razones por las que tienen tantos detractores los enamorados.  Por las que caen mal ante la mirada de los envidiosos que no soportan que les pongan frente a sus ojos los manjares por los que la raza humana se ha enfrascado en infinidad de empresas destructivas, que de otra manera hubieran sido impensables. Por ejemplo Helena de Troya, David y Betsabé, Romeo y Julieta, don Juan Tenorio y doña Inés, y muchos más. Puesto que los enamorados están anestesiados por el amor, intoxicados por la pasión, inmersos en el embeleso de las sensaciones novedosas que se experimentan, por el éxtasis y el arrobamiento, les importa un pepino lo que digan de ellos.  Por la suspensión en el tiempo y en el espacio, por el embebecimiento que les impide sentir dolor de cualquier tipo y los puede llevar hasta el martirio.  Por el embobamiento que los inmuniza contra la burla o la crítica maliciosa, a la cual ignoran con una sonrisa benévola, indulgente, piadosa, compasiva, lo que enciende con más violencia a sus detractores y envidiosos críticos.  Por todo esto el amor es absoluta y definitivamente ¡Cursi, muy Cursi!  Sin embargo yo los invito y exhorto a ser cursis, muy cursis.  ¡No temáis ser cursis!  Se disfruta de la vida en compañía de una pareja, de una manera intensa, arrobadora, enajenante, enloquecedora, incomparable e íntima. Ya lo dice el Eclesiastés, IV;9-12.  "Mejores son dos que uno, porque si uno se cae, el otro lo levanta, y si uno tiene frio, el otro lo calienta..." Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.