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- Categoría: El lector
Autor: José Rivero
Comentario:
Los estadounidenses de origen anglosajón y en su mayoría simpatizantes de la supremacía blanca o sea los “White Supremacists” tienen mucha razón de estar preocupados ya que el crecimiento de los sectores de origen hispano es varias veces mayor que el de los sajones. Tal parece que los hispanos día tras día superan el crecimiento sajón en todos los órdenes. Tenía razón el escritor Samuel Huntington cuando en su famoso libro “Who are We” afirmaba que el relevo hispano en los Estados Unidos era ya ineludible. ¿Recuperamos los territorios perdidos en la guerra con los Estados Unidos?
Autor: José Enrique Carrillo
Comentario:
Buenos días; si te interesa el tema de la democracia, hay un libro titulado Como muere la democracia de Steven Levisky, léelo; es un estudio de los diferentes que viven la democracia simulada; y puedes leer cómo la van matado; esto pasa en mi querido país; en México los partidos políticos, y desde luego actitudes como la del niño Samuel, lamentablemente gobernador de Nuevo León, lo está haciendo y no es raro; como decía Don Carlos Castillo Peraza qepd "a mí no me culpes, yo no vote por él"; el PRIAN Nuevo León e históricamente, como han puesto su parte para matarla, el PAN, el PRI, el PRD, el VERDE, MORENA y demás políticos, que sólo ven sus intereses políticos y personales; la están asfixiando hasta matarla, que no tarda mucho ¿y el pueblo?algún día volverá a decir "hay viene la revolución", gracias por el espacio.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
Con Ojos y Oídos de Niño... de 83 Años, Clamando en el Desierto. - ((//1//)). ¿Debemos Rescatar a Nuestros Hijos e Hijas, de una Relación Tóxica y Peligrosa? ¡Si! Pues podemos salvar sus vidas. Me tocó escuchar a muchos padres y madres decir a sus retoños, en especial a las mujercitas, ¡Esa cruz tú la escogiste, pues cárgala! Siempre pensé que esos padres amaban más a su amor propio, su ego y su imagen social, que a sus propios hijos. ¡Definitivamente! En mis conversaciones sobre el tema, con varios sacerdotes católicos, me dijeron sin excepción, que la responsabilidad de los padres no terminaba cuando sus hijos llegaban a la tan esperada mayoría de edad. Comentaban que la obligación de cuidar, proteger, apoyar y hasta corregirlos, es de por la vida, y no termina a sus 18 años, como muchos creen o insisten. Evento que muchas veces es ansiado de igual manera por padres e hijos. Los primeros, para escapar de la férula paterna y los segundos, para olvidarse de la carga de la crianza, manutención y orientación de sus retoños. Me explicaban estos santos varones, que, ante la mirada de Dios, los hijos son un Sagrado y Precioso Don que les ha otorgado y que deben cuidarlo por siempre. En la sociedad gringa, este fenómeno está arraigado de una manera irracional y feroz. Allá conocí parejas de padres, que al cumplir los hijos los 18 o 21 años de edad, rentaron un departamento para que los chavos y aún las chavitas, se fueran de la casa, a echar pulgas a otra parte. ¡Que les parece! Luego se quejan de las conductas antisociales de los chavos y chavas, que se meten en drogas o salen embarazadas. Mis amados leyentes, recordad la parábola de la Oveja Descarriada, por la cual su pastor arriesga hasta su vida. A ellos debemos atender con urgencia. ((//2//)). Las Piñatas de Mi Infancia. Hace más de setenta y pico de años. ¿Recordáis cómo eran? ¡De varas de carrizo! Recortadas delgaditas y atadas con cordel y cubiertas de papel periódico u otros, más coloridos y brillantes, todo pegado con engrudo de harina de trigo. Llevaban en el centro un gran jarro, lleno de colaciones, frutillas, cañas de azúcar, confeti, naranjas, mandarinas, pitos de barro y serpentinas. Con un golpe de suerte de los más picudos, se reventaban y si el golpe llegaba hasta el jarro, caía una cascada multicolor de todo lo contenido en él. La chiquillería se abalanzaba sobre ellos, en una verdadera batalla campal al ras del suelo. Algunos se metían en las bolsas de los pantalones lo que iban pepenando, pero otros, se llenaban la boca con los dulces que recogían o arrebataban a otro pequeño. Las niñas no se metían a la refriega y solo se dedicaban a observar esta diversión neta masculina, en el corrillo que se formaba alrededor de la batahola piñatesca. Ahora, las piñatas son muy diferentes. Algunas de cartón, otras de papel amontonado y sin carrizos. Recuerdo que se prohibieron estos elementos componentes, porque los niños se causaban enormes cortadas con los filos de las varas del carrizo, cuando las arrebataban unos a otros. Lo mismo pasaba, con los pedazos de los jarros que contenían los dulces. El arte de la construcción de piñatas en forma tradicional, es otro de los que se han perdido, influidos por lo que consideramos modernidad.



