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- Categoría: El lector
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñyero
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño de 84 Años, Clamando en el Desierto". Ahora Resulta, que en Gringolandia ¡No Hubo Esclavitud! ¡Afirman que lo que, si hubo, fue un acuerdo laboral tácito entre Negros y Blancos! Raza ¡Chúpense esta! En mi último viaje a Gringolandia, platiqué con varias personas, que me dijeron se está instituyendo oficialmente, esta gran mentira, una narrativa edulcorada de su pasado. La razón es que varios estados de la Unión desean borrar de los libros de texto de historia gabacha, toda mención acerca de este flagelo económico y social que se abatió sobre la población negra por siglos. Según esto, no quieren que las futuras generaciones de gringuitos y gringuitas, crezcan con el sentimiento de culpa por estas horribles acciones. Estas revisiones se presentan como un esfuerzo por evitar que los estudiantes blancos, “odien a su país”. Me dijeron que pretenden hacer lo mismo en su relación con otras minorías, como hispanos, asiáticos y los nativos americanos, aunque en la realidad siga existiendo en forma de discriminación. Lo que sí está pasando es más perverso: Que de un plumazo desaparezcan todas las vejaciones contra la población negra y otras minorías. Afirmar y convencer que no hubo violaciones, ahorcamientos, persecución con perros, desapariciones forzadas, ejecuciones sumarias y hasta empalamientos. Y todas las que se llevaron a cabo hasta el Siglo XXI y que conocemos por la prensa gabacha. La idea es difundir la idea de que entre Negros y blancos anglosajones, se dio un contrato o arreglo laboral tácito y voluntario. Por medio del cual los Negros aceptaban trabajar sus tierras y obtenían libremente el acceso y derecho para hacerlas producir. Je, je, je. Esto de que fue un “Acuerdo laboral” es falso. Pues históricamente es imposible, porque: Los esclavos no podían firmar contratos. No tenían derecho a propiedad, salario, movilidad, matrimonio legal, autodeterminación, ni educación. Sin embargo, todo eso está documentado en: Archivos judiciales oficiales de Georgia, Louisiana y Virginia. Avisos de periódicos sobre “runaway slaves” o esclavos prófugos. Registros de subastas de esclavos en Nueva Orleans y Charleston. Datos del WPA Slave Narratives Project (1936-1938). Algunos estados están suavizando la enseñanza de la esclavitud y del racismo histórico, pero nadie puede negar que la esclavitud en Gringolandia existió legalmente durante más de dos siglos y está registrada y documentada en leyes, censos, archivos judiciales oficiales, testimonios. Aunque lo nieguen, lo cierto es que la esclavitud fue protegida por las leyes en EE.UU. desde 1619 hasta 1865. Igualmente se haría con los nativos originales, para poder justificar los despojos y robos de tierras de que fueron víctimas. Desde el día que los anglosajones desembarcaron y pusieron un pie en los territorios heredados de sus ancestros, que los poseían desde cientos de años antes. Cambios documentados; Se eliminaron lecciones que explicaban la segregación racial y las revueltas de esclavos. Se eliminó la afirmación explícita de que los negros o afroamericanos fueron esclavizados “por el color de su piel”. Se eliminó la referencia, de que los estados del Sur se separaron para preservar la esclavitud. Se redujo el tratamiento de la abolición y derechos civiles, sustituyéndolo por un enfoque en “valores judeocristianos” y “El excepcionalismo gringo". Que es la teoría social de que gabacholandia es un país cualitativamente distinto a todos, siempre presentado como superior al resto de las naciones por razones históricas, ideológicas, políticas o culturales. Su misión en el mundo: Sostienen que EE. UU. tiene el deber de desempeñar un papel transformador y positivo en la política global. En resumen: No están negando la esclavitud porque no pueden; están intentando borrarla de los libros de historia para que nadie la recuerde. Y eso, raza, es todavía más peligroso e inmoral. Ahora nomás falta que digan en sus libros de historia, (Si es que no lo han dicho ya), que el robo de nuestros territorios en el Siglo XIX, fue un regalo tácito que les hicimos por buenos y bonitos. Je, je, je.



