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Autor: Exau Arra

Comentario:

¿Esto es una nota periodística o una opinión subjetiva de las cosas? (De nuestro sitio en Facebook)

Autor: Gamboa Gpe-to

Comentario:

Exau es la triste realidad que vivimos la mayoría de los mexicanos (De nuestro sitio en Facebook)

Autor: Helios Albalate

Comentario:

Don Plácido, si no le gusta la Fiesta Taurina, guárdese su opinión al respecto, a miles no nos interesa, porque está cabeceando al lado del chingazo. Siga en la grilla política, eso lo hace bien, con la ayuda de usted sabe Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Autor: Plácido Garza

Comentario:

Estimado Sr. Albalate -y sé que si un día tengo el gusto de conocerle le estimaré más- fíjese que no me guardo nada; ninguno de mis 77 editores me impide escribir lo que pienso y menos en mi propio portal www.detona.com porque es mío. Detesto las corridas, las cacerías y el box, y al mismo tiempo respeto y soy amigo de muchos con esas aficiones. Se puede, ¿verdad? Salud y gracias por el honor de su lectura. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Autor: Ernesto Piñeyro.Piñeyro

Comentario:

​"Con Ojos y Oídos de Niño. Monumento mundial a los millones de Trabajadores de la Construcción. Es una amarga ironía, que estos pobres y a veces miserables trabajadores, jamás entrarán, vivirán o disfrutarán de las delicias de los edificios que ayudaron a erigir. Al terminarlos y puestos a funcionar, solo los verán por fuera. A menos que sean edificios públicos, a los que podrán ingresar, pero a veces con ciertas restricciones. En los hoteles de lujo, en los condominios de élite o en las residencias de los pudientes, nunca serán admitidos, como no sea para hacer reparaciones de mantenimiento o limpieza, urgentes y obligatorias. No sé cómo sea en el resto del mundo, pero en México, todos sabemos que la gran mayoría de esos trabajadores viven en casas paupérrimas. Hacinados con sus generalmente, numerosas familias. Una gran cantidad de ellos, trabajan sin afiliación al Imss, que les niegan los patrones voraces e irresponsables. Por carecer de esta protección, todos los días vemos en la prensa, episodios de desgracia total. Por accidentes, que podrían haberse evitado, si les hubieran proporcionado el equipo de seguridad reglamentario y obligatorio. Dándoles, además, la capacitación para usarlo, como es debido y correctamente. Los he visto trabajar, aquí y en gringolandia, bajo el rayo del sol a 40° c., sin agua que los hidrate, porque sus patrones creen que no la merecen o la necesitan. Hundidos en la mezcla de concreto hasta los tobillos, no sé si con botas protectoras, o sin ellas. Con cachuchas o gorras de tela, porque no les dieron cascos protectores contra golpes y la radiación solar. En la capital mexicana, eran frecuentes y típicos, los albañiles indígenas, verlos con sus mecapales, subir por rampas improvisadas con madera de cimbra. Con latas de 20 litros, llenas de mezcla, sobre sus famélicas espaldas. Tambaleándose, a veces alcoholizados, desnutridos y vestidos con huaraches y harapos. Me tocó ver a algunos que perdieron pisada y cayeron al siguiente nivel, derramando el concreto, que después les descontarían de su exigua raya. Se me antoja compararlos e igualarlos, con los esclavos que nos dicen que construyeron las pirámides en todo el mundo. Tanto en Egipto, como en Mesoamérica, día tras día, sin esperar un cambio de suerte, dictada por los dioses de su panteón nacional. Una cosa que me llama la atención, aquí en México y con nuestros albañiles en gringolandia, es que trabajan con cierta alegría, bromean entre ellos y se ríen de sus inesperadas condiciones laborales. Me hubiera gustado haberles preguntado, ¿De qué se ríen, cual es el chiste? A lo mejor no lo habría entendido. En otro artículo, me referí a los obreros que, en los años 50, pasaban frente a mi casa de la calle de Zaragoza por las tardes, después de cumplir con su jornada en alguna de las fábricas históricas de Monterrey. Y escribí que los veía cansados, pero contentos, bromeando entre ellos, con desusada alegría. ¿Será este un defecto genético de nuestra raza mestiza mexicana? Hay una vieja canción tradicional que dice, "También de dolor se canta". ¡Esa es la respuesta! Ahí se los dejo a los sociólogos más picudos, para que investiguen estas incongruencias en el estado de ánimo de nuestros humildes edificadores. También quiero señalar, la costumbre que tienen nuestros albañiles, de calentar sus alimentos del medio día. Son verdaderos gourmets, pues al calentar sus tacos o lo que sea, se suavizan las grasas y aceites, facilitando su deglución y digestión. Entran al cuerpo calientitos, con amabilidad. Todos conocemos los famosos "Tacos de Albañil". El Día de la Santa Cruz, es su gran fiesta, que celebran hasta que el cuerpo aguante. Bronco, ¿Cómo va ese cambio de Opus 102, tan pedido por la raza, que tu ni ves ni escuchas? Por coperacha, ya juntamos para tu equipo de cuico, con todo y garrote, le vamos a agregar un radio, para que estés comunicado. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.