Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro

Comentario:

"Con Ojos y Oídos de Niño de 84 Años... Clamando en el Desierto". ¡Esas Son Mentiras Mijito, hay que Tallarles!  En los años 40, en el mercado de los detergentes para ropa, había dos marcas que se disputaban el favor de las amas de casa; FAB y ACE. Ambos tenían sus "Chingles" musicales, estribillos y anuncios impresos. Cuando trabajé en una agencia local de publicidad y en el Canal 6 de TIM, así les decían a los "Jingles" o tonadas musicales de los anuncios. Los de FAB cantaban; ¡Siga los 3 movimientos de FAB, Remoje, Exprima y Tienda! Por su lado, los de ACE gritaban dos o tres veces, ¡ACE lavando y yo descansando! En esos anuncios, salían bellísimas amas de casa sonrientes, felices, sin una gota de sudor y perfectamente acicalas, con rubor en las mejillas y colorete en los labios. En mi casa paterno-materna infantil, la ropa interior, la de cama y la de mesa, se hervía con jabón de pastilla, en unos grandes baños metálicos del número 24. Para lo cual, sobre varios blocs de concreto improvisaban un fuego enorme con leña de mezquite, sobre el cual sentaban los baños con agua. Luego, después de hervir por cierto tiempo, se tallaban, se enjuagaban, se les agregaba añil, se exprimían y finalmente se colgaban al sol, en unos larguísimos tendederos que había en el fondo el enorme patio casero. Tendría yo cinco o seis años de edad, cuando mis santas progenitoras y la lavandera acromegálica que les ayudaba, (medía casi 1.80), me vacunaron cognoscitivamente y para toda la vida, contra la publicidad en todas sus formas habidas y por haber. Ese afortunado día, estas santas mujeres estaban bregando por sacar adelante la limpieza semanal de una familia de 15 integrantes. Las veía sudar, enjuagar y exprimir afanosamente las decenas de piezas de ropa, cuando se me ocurrió decirle ingenuamente a mi madre y a mi abuela, "Que bueno que hay FAB o ACE, (daba igual), así no tienen que trabajar tanto" y les canté las dos cancioncillas de marras de los detergentes en cuestión. Se me quedaron viendo fijamente y mi madre me dijo con un tono entre compasivo, por mis idiotas observaciones y admonitor con obvias intenciones correctivas... ¡Esas Son Puras Mentiras Mijito, hay que Tallarles! Desde ese momento, se me cayó la venda motivacional y mercadotécnica de los ojos y dio paso a una actitud muy crítica, para la publicidad en todas sus formas. Por varios años, antes de ser psicólogo y después de serlo, trabajé en una agencia de publicidad, en un canal de televisión y fundé mi propia compañía de asesoría psicológica. En ella realicé investigaciones motivacionales y de mercado, además de servicios de selección y entrenamiento de personal a todos los niveles. Me aparté de todas las mentiras de anuncios y la farsa de los estímulos subliminales, advertido y vacunado cognoscitivamente, como lo fui en mi infancia, por mis progenitoras, de las mentiras de la publicidad y los anuncios espectaculares. Nota Bene: Hace más de 40 años, se hizo una encuesta entre tele espectadores, en más de 40 países. Se les preguntó que hacían cuando había anuncios en la pantalla. La gran mayoría respondió que se levantaban, sacaban la basura y al perro, lavaban platos, dormían niños, tendían camas, se lavaban los dientes, pero no los veían. ¿Entonces, para que la publicidad? Los textos gringos de mercago técnia, (Sic), afirman que el anuncio más efectivo, es el más grande, más movido o activo, a colores, más repetido, novedoso, con música y el más caro. Nuestros publicistas se la creen, y convencen a sus supersticiosos clientes. ¡Idiotas! Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.