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- Categoría: El lector
Autor: José Rivero
Comentario:
Las guerras modernas son muy diferentes ahora veremos primordialmente las guerras aéreas las cuales se realizan en la troposfera o atmósfera inmediata. Posteriormente vienen las guerras aéreas más allá de la troposfera o sea en la estratosfera. Se lucha por el control del espacio aéreo y el uso de aviones para atacar objetivos. Implica utilizar diversas estrategias desde ataques directos con los aviones de combate hasta el uso de drones y misiles. Se busca implantar la supremacía aérea. Los drones y sobre todo los misiles se han convertido en herramientas esenciales. Todo esto lo veremos pronto en la nueva guerra Irán-Israel. Dios nos proteja.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño... de 82 Años, Clamando en el Desierto". Chinampinas, Chinguiñas, Chilpayates, Ojos de Apipisca, Chamacos, Machincuepas, Escuincles, Chamaquear, Chescos, Cajetearla, Tlaconetes, Tlacos, Pipis y Gañas, Biyuyos y otras más, de reciente cuño en los medios. La CDMX, es epicentro nacional en México, de la revoltura y neologismos del idioma español, los albures y dobles sentidos en la conversación. Es una especie de deporte social, como una forma de ping-pong verbal, en el que va de por medio la honra y el prestigio de la persona, que alburea a la menor provocación. En los años 40, pasábamos 10 o más días después de Navidad, en el DF, del 26 de diciembre hasta pasado el Día de Reyes. Recuerdo como se burlaban de nosotros, algunos de nuestros primos chilangos al ver que muchas de las palabras que ellos usaban con fluidez no las entendíamos. Especialmente para burlarse de nosotros o mantenernos fuera del juego. Mi abuela materna se encargaba de hacerlas inteligibles y traducirlas a nuestro infantil idioma fronterizo. Y nos decía que no les hiciéramos caso. Además, saboreábamos el agridulce y amargo néctar de los albures y el doble sentido. Que ellos dominaban desde niños con incipiente, asombrosa maestría, cosa que a nosotros no se nos daba. Lo cual nos causaba una perplejidad molesta y a veces dolorosa, pues sentíamos que éramos ofendidos, sin daros cuenta, minus valorados y fuera de lugar. Sobre todo, porque en el contexto familiar nuestro, no se acostumbraba a alburear y mucho menos, recurrir a palabras que podían parecer malsonantes. Con el tiempo me di cuenta de que en el norte del país, si entendemos los albures, el doble sentido y la intención de divertirse a costa de los extraños. Pero que nos parece una absurda pérdida de tiempo, además de una ostentosa ofensa y descortesía y que nuestra valía personal, reside en otras variables, diferentes a las de ellos. Nota bene; Recuerdo que muchas de esas palabras y expresiones venían en los monitos de Gabriel Vargas, de la Familia Burrón y de don Filemón Metralla, pero las pasábamos por alto al no entenderlas.



