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Autor: José Manuel Reyna de la Fuente

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Feliz Año Nuevo es la frase alentadora más expresada en todos los idiomas con un apretón de manos, un abrazo, un beso o virtualmente al través de los medios de comunicación como Monitor Político al cual seguiremos leyendo con el deseo de que las expectativas no sean tan altas como para causarnos desesperación, decepción e impotencia, Los mexicanos tenemos un nuevo conductor de las políticas públicas que ojalá logre enmendar tantos vicios ancestrales que están rezagados y que las expectativas de cambio y mejoría sean llevadas con la sensatez de un Jefe de Estado, tarea cuesta arriba que el Señor Presidente de la República irá demostrando día tras día si en verdad vamos encaminados hacia la transformación pretendida. No es labor sólo de él, es un trabajo de gobernantes y gobernados. La pregunta seguirá siendo como la hizo en su momento Kennedy: ¿Qué podemos hacer cada uno por nuestra Nación? Saludos a Don Ángel Quintanilla y a todos los colaboradores y lectores de este estupendo medio de comunicación social. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Autor: Juan José Gómez

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El “Gran Maestro” de la masonería de Nuevo León, Marco Antonio Alvarado cometió malas actitudes que no son dignas de un maestro y ninguna constitución dentro de la Masonería lo faculta a decretar expulsiones, bajo ninguna circunstancia, esto después de la pasada pelea en la posada de los masones donde Alvarado y el ex procurador Roberto Flores pelaron por cuotas. El día de los hechos, el ex Procurador aseguro, el Gran Maestro se encontraba en estado inconveniente y ofendió a otros integrantes de la Logia Constancia, de la cual Flores Treviño era presidente al momento de los hechos. Ahí el líder masón Marco Antonio Alvarado reclamó en público el pago de las cuotas, y dicho reclamo de acuerdo al ex funcionario Roberto Flores, fue de manera inapropiada y retadora, ante esto el ex procurador respondió de la misma forma y terminó por propinarle una bofetada, ya que dichos insultos no son los adecuados de un líder masón y ya generan división dentro de esta logia. Incluso varios abogados dentro de la logia masón, dicen que existen varias formas que Flores Treviño ve para su situación, una es recurrir a la justicia de los tribunales de Nuevo León para ser restituido como miembro de la Masonería, o esperar a que Alvarado cumpla su periodo y se retire dentro de un año, para que el nuevo Gran Maestro le vuelva a integrar a su Logia. El abanderado de Unificación Masónica, Marco Antonio Alvarado afirmó cuando tomo posesión, que iba corregir lo que se tenía que corregir, si existiere, pero que ninguna acción seria para denostar a nadie, ni tampoco habría cacería de brujas, cosa que el líder de la masonería dejó de lado para recurrir a actitudes y lenguajes inapropiados. Además comentó en ese entonces que la honestidad y la justicia son los caminos que caracterizan a la gran logia para engrandecer a la masonería y no avanzar por ellos es ignorar sus reclamos, pero la empresa del líder masón esta en investigación de varios giros por obras y transferencias que realizan sin transferencia, así lo dijo un miembro de la masonería que sigue el caso de Flores y Alvarado desde que se creó un conflicto. Otra de las cosas que en su momento se pronunció por reordenar las finanzas de la Gran Logia y a avanzar en la presencia ante la sociedad abierta, con acciones sociales en el marco de la Constitución Masónica de Nuevo León y no cumplió Alvarado, aseguran testigos. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Autor: Ariel Zapata

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Con la venia de sus mercedes, me parece que se nos presenta, por asociación de ideas, como nos diría Ernesto Piñeyro-Piñeyro, que Hamlet resurge una vez más: al cuestionarse en la disyuntiva “Ser o no ser”. Y, si tal disyuntiva la trasladamos al legado acumulado en los varios tiempos sexenales tradicionales de gobierno, me quedo estupefacto con los respetables medios de comunicación que al transformar la famosa frase shakespeareana a algo que se ha dibujado a lo largo de este año terminado 2018, llegándonos al momento actual, en este 2019. Ese algo, nos lleva al colapso decisional en el que nos toca distinguir a los mexicanos en las diversas acciones de comunicación de la sociedad ante la nueva disyuntiva “Corrupción o no corrupción”. Lamentable sería si sólo la manejara un sector de la sociedad. Excelente sería si todos los sectores colaboramos sin cortapisas, a su atenuación al mínimo porcentaje. Existe un frondoso árbol, donde se tiene que empezar por las ramas y poder llegar al tronco y a su raíz. Una vez más: To be or not to be. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro

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"Con Ojos de Niño". Carteros y Telegrafistas, desde los años 40, hasta la fecha. ¡Es increíble que sigan siendo los mismos! Desde que adquirí uso de razón, -creo-, en mi pueblo fronterizo, los carteros y los distribuidores de telegramas, visten exactamente iguales. Pasando por la ciudad de México, Tampico y Veracruz, donde disfrutaba mis vacaciones de verano e invierno. Pobres señores, han transcurrido más de 70 años y siguen igual. Los carteros, con sus mochilonas al hombro repletas de correspondencia, que los obligaba, desde entonces, a caminar echados para delante y hacia el lado opuesto de su carga. Me recordaban al anuncio de Orange Crush, en el que un vendedor con un morral lleno de esa fruta, gritaba ¡Hay naranjaaaaas! Desde niño, así los veía pasar frente mi casa con su preciosa carga, y sin el reconocimiento de la gente. Traían un silbato de árbitro deportivo, de los que llevan una bolita o garbanzo, en su interior y que al soplarle fuerte, generaba un sonido entrecortado y agudo. Pero no hablaban, como los de telégrafos. Su cachucha sigue siendo la misma, con su deslavado uniforme de color kaki. Los del telégrafo, eran de mayor jerarquía, pues les daban una bicicleta y un silbato metálico, que emitía un sonido continuo de flautín, acompañado del grito de ¡Telegrama! Y te pedían firmar de recibido, con lápiz, en una libreta sudada, y enrollada como charamusca. Sus noticias se dividían en buenas y malas, es decir, felicitaciones de todo tipo, y participaciones de algún deceso, que no se podía comunicar por teléfono, dado que no llegaba este servicio a todos los rincones del país. En mi pueblo solo había dos oficinas de correos, una en el palacio municipal, y otra a cuatros cuadras de mi casa. Son las únicas que recuerdo limpias y ordenadas, pues todas las demás, incluidas las de la CDMX, eran sucias, amontonadas, con viejos muebles y balanzas desconchinfladas. Con botes de colodión o de cola, semiseca y apestosa, -como  debe ser la cola-, un carrizo pegajoso, o brocha endurecida. Para pegar en los sobres grandes, las etiquetas de remitente y destinatario, y personal con un genio de los mil demonios. Las de telégrafos estaban en un punto medio de orden y limpieza, ya que no debían almacenar las enormes cantidades de correspondencia postal. Por largos años, la tarifa de un telegrama fue de $3.00, M. N., por diez palabras, y $0.10, por palabra extra. Por lo mismo aprendimos a comunicarnos con sufijos y prefijos, tales como, "Comunico-te", "Informote.abuela.muriose.enterraremosla.mañana". El colofón, firma y despedida, eran gratis. Es triste y sintomático de la sociedad y el país en que vivimos, que a estos pobres empleados. Los más humildes, entre los humildes, -con excepción quizá de los recolectores de basura-, pero con la mayor de las responsabilidades. Que les hayan negado el disfrute de la modernidad, que tienen otros burócratas. Y que siempre hayan estado acosados por el ojo avisor de sus jefes y los usuarios, esperando detectarles algún robo o mal manejo. Es cierto, que hubo deshonestos, pero estoy convencido de la honradez de la mayoría. Cada 12 de noviembre, Día del Cartero, si tengo lana, les doy un pequeño óbolo, que agradecen emocionados. Son historia viviente de épocas ya pasadas, y no superadas en 70 años de comunicación. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Autor: Ricardo Garrés Valdez

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Como hoy estoy de buen humor, voy a escribir algo muy interesante, como en una comedia de Seinfeld, quienes fueron a una televisora y les propusieron un programa de ellos. "Its about nothing" (Es acerca de nada) les dijeron. Y claro, los tipos, ignorantes como todos, no aceptaron: no saben el éxito que tienen esos programas, sino pregúntenle a los de Televisa, quienes se especializan en ese tipo de programas. Ya he mencionado que mi esposa nació y se educó en el estado de Illinois, como a 40 millas de Chicago, donde había puro "pueblo bueno" gringo. Viajaban sus padres con sus hijas al pueblo de Los Herrera cada diciembre, donde tienen una casa y un rancho, y eso fue todo lo que conoció de México, con la excepción de la frontera, donde siempre batallaba su padre con los ratas aduanales. Una vez, que andaba de cacería, encontró un zonzo, con el cual se casó: "Un servidor." Con el tiempo me convenció que emigrara a Illinois, porque lo que pagaban en los empleos en México era una miseria; y le hice caso. Una ocasión conocí al cónsul en Chicago, y me preguntó "¿Si usted es economista, que hace en Estados Unidos?" y mi respuesta -afortunada- fue "mi país no  piensa que soy útil para él, Sr. Cónsul." Una ocasión me llama Salvador Cassian, vicecónsul y me dice "Dice el Sr. Cónsul que vengas inmediatamente; y fui. Salvador, me dijo "Dice el Sr. Cónsul que hay un puesto disponible, como asistente del Consejero Comercial de México en New York, si te interesa, esta es la persona y el teléfono en la capital." Llamé desde el consulado por instrucciones de Salvador, hice cita con el Lic. Villa, y el lunes siguiente me presenté en el Instituto Mexicano de Comercio Internacional en la capital, donde me entrevistaron un sin fin de personas. El viernes me anunció el Lic. Villa: "Preséntese en la Consejería Mexicana en Nueva York el lunes a las 8:00 A. M. (¡Pa' su mecha!); y ni siquiera me informó del salario… y no pregunté. Volé ese domingo a New York, y a batallar en la Gran Manzana (hotel, donde vivir, comer, etc.); pero todo salió bien. Allí trabajé un par de años como el "Deputy Commercial Counselor". Pasa el tiempo y cambio de varios empleos, director de PROMEX en New York; luego a Guadalajara, Los Angeles, San Diego, CDMX, Dallas, Austin. Mi esposa conoció el verdadero México (El Norte "no" es el verdadero México... je jé). Se quedó encantada con el trato de la gente, lo cortés y amables de todos, la alegría de la gente, su cultura del centro. Una característica que he visto de los americanos que viajan a México: nuestra cultura secuestra su espíritu y sus sueños. Cuando mi esposa habla de los años que pasamos en el CDMX y Guadalajara, "vuelve a la vida"... Mexicana. Espero que no perdamos esa magia que enamora a quienes nos conocen, con divisiones inútiles porque los mexicanos votaron por un verdadero líder. Hay muchas cosas fuera de lugar y hay que arreglarlas, para eso se requiere tiempo paciencia y comprensión: Solo quien no hace nada no comete errores. Capisci? Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.