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- Categoría: El lector
Autor: José Rivero
Comentario:
Grito. El emblema ‘somos 26’ para usarlo con motivo de la copa del mundo está por demás frito cuando no horrible. Ni modo. Claro que no soy un experto. Me da pena criticar, pero se supone que representa a todo lo regiomontano.
Autor: José Enrique Carrillo
Comentario:
Amigos de Monitor Político; al escuchar al sector político en sus distintos organismos, ya sea diputado, alcalde, senador, gobernador, líderes de partidos, entre todos y más, recuerdo lo que una vez dijo don Tomás Mojarro, "voy al cine y cuando salgo veo la realidad", yo escucho a un político de los que cité "término de escucharlo y observó y miro la realidad"; es curioso, hablan algunos parejo, de todos los partidos políticos o "independientes", si los hubiera lo dudo, como si estuvieran en otro México fuera de la realidad social, de salud, seguridad o de las familias, y en general de muchas áreas que deben existir políticas públicas encaminadas al bien común, el problema del discurso ideológico político, es raro que sea congruente con la realidad, el discurso se basa en promesas, en cifras que es imposible nos percatemos los ciudadanos, si son fuera de nuestra área de residencia; sólo las escuchamos sin que nos consten, salvo en lo económico, en ingreso personal por que el egreso de todo precio sube y nada baja, y obviamente repercute en su bolsillo, eso es de años; imagínese cuánto vale un dólar frente a un peso, si nos quitaron seis ceros y hasta donde cayó el peso, y no hemos bajado a cinco ceros, siendo lo real es lo que vive el ciudadano común o vivimos en nuestra economía y sólo vemos como el gobierno le da a los partidos políticos recursos para sus campañas; y al pueblo, de esos recursos, muchas veces ni siquiera una playera le toca o un salerito de plástico para cuando coma, "lástima margarito" en conclusión: el ideal es lo que hablan los políticos, pero que yo sepa, no comemos ni vivimos de ideales; normalmente están fuera de la realidad y hace tiempo mucho tiempo, de niños, se nos impuso el trauma clos, de santa clos, que ya quedó superado por muchos paisanos no políticos que viven la realidad de cada uno y que ignoran muchos demagogos políticos; gracias por el espacio.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño... de 81 Años, Clamando en el Desierto". Don Reyes, Músico de la Orquesta Municipal de mi Pueblito Fronterizo, (Ca. 1940s). Me parece increíble, que, por aquellos años, un pueblito del tamaño del mío tuviese una banda de música, y que fuese costeada por el erario municipal. Estaba integrada por viejos revolucionarios, compensados así por el gobierno, por su sangre derramada en ignotas batallas, de incierto resultado en desconocidos lares de la patria. La componían un nutrido grupo de instrumentos de aliento, entre los que sobresalía la infaltable tuba, acompañados por varias percusiones, como una tambora, uno o dos tambores planos, 🥁, y platillos. Pero eran suficientes para cumplir adecuada y holgadamente, con los requerimientos y necesidades musicales del pueblo. Don Reyes, que así se llamaba el viejo al que me refiero en este artículo, era nuestro vecino y vivía con su familia, en una serie de destartaladas casuchas de madera que se comunicaban por sus patios, con el nuestro, pero como no había cerca que los delimitara, todo era terreno común de juego. Don Reyes tocaba el corno francés y en varias ocasiones nos dio catedra gratuita de su maestría como interprete y de sus conocimientos como historiador de la vida y desarrollo de su instrumento. ¡Increíble en un músico sin validez aparente! Era un viejo alto, si se le puede llamar viejo a un cincuentón, de color cetrino, cabello grisáceo hirsuto, de cadera "cáida", que usaba el cinturón por debajo de su panza, como sosteniéndola para evitar que se le cayera. Cuando marchaba en los desfiles, resaltaba por su caminar, como que se iba caer y no se caía, daba la impresión de que iba de prisa, siguiendo a sus compañeros de tropa musical, que lo habían dejado atrás. Recuerdo que todos los que formaban aquella desigual banda, eran igual de desiguales, Je, je, je, en sus ropas, uniformes y atuendos musicales. Todos usaban kepís, chaquetas, pantalones, camisas y hasta zapatos de diferentes tipos y colores. Uno o dos llevaban cachucha de cartero o telegrafista, señal de que dobleteaban en sus chambas y botas militares compradas al otro lado, en alguna tienda de segunda. Daban la impresión que se habían apropiado de sus vestimentas, despojando a los soldados muertos, en la todavía cercana Revolución Mexicana. Los domingos y en las fiestas patrias, tocaban en los quioscos de las tres plazas que estaban por la misma avenida principal del pueblo, que era verdadera columna vertebral geográfica. Ahora, que me acuerdo y me asombro al recordarlo, este señor de tan poca importancia en el mundo mundial y el universo que lo circunda, ¡Sabía leer música! Si señores, en varias ocasiones lo vi y escuché, sentado a la sombra del rompevientos y ensayando diferentes piezas con su instrumento, leyendo las partituras, colocadas sobre un destartalado atril. Me quito el sombrero 🎩, ante su recuerdo, a más de 70 años de distancia. Me ha dado una lección de humildad, "Post Mortem", es cierto que todos los días se aprende algo y de las más inusitadas personas. En los varios desfiles que lo vi pasar delante de mí, acompañado de su cuadrilla de uniformados variopintos, una de las marchas que más me gustaba escuchar, de ellos, además de la Marcha de Zacatecas, y el Himno Nacional, era "Lindas Mexicanas", pues sus alientos me llegaban hasta el alma. También tocaban pasos dobles taurinos y militares, que borraban en el espacio, los sonidos y acordes de las bandas de estudiantes gabachos que nos visitaban en los días patrios. Don Reyes, dondequiera que te encuentres, yo soy uno de aquellos niños terribles, pero que se fascinaban con tus lecciones de teoría e historia musical, impartidas con tu amado corno francés. ¡Gracias por tus enseñanzas! Contribuiste a mi melomanía.



