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- Categoría: El lector
Autor: José Enrique Carrillo
Comentario:
Amigos de Monitor Político; interesante la crisis política que vive nuestro querido país; miembros de partidos políticos vs miembros de partidos políticos del mismo partido, gobernador de nuevo vs PRiAN legisladores de Nuevo León; poder ejecutivo federal vs poder judicial de la federación; diría don Pancho y doña Panchita, ¿esto en qué irá acabar? y nosotros pueblo, ¿qué? no atienden temas de una infraestructura real de salud fuera de las áreas metropolitanas, del valor familiar, la violencia familiar diaria, el agua, ya se huelen cortes, el bulling en escuelas; ya golpearon a una joven estudiante y la mandaron como consecuencia a su sepelio qepd, les preocupa más que gane el tricolor de fútbol que parece un sueño con pesadilla porque si deja$$$$ y el pueblo no deja$$$, espero como el filder del infinito, solo viendo al cielo a ver qué cae, de don Abel Quezada, qepd, amén; solo me queda pensar que ojalá los sectores que mencioné al inicio, en una utopía, que volteen al soberano que les creyó al 100%, y preguntarme ¿qué nos pasa? Gracias por el espacio.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño... de 81 Años, Clamando en el Desierto". El Bellísimo Idioma que Hablamos, Herencia Española. Aunque le pese a AMLO, a su bella Señora y a sus concubinos chupa flautas. Mis amados y pocos leyentes, ¿Habéis hecho consciencia de la belleza con que podemos expresarnos los hispanohablantes? ¿De la riqueza y extensión conceptual que disponemos para hacerlo con elegancia, precisión, profundidad y variedad? He leído que el árabe es el idioma más extenso de la Tierra, pero no el más bello, eufónico, eurítmico, flexible y elegante. La cantidad de homónimos, homófonos, pseudónimos, homógrafos, topónimos, epónimos y todas las demás formas calificadoras semánticas y etimológicas, hacen del español, un caso único de flexibilidad cognoscitiva. Que cada palabra que fluye de nuestras bocas nos convierta en Crisóstomos, o sea, los de la boca de oro, o que de las plumas que eyectan tinta sobre el papel, las palabras se conviertan en pequeñas joyas y miniaturas, como las que adornaban los libros medievales, sacros y profanos. Una apuesta provocadora, ¿Sabéis de donde viene la palabra miniatura? Os daré un norte u orientación, con la siguiente cadena de términos, que son derivados del anterior; Miño - Minio - Miniado - Miniatura. Veamos, pues, El Río Miño, corre por toda Galicia y en su última porción, sirve de frontera entre España y Portugal. En sus orillas, aguas, vegas y minas cercanas, hay minerales que contienen un elemento llamado Minio, óxido de plomo de color rojo anaranjado, reconocido por sus propiedades antioxidantes. Éstas al diluirse con otros elementos y colores, dan una amplia gama de tonalidades, que sirven para pintar, todo en ese color mencionado. Se llama miniado, al proceso aplicado con esta pintura a las figurillas y letras iniciales, con que se ilustraban y adornaban los pocos libros en la antigüedad y la Edad Media. El resultado, es un pequeño grabado impreso, que se llama ¡Miniatura! En nuestro estado de Querétaro, también se ha encontrado esta substancia. Actualmente, este material, tiene usos múltiples en la industria, como protector de superficies metálicas. Volviendo a nuestro idioma ibérico, me apenan, me tuercen las tripas y me enfurecen, las personas que, sin necesidad llenan de inmundos parches anglosajones, sus dichos y expresiones en español. Creen que, con esos giros y desfiguros lingüísticos, se oyen, se ven o son más cultos y elegantes. Los hay que, hasta sus nombres de pila españoles, obtenidos en el bautismo católico y el registro civil mexicano, traducen cambian y mudan sus bellos y eufónicos apelativos castellanos, a otros en inglés. ¡Pobrecitos, tránsfugas de su lengua materna, que mamaron junto con la leche del seno de sus madres! Y lo pior, (sic), es que, por conveniencia, también abandonaron la fe de sus mayores, con tal de tener chamba en el estamento económico protestante. ¡Uff! Durante el post grado, unas compañeritas gringas muy monas, me quisieron cambiar mi eufónico y resonante nombre, por el hipocorístico o "nickname" inglés de Ernie. Les advertí que, si deseaban continuar gozando de mis concesiones amatorias, renunciaran a este horrible despropósito tan gabacho. Temerosas de carecer de mis dichas artes, aceptaron y me siguieron llamando por mi nombre original. (Si, como no). Je, je, je.



