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- Categoría: El lector
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño... de 82 Años, Clamando en el Desierto". ¿Qué Dosis de Verdad, Puede Soportar el Ser Humano? Esta es una aguda pregunta que se planteaba el escritor y filósofo alemán Frederick Nietzsche. (1844-1900). La hacía como una crítica a la hipocresía que reinaba en su tiempo, en todos los niveles sociales. Sin ser simpatizante o lector profundo y asiduo de sus obras, yo me hago una pregunta similar, pero, cambio "verdad", por dolor. "¿Qué dosis de dolor puede soportar el ser humano?" Respóndanme ustedes mis amados y pocos leyentes. Si sois creyentes y cristianos recordaréis lo que dice en la Epístola Católica,1 Corintios X: 13, que, "Dios nos envía las pruebas, al tamaño de nuestras fuerzas", cosa que yo he empezado dudar, pues me parece que a veces se le ha pasado la mano a Diosito conmigo. Es una frase que nos explica la idea de que Dios, como padre amoroso solo nos da pruebas que podamos superar. Es decir, las pruebas que nos llegan en la vida son proporcionales a nuestra capacidad y aguante para superarlas. Sigo sin entenderlo o aceptarlo. En cuanto al dolor y la verdad, pero juntas, o sea, concomitantes, concurrentes y simultáneas, eso es otra cosa. ¿Qué pasa por el corazón humano, cuando alguien descubre secretos de familia, por ejemplo, que su padre era un ladrón, un vicioso, corrupto hasta la médula? O que la adorada, respetada e idolatrada madre de familia, que tenía reservado un altar en el hogar, fue una mujer de afectos cambiantes y que los vendía al mejor postor. O que los abuelos se dedicaban al contrabando, la trata de personas y que el burdel más grande y famoso del pueblo, era de ellos. Tuve un amigo de primaria, en la escuelita católica de mi pueblito fronterizo, que un día se despertó con la noticia de que era el heredero de uno de esos lupanares. Pero en el campo del dolor de los humanos, ninguno se compara con el que se sufre y siente, por la muerte de un hijo. He dicho antes y lo repito aquí, que en esos momentos el dolor se convierte en locura intensa y absoluta, se pierde el contacto con la realidad y nada nos proporciona consuelo. Eso, en la mayoría de las personas normales. Por lo mismo, no comprendo cómo los fanáticos de una ideología "X", pueden renunciar a sus hijos inmolándolos. Como los cananitas ante su ídolo Moloch, que arrojaban a los infantes vivos, en un agujero abierto en el vientre de una estatua del dios, en el que ardía un fuego intenso. Aquí, en Monterrey, fui testigo de estas prácticas de abandono, no de sacrificio cruento, entre activistas de izquierda, que dejaron regalados y abandonaron a sus pequeños, por seguir una causa que finalmente fracasó. ¿Se podrá confiar en sujetos que no demostraron el mínimo apego afectivo y emocional a sus criaturas, como hacen la mayoría de los humanos, y a veces hasta los animales? Por el más elemental sentido de conservación, (no instinto), le pido, le suplico al pueblo mexicano que no repita el error de los cananitas, votando por los candidatos de Morena. Nuestro actual presidente arrojó en el horno del cáncer a cientos de nuestros niños, privándolos de las medicinas que podrían haberlos salvado del dolorosísimo e inútil sacrificio de sus cuerpecitos. Y a los padres, en el profundo abismo sin fondo de la depresión que nunca los abandonará, por el resto de sus vidas. Como dijo el Cristo, ¿Qué padre le daría a su hijo una piedra, si éste le pide un pan, o una serpiente, si le pidiera un pez, o un escorpión, si le pidiera un huevo? (Mateo; VII, 9-11 y Lucas XI; 11-13). ¡Pues AMLO y López Gatell, les dieron piedra, serpiente y escorpión, a nuestra inocente niñez! No confiéis en los cantos de las sirenas de izquierda, sólo porque os regalan 30 monedas de cobre bimestralmente, te las van a cobrar con intereses del 100%. Y lo más probable, en las carnes de vuestros hijos, sometidos a una dictadura de izquierda. Así lo ha demostrado AMLO con la tragedia de Acapulco, por más que ahora trate de negarlo, preocupado y dando consejos de cómo empacar los huevos, ¡Para que no se rompan! Como dicen en el rancho, ¡Que huevos tan azules! Todos somos Acapulco, en estos momentos, por ellos gritemos 1000 veces diarias, ¡BASTA!



