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- Categoría: El lector
Autor: José Rivero
Comentario:
La guerra de los niños. Salvatore Sabella, de noventa años y originario de Nápoles, Italia nos da su fiel testimonio de cómo él y un par de cientos de niños le declararon la guerra a la Alemania Nazi en 1943. Jóvenes de trece y catorce años se enfrentaron a las tropas alemanas que victimaban a los soldados italianos acusándolos de traidores por no seguir combatiendo a los ejércitos aliados. Salvatore hace un par de años fue públicamente condecorado por haber expulsado a los soldados alemanes perdiendo los niños héroes muchas vidas. Ahora los jóvenes del mundo afrontan una nueva guerra de los niños no con fusiles y ametralladoras sino con el poder de compra de sus hogares no consumiendo productos y servicios de una docena de países señalados como criminales de guerra. Los niños ganarán esta nueva y valiente guerra que sus padres cobardemente rehusaron.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
Con Ojos y Oídos de Niño... de 82 Años, Clamando en el Desierto". Fofi Flores. Fue el entrenador de nuestro equipo de atletismo, en la Preparatoria Número Uno de la UNL, en los años de 1957-1959, los llamados del Centenario del Colegio Civil. No me acuerdo si se llamaba Rodolfo y Fofi era su hipocorístico o nombre de cariño. Se dedicaba a la joyería, como modus vivendi. Tenía dos locales, uno en el centro por la Calle de Padre Mier y otro, por la de Zaragoza a una cuadra de mi casa. Esta la atendía una chica bellísima, que creo era su familiar, pero no sé en qué grado. Lo de entrenador, creo que lo hacía por pasatiempo y amor al deporte. Fofi manejaba un Fiat 1100, del año. Aquellos carros italianos chiquitos, que, por su diseño, no sabías si iban o venían, pues en ambos extremos terminaban con líneas muy parecidas, excepto las luces. En muchas ocasiones que debimos ir a competir al Parque Acero, al de FLIR o a Ciudad Universitaria, se llenaba hasta con ocho chavos, que nos metíamos con calzador adelante y atrás, y se le abrían las ruedas traseras por el peso, en busca de equilibrio. Antes que él, por varias semanas, tuvimos como entrenador a un profesor de apellido Nájera, pero prefirió irse a la Prepa # 2, en la calle de Matamoros en el Obispado. Fofi era un señor muy chaparrito, pero había destacado en algún deporte, creo que softball o natación, por lo tanto, sabía de las mieles del triunfo deportivo. Sin ser psicólogo, nos estimulaba siempre positivamente con palabras como, "La próxima será mejor, no te preocupes" o "Vamos a ganar con tus puntos", pues el triunfo por equipos se obtenía por los puntos acumulados, que el concursante aportaba en cada especialidad. El primer lugar, obtenía 6 puntos, el segundo, 5, el tercero, 4, y así hasta el sexto, que aportaba un solo punto, pero podía hacer la diferencia en la suma total. De su bolsa, él pagó todos los uniformes del equipo, que eran camiseta y pantalón corto, azules con vivos oro, y con la "U" de Universidad, en el pecho o en la espalda. Los lucíamos con un orgullo y arrogancia de héroes olímpicos, ante la mirada de nuestras condiscípulas. Yo participé en jabalina, siempre con el segundo o tercer lugar. A veces en disco con el tercero o el cuarto y como relleno, en los 100 y 200 metros planos, ahí si llegaba en quinto lugar, pero el esfuerzo era tremendo y los puntos eran importantes. Lanzar la jabalina, era toda una realización personal para mi ego de adolescente, con mis compañeritas de salón y otras, flanqueando la pista por la que corríamos tomando impulso, para arrojarla lo más lejos posible. Bajo la mirada secreta de mi novia platónica, con nombre de flor, que podría haber sido Margarita, Rosa o simplemente Flor, que celebraba mi triunfo momentáneo con gritos de contenida alegría. Durante los breves segundos del vuelo del venablo, se hacía un silencio total, viéndolo surcar el aire, hasta que se clavaba en tierra. Entonces, se escuchaba una explosión de júbilo, al ver que se daba por bueno el lanzamiento. Fofi traía siempre una cámara fotográfica, con la cual ha perpetuado muchos de aquellos momentos de gloria. En los que, por dos años, la Prepa Uno siempre quedó en primer lugar y, cuando nos integrábamos al equipo oficial de la UNL, contribuíamos con nuestros puntos y esfuerzos al triunfo universitario. Sin embargo, había atletas en otras instituciones educativas, sobre todo privadas, que nos superaban individualmente, pero como equipos, no nos alcanzaban. Fofi convocaba por su cuenta a la prensa local, para que cubrieran los eventos en que participábamos. Eso nos permitió integrar nuestros álbumes del recuerdo, con recortes de nuestros éxitos. Yo los perdí, junto con las oxidadas medallas de premiación, lástima. Pensaba incluir los nombres de todos los integrantes de aquel "equipo soñado", pero mi flaca memoria dejaría fuera a algunos, lo que sería injusto, además, no creo que les interese saberlos, a 65 años de distancia. ¡Viva Fofi Flores! 1000 veces, ¡BASTA! Polacos.



