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Categoría: El lector
Creado: 15 Noviembre 2023

Autor: José Manuel Reyna de la Fuente

Comentario:

Basados en el espíritu de Amado Nervo en su poesía EN PAZ, el Arquitecto Héctor Benavides fue un Arquitecto de su propio destino, Descanse en paz en su casa celestial. Tuve el gusto siempre entre sus millares de amigos de decirle; Hola Güero, al coincidir en algún sitio. Mis condolencias para su familia y a todos sus discípulos y compañeros de Multimedios Radio y Televisión. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro

Comentario:

Con Ojos y Oídos de Niño... de 82 Años, Clamando en el Desierto". ((//1//)). Héroes Urbanos Anónimos. INVIERNO. 8:00 de la mañana, caía una lluvia típica de la estación, fría, menudita, como pelusita, esa que llaman "Moja pendejos", pues ellos afirman que no moja y acaban empapados. Había 10 grados Celsius de temperatura ambiente. Afuera se escuchaba la insistente campana del operador del camión de la basura y los gritos de los chicos alertando a los vecinos, que muy pocas veces, de cuando en cuando, les damos propinas. Salí a poner mi bolsa de deshechos en su lugar habitual y me topé de frente con tres chavos, no mayores de 20 o 22 años. Famélicos, flacos, huesudos, con ropa que les "volaba" y descubría sus carnes, sin ropa interior. Todos tiritando y cubiertos en sus espaldas parcialmente por bolsas de plástico, que el viento agitaba, y desplazaba de su posición protectora, exponiéndolos a la gélida llovizna invernal. Sus cabellos húmedos, al igual que la parte inferior de sus ropas, los zapatos tenis, enlodados por completo. Todo su atuendo era de verano, o de "Entre tiempo", como dicen los Fifís AMLOdianos, pues quizá no habrían tenido tiempo para surtirse de ropas para la temporada invernal en los almacenes usuales. Alegres inexplicablemente, con expresiones de felicidad aparente, pero en el fondo de sus ojos, se detectaban las penurias de su vida. Bromeaban entre sí, mientras el chofer del camión cómodamente los vigilaba desde su protegida cabina. Me han dicho que estos les quitan parte de las exiguas dádivas que reciben de los vecinos. Me pregunté, ¿Serán ellos corruptos? Tal y como afirma AMLO que lo son muchos mexicanos. ¿Serán Fifís o serán chairos? ¿Qué cosas obscuras harán diariamente en sus pulquérrimos trabajos y excelentes condiciones laborales? ¿Lavarán dinero que les dejan entre la basura, para no levantar sospechas? Uno nunca sabe, ¡Caras vemos, corazones no sabemos! Solo AMLO sabe. ((//2//)). Héroes Urbanos Anónimos. VERANO. Como a las 3 de la tarde, me disponía a solazarme con unos deliciosos camarones del golfo, a la mexicana, acompañados de una Carta Blanca, la mejor cerveza. Cuando escuché a lo lejos, la inconfundible campana del camión de la basura, que se distingue claramente del sonido de los carretoneros, que le pegan con una varilla metálica a un rin de llanta de carro, partido por la mitad. Me apresuré a sacar mi bolsa de basura, que se había llenado con las cáscaras de los camarones y que en pocas horas inundarían la cocina y parte de la casa, con sus aromas de descomposición. A media cuadra de mi casa, venían corriendo con desusada ligereza detrás de la pesada unidad, tres chavos con complexión de atletas corredores de fondo, cuando menos de los 10,000 metros. Con esto quiero decir, que estaban flacos. Los reconocí, eran los mismos chicos del pasado invierno, pero ahora en atuendos propios y adecuados de la estación veraniega, como manda la rigurosa e inflexible etiqueta laboral en el vestir. Como ejecutivos responsables de la limpieza urbana. Jadeantes, como galgos recién corridos, en cada inspiración se dibujaban sus costillas en sus ropas y en sus carnes magras mojadas en sudor. Me sorprendió de nuevo, su talante sin conflictos, ya lo dije antes, inexplicablemente alegres y hasta juguetones entre ellos. Solo que ahora era el Astro Rey, el que, con 40 ° C, imponía el ritmo de su andar, su correr y su sudar. Se protegían del sol con cachuchas y paliacates en el cuello, la ropa manchada por las inmundicias que recogen. Invito y reto a AMLO y a sus cófrades y concubinos, a seguir cuando menos por cinco cuadras, corriendo detrás del camión, cogiendo bolsas y vaciando botes de basura, yo también me apunto a mis años, a ver quién supera a estos famélicos aseadores citadinos. ¿Será corrupto el chofer que los despoja de su lana, que le digan a AMLO, a ver que se le ocurre? Es el mismo, que, fumando, masticando chicle y apurando una fresca soda de sabor, saca el brazo de la cabina y le pega a la portezuela para indicar que va a arrancar con la velocidad reglamentaria. Comparemos las tres horas que se pasa todas las mañanas AMLO despotricando, persiguiendo, señalando, burlándose, descalificando y rasgándose las vestiduras, con CERO productividad. Contra un solo turno de estos héroes urbanos, que ni se quejan, ni le aflojan, a ver si le da vergüenza al jeñor prejidente, que cobra por decir dislates, idioteces y pejendejadas. Ellos conocen la realidad de las calles de México, mejor que cualquier sociólogo o politólogo. Ellos, los del peldaño más bajo de la escalera laboral salarial. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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