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- Categoría: El lector
Autor: José Rivero
Comentario:
Votaré bajo protesta. Dos temas: 1/ La candidatura de Xóchitl con el solo apoyo de los partidos políticos tradicionales conocidos por corruptos se desinfla. Todavía no entiendo qué pasó con los respaldos empresarial y de las organizaciones de la sociedad civil. 2/ Monterrey carece de buenos analistas políticos íntegros (tenemos cuatro o cinco, pero faltan más) de renombre, solo en el programa ‘la hora de opinar’ tiene durante la semana más de una docena de excelentes personajes. Televisoras regiomontanas: tráiganse uno.
Autor: José Enrique Carrillo
Comentario:
Amigos de Monitor Político; de reflexión: la gran mayoría de mexicanos no políticos, tenemos la enfermedad del alemán o tal vez nunca supimos o no nos importó, el nombre del diputado federal o local o senador o síndico o regidor que pertenecemos en los distritos electorales; el alcalde, gobernador o presidente si, gracias a los medios de difusión; el alcalde lo mencionan de repente y el gobernador y presidente, diario, sería el colmo no lo hicieran; los mercenarios políticos empezarán a chapulinear por el año electoral, prometiendo lo que no se refleja en su trabajo o no hacen y se repite la novela trimestral, el pueblo volverá a votar a quien le pongan, si es de su partido, si quiere a Morena o no la quiere, como ya ocurre con el hoy fracasado PAN, PRI o PRD u otro partido político, sin duda el voto no razonado seguirá y el ausentismo al mismo; dentro de tres años, se repite la historia; no sabemos quiénes nos representan, salvo los que los medios de comunicación nos marquen la línea que decidan; es real voy a votar y los candidatos la gran mayoría, sólo en su casa los conocen, y otros son chapulines mercenarios de la política; gracias por el espacio.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño... de 82 Años, Clamando en el Desierto". El Triunfalismo es una Locura Aguda y Florida. ¿Como está eso? ¿En qué se parecen esas conductas? La respuesta es muy fácil y evidente, si tomamos en cuenta que la primera de las cosas que caracterizan y describen a las psicosis o locuras, es la falta de contacto con la realidad. Es decir, esos loquitos no tienen contacto con ella, no la perciben, o no la interpretan adecuadamente y no es a causa de problemas en los sentidos como la visión, la audición o el tacto. Son trastornos de la percepción, con orígenes no especificados, sus cerebros están mal alambrados. Lo mismo pasa con las conductas triunfalistas, los que las poseen, son megalomaníacos, con pensamientos grandiosos en cuyo centro se encuentran ellos. A menudo desarrollan ideas de referencia, es decir, se sienten observados y perseguidos. Llamarlos egocéntricos es tratarlos con una delicadeza que no los describe por completo. Veamos unos ejemplos que, por difusión propia, son del conocimiento de toda la ciudadanía. Es decir, ellos mismos han difundido a la luz pública, sus locuras, con el agravante de que no se dan cuenta de lo locos que están. Son como los que se mean en los pantalones y al sentir calientito, disfrutan la meada. Uno, es AMLO, otro, Samuelillo, otras, las feministas radicales, unos más, los lame traseros y chupa pitos oficiales, los intelectuales de pacotilla y escritorio, polacos gringos con Donald Trump a la cabeza. El triunfalista tiene un defecto óptico-emocional, que hace que la más pequeña brizna, de éxito, se transforme en sus ojos y emociones, en un gran logro faraónico personal. Muchas veces se apropian de esas briznas ajenas, sin pedir permiso o aun pidiéndolo y aunque se lo nieguen. Ya he mencionado que en la nomenclatura actual de los trastornos y desórdenes mentales, dada la complejidad de estos fenómenos, así como de su etiología, o sea, sus causas, se prefiere considerarlos multifactoriales en sus orígenes, y describirlos, más que explicar su composición. Quiero decir, que la personalidad de los triunfalistas, a pesar de ser esta su principal característica, puede estar teñida o "salpicada", de otras patologías, en menor o mayor grado. Por ejemplo, la conducta obsesiva-compulsiva de nuestros dos modelos escogidos, el primero, con la insistente denostación, descalificación y escarnecimiento, de sus opositores, imaginarios o reales. Usando repetidamente los mismos términos como conservadores, reaccionarios, neoliberales, oligarcas, aspiracionistas y neoporfiristas, entre otros. Es obvio que carecen de la autocrítica, que los lleve a ampliar y modificar su lista catálogo de epítetos derogatorios, pues se sienten cómodos en sus propias limitaciones lingüísticas, lo que nos indica su pobre y escaso bagaje cultural. O la actitud paranoide de sentirse perseguido por todos sus oponentes y adversarios, viendo en cada esquina a un enemigo que pretende desbarrancar sus grandiosos planes de renovación social y moral. Ambos dos, AMLO y Sammy. El triunfalista es un mentiroso certificado, al que no le da pena que le señalen sus mentiras y atribuye las críticas a ellas, como parte de todo un plan en su contra, ideado y orquestado por sus enemigos. Tal el caso de Trump, que con el mayor cinismo se queja de ser el blanco de una conspiración dirigida por sus malquerientes. He mencionado anteriormente, que no se necesita ser un psicólogo o un psiquiatra, para darse cuenta de lo deschavetado que está este señor. Pues hasta un niño de cinco o seis años, se da cuenta que algo anda mal en la conducta de Dlanod. ¿Como es posible que la mitad de los votantes de la supuestamente primer superpotencia económica y militar del mundo, se identifique y apoye a este loco, desequilibrado mental? Pensar que Diosito nos los puso de vecinos a Huevo, Él sabe por qué lo hizo. Los triunfalistas son total y completamente reacios e impermeables a las críticas, nomás sus chicharrones truenan, solo sus tacos tienen crema y su menudo picante. Lo podemos ver todos los días en las mañaneras de AMLO, en las redes sociales de Samuelito y en el caso de Trump, en la actitud que demuestra aplaudiéndose a sí mismo, cuando llega a alguna ¿reunión. Recuerden, triunfalismo y locura, van de la mano. ¡OJO! A la descripción de Samuelito, agréguenle la de narcisista, enamorado de él mismo, y nadie más.



