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- Categoría: El lector
Autor: José Rivero
Comentario:
Domingo de Palmas. Bueno, pues se lució Andrés Manuel. La fiesta le salió bonita y su aguante se hizo manifiesto. Enfrentó su entrada a otro Jerusalén plagado de turbas que le aclamaban y cerraban a su paso. Las fotos no paraban y el pueblo al fin globero no cesó de en su manifiesta alegría. La verdad me golpeó, pero más me golpea la agonizante esperanza. Domingo de Palmas.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño... de 81 Años". ((//3//)). Para Mis Viejos Amigos y Mis Amigos Viejos; Es esta, parte final de mis recomendaciones a esas viejas amistades; La Inevitable y Triste Despedida. Puedo ya entrar en el tema que me ocupa, para dirigirme a ustedes; el bien morir. Si es que se puede decir y afirmar que hay tal muerte buena. Yo digo que sí la hay, pues no es lo mismo morir en paz, que en guerra y pleitos con todos los que te rodean. Despedirte de tus seres queridos y no tan queridos, tanto de los que te ofendieron, como de los que hiciste víctima de tus ofensas. Los que les quedaste a deber dinero, explicaciones, misericordia, perdón, agradecimiento o simplemente un amable adiós. Es el momento de pensar, qué hacer con la gran cantidad de baratijas, que llaman menaje, de cosas que acumulaste lo largo de tu vida; libros, papeles, diplomas, muebles viejos y apolillados, olorosos a barniz seco y rayado, con huevos de cucarachas. Medicamentos caducos, que iniciaste, suspendiste y acumulaste negándote a tomarlos. Hay quienes poseen tal cantidad de libros y discos musicales, que paralizan a los que desean poner orden post mortem en sus cosas. Ropa de todo tipo, viejos y pesados abrigos de densa lana fina, sombreros de copa, de fieltro y paja, panameños, gorras, guantes, corbatas. Paraguas despatarrados por el uso y bastones con puntilla autodefensiva oculta. Zapatos arrugados y apestosos a sudor, que se quiebran al enderezarlos. Decenas de calcetines, camisas y ropa interior de verano e invierno, pantalones, cinturones, desde 28 a 54 pulgadas de cintura, que se fueron arrinconando después de cada estación festiva. ¿Y con las cartas del corazón, más bien de varios corazones que te amaron? Yo te recomiendo incinerarlas, mientras puedas y estes lúcido. Nadie tiene derecho a enterarse de lo que pasó entre dos amantes. Si acaso fuiste un coleccionista informado, habrás reunido cosas valiosas, como monedas, timbres, relojes finos, armas de fuego, cuchillos, espadas, objetos científicos, telescopios, microscopios y otros adminículos finos y caros. Te recomiendo urgentemente que, mientras puedas, redactes tu testamento y última voluntad, de preferencia, ante notario público y con testigos fehacientes. No te imaginas cuantos pleitos legales y hasta golpes entre familiares evitarás, quizá hasta homicidios, sobre todo si dejas casas, terrenos, bodegas, naves industriales, inversiones, automóviles, joyas y acciones. No permitas que, por tu negligencia, el banco o el gobierno, se apoderen de tus bienes y valores. Pues probablemente irán a parar a manos de algún vil politicastro o ejecutivo corrupto, que solo esperaban que le cayeran frutas del cielo, sin esfuerzo, como los hay en todo el mundo. No los entregues a las instituciones de beneficencia y obras pías, como conventos, escuelas, seminarios y orfanatos. En ellos hay muchos moralistas radicales de triple moral, más feroces y violentos, que una rata en celo. A los pobres, dales en vida tuya, una vez desaparecido tú, desaparecerán ellos también, para tus herederos. Anota, la Historia se escribe en tiempo presente, pero con los hechos del pasado, espero que la tuya sea congruente. Recuerda ¡Testamento!



