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- Categoría: El lector
Autor: José Rivero
Comentario:
Dicen que AMLO está grave. Pamplinas. Informes no confirmados de la SEDENA (según grupo Guacamayas) sobre la salud del presidente Andrés Manuel López Obrador, éste ha sido diagnosticado con angina inestable de alto riesgo y aparte con gota e hipotiroidismo. Lo que no dice el informe es lo del ‘mentirosismo in extremis’. Conclusión: Hay pejelagarto para rato.
Autor: José Enrique Carrillo
Comentario:
Amigos de Monitor Político; el pueblo soberano debe sentir el gobierno que realiza un gobernante, con la eliminación del horario de Verano; el único cambio que hizo Fox en forma general, al pueblo, que sintiera el gobernado, ya no está vigente, en mi ignorancia no sé qué otro hubo del gobierno; lo sentimos igual que los otros; muchos discursos y pocos cambios; según lema de Fox del cambio que todos merecen, gracias por el espacio.
Autor: Ariel Zapata
Comentario:
En el “parte aguas” histórico de las revoluciones mentales que se dieron mundialmente en 1968, las cuáles, marcaron un cambio, que aún se está dando social y tecnológicamente. En el caso de México 68, particularmente, lo que se creó y se estimuló fue un antagonismo entre Estudiantes y Gobierno, con fines insospechados, de aquel tiempo. Sin duda, pudieron, haber fuertes razones de aprovechamiento circunstancial, las cuáles, no se han dilucidado hasta el momento. Al menos, con suficiente claridad. La característica peculiar a observar, en las actuales manifestaciones, es que ahora, los personajes encapuchados y con mochila de la cual extraen cosas que necesitan para agredir aparadores o lo que se les indiquen hacer, para violentar, ¿cuál es su propósito?, sin enarbolar bandera alguna del objetivo de la manifestación, al parecer, retan el orden, para provocar algo y que sean atacados o repelidos y armar la bronca. No lo era como sucedía en el 68, que sin mochilas y sin máscaras, ya que los estudiantes daban la cara y no se ocultaban, pues no había nada que esconder, al manejar sólo la verdad del movimiento a manifestar. Los jóvenes de ahora, se ocultan organizadamente, lamentablemente y hasta vestidos de la misma manera, con mochilas similares. De los cincuenta y cuatro años que han pasado, son nada, para recordarlo. En nuestro País, a partir del llamado “parte aguas social” que prefabricado o no, por los grupos de poder, quienes lo operaron en aquella lamentable situación política, aun estando en combinación o no, con una sociedad sedienta de equilibrios en aquel desierto de verdades en el que se encontraba, aunque, cómodamente con su acostumbrada “no participación”, que había sido cultivada a través de los varios años previos, con la consecuente y gradual pérdida de libertades mediante las restricciones y reglas a modo, que se fueron dando y acumulando, sexenio tras sexenio, y que una vez confrontadas con la realidad, evidenciaron diferencias e inequidades, las cuales, fueron plasmadas en las propuestas y promesas por parte de los partidos políticos, algunas olvidadas y otras, no del todo, cumplidas. Tal ambientación per se, fue la que influyó intempestivamente para que se conformaran las circunstancias apropiadas para maniobrar políticamente la gestación de un caldo propicio, aquel en el que se pudiera cocinar, el decidido posicionamiento de ciertos grupos convenientes y el de otros más, excluidos fuera del poder formal. Como también lo fueran aquellos otros sectores sociales que pretendían brincar hacia el pleno desarrollo del País. El poder central manejado con artimañas por algunos influyentes, en el entorno del presidente Díaz Ordaz, hicieron que éste se desconectara de las verdaderas causas juveniles. Tal divorcio, era sembrado y cultivado desde el poder mismo, significado éste, hacia el evidente descontrol de las decisiones, restándole con ello importancia y a la vez, demeritando el clamor popular. Desde los hilos del poder se movilizó a la sociedad en general, aprovechando a lo más sensible de ella. A su juventud. Tal era la efervescencia universitaria entre maestros y estudiantes, tanto en las aulas como en sus entornos, en la mayor parte de todos los niveles educativos. Adicionalmente en la comunicación permitida y estimulada, eran exhibidas en los teatros de la ciudad de México y en los cines, obras y las películas como “La batalla de Argel” o la de “Nacidos para perder” y en otras varias manifestaciones comunicativas, las cuáles nos dejaban cierto sinsabor de lo que estaba pasando en todos los sectores de la sociedad, de manera sensible. Sin duda, tal vez con un propósito, el cual, no les fue complicado encender en su oportunidad, con la chispa provocadora. La del “basukazo a San Ildefonso”, para que se iniciara y se pusiera en marcha la cadena de eventos, que pareciera por su secuencia lógica, que estaban planeados, preparados y ejecutados inteligentemente bajo un esquema, del que quiero pensar, era para crear conciencia ante un marasmo político-social de la gente, ayudado con la colaboración y la comodidad social de la mayor parte de la clase media. Situación germinada a la vez, con lo acontecido en Paris, Francia, en el mes de mayo de 1968, en donde se apreció la relevancia de que no hubiera muertos. Mi personal enfoque desde la UNAM, era precisamente ese. Si es que había un plan inteligente preparado para despertar a la sociedad de su estatus. El tiempo se encargaría de ratificar tal esquema, al observar los eventos que se fueron dando como si se tratara de una reacción en cadena, a partir de aquella inicial provocación: Recordarán ustedes, que se propició masivamente, la ola de rumores por la vía de volantes impresos, por la vía telefónica, por la vía del “boteo”, por la vía de noticias falsas, por la vía de las comunicaciones en los medios, por la vía de simulacros para sembrar inquietudes de temor y desconfianza. Se encendían mechas para hacer creer de la inestabilidad social, se inventaron villanos, se simularon en un principio también los ataques a estudiantes y los arrestos a maestros también, a quienes se suponía líderes les encarcelaban, o les guardaban y luego los volanteaban como desaparecidos, para luego posteriormente soltarlos con el objeto de confundir a la masa social, dando pie a otros rumores efervescentes, etc. etc. Como una mascarada, era manejada la inquietud de la masa crítica estudiantil y con ella, a sus familias y a la vez a la sociedad en general. Aquellas manifestaciones cuidadosamente ordenadas, que se dieron por las calles eran aplaudidas por el público, ávido de mostrar su inconformidad ante los evidentes desequilibrios y muchas de las personas espectadoras se les fueron integrando. Los estudiantes tuvieron en su entorno y aún fuera de él, el apoyo total de la sociedad en su lucha por despertarse a sí misma. Con varios sucesos, uno tras otro, se fueron dando y propiciando, que secuencialmente como último evento manifestativo, fuera la reacción esperada para el desenlace fatal de Tlatelolco. Jorge Prince, maestro universitario comentó en los pasillos de la División del Doctorado de la Facultad de Ingeniería Civil de la UNAM, que del PRI venía, y que allí se había ofrecido controlar el Movimiento a cambio de la Presidencia.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño... de 80 Años". Las Escupideras, ¿Las Recuerdan? Algunas eran bolas de latón, con un embudo invertido para evitar que los escupidores fallaran en sus flemosos lanzamientos. Otras, menos elegantes, simplemente las formaban platos hondos con paredes rectas altas y una tapadera, también en forma de embudo, con el mismo propósito, eran de peltre blanco y orillas azules, como el de las bacinicas. Las más finas, eran de cerámica o porcelana con diferentes formas, pero todas albergaban los escupitajos pegajosos y gargajos trémulos verdosos de la población masculina, allá por los años 40 a 60. Fueron desapareciendo, tal vez ante los reclamos de los que no les gustaba escuchar los esfuerzos, llamados gargajeadas, para extraer las flemas de la garganta o más adentro. O quizá, por la oposición de los empleados del aseo a limpiarlas a diario, a manita pelona, pues en esos años, no se estilaban los guantes de hule domésticos. Su lugar de concentración más común, eran las cantinas, una al final de cada lado de la barra, a veces, junto a las mesas. También me tocó verlas, en estaciones del ferrocarril, desde la frontera norte a varios puntos del interior de la república. Anuncios de "No escupir", por orden de la S. S. P. Se colocaban en puntos estratégicos de las paredes de los vagones del tren, los autobuses de pasajeros y en todo tipo de edificio, de congregación pública masiva grupal. También los vi en algunas iglesias, cines, teatros y oficinas gubernamentales. Eran necesarias y omnipresentes. En mis muchos viajes por la república, primero con mi familia y después, como libre y vagabundo, me di cuenta, que, en el DF y los pueblos del centro del país, los hombres no escupían, pero no me fijé como se deshacían de sus mocos, que deben haberlos tenido. Una cosa cierta, que le daba validez a tanta prohibición y anuncio de no escupir, era que al menos en el norte, las banquetas y las calles, mostraban muchos gargajos temblorosos verde amarillentos, con "ojitos", que nos miraban, lo que hacía imperiosas tales advertencias. Algunos malvados sociópatas, escupían sus flemas en asientos de las bancas de los parques públicos, otros, en las paredes y los pasamanos de apoyo en las escaleras. Desde lejos, se divertían observando las reacciones de asco, de los ingenuos e ingenuas, al percatarse del embarramiento de los tales gargajos. Otros más, los aplastaban con el pie, salpicando a los circunstantes. Cuando digo que, por mis trabajos de mil usos con lo loquitos, le perdí el miedo a muchas cosas, entre ellas, incluyo el asco a expectoraciones ajenas. Pues me tocaba vaciar, lavar y limpiar, a mano y a diario, seis de esas escupideras que había distribuidas por toda la clínica. ¡Quien me viera y lo creyera en mis tiempos de éxito profesional y académico! Son las 2:00, hora de comer nuestros sagrados alimentos, solo espero no haberles estropeado el apetito. Me sirvieron mole verde. ¡Salud! Nota bene; En mi casa había una para uso exclusivo de mi padre, no sé a quién le tocaba limpiarla. ¡O tempo, o mores! Costumbres de antes. Adenda Polaca; AMLO y su pandilla, han convertido al país, en una enorme escupidera con los cuasi gargajos e idioteces que dicen y hacen todos los días.



