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- Categoría: El lector
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño... de 83 Años, Clamando en el Desierto". Los Enojados Permanentemente; Querulantes, Rencillosos, Peleoneros, Vengativos, Crueles, Persecutores y Rijosos. Por los comentarios de mis pacientes en psicoterapia, sé que una gran parte de esas personas que nos asustan e impresionan con sus explosiones de ira incontrolable e irrestricta. Fueron abusados y maltratados en su infancia, preadolescencia y adolescencia de varios modos, incluido el abuso sexual. Estas lacerantes experiencias se presentan también entre los adultos jóvenes y aún en la plena edad adulta. Tanto en hombres como en mujeres. Su expresión de rabia incontenible se dispara cada vez que recuerdan, evocan o aparecen en sus mentes las escenas en las que fueron forzados u obligados a someterse a una persona mayor. Presuntamente, uno que aparece como un afectuoso educador sexual, interesado genuinamente en su bienestar, muchas veces seduciéndolos con regalos, pero pidiéndoles que guarden esa experiencia, como un secreto entre los dos. Pero cuando la víctima amenaza con descubrirlos o contárselo a otra persona mayor, la relación se vuelve insoportablemente agresiva y se llega hasta las amenazas de causarles un enorme daño físico, a él y su familia. Esta es la razón por la cual, estas personas son incapaces de establecer relaciones afectivas con nadie, pues piensan que serán víctimas nuevamente de un depredador de sus emociones y su confianza. Estas sensaciones se agudizan cuando las figuras parentales, están ausentes y lejanas de su vida en desarrollo. Por otro lado, es común que en la infancia u otras etapas del desarrollo físico y psico sexual del ser humano, se den experiencias consensuales, que pueden ser consideradas como normales, de mutua exploración y comparación de sus cuerpos, tanto entre personitas del mismo sexo como de ambos sexos. Estas están motivadas por la intensa curiosidad de ambas partes, por conocer y aclarar dudas respecto a la supuesta normalidad de sus cuerpos, en plena ebullición hormonal, por decirlo de alguna manera. Las maestras del jardín de niños reportan con mucha frecuencia la intensa curiosidad de los pequeños, no solo con sus cuerpos y los de sus compañeritos, ¡sino hasta con el de la maestra misma! A la cual tocan, acarician, besan y huelen. Es importante señalar que el consentimiento mutuo que ellos se otorgan atenúa los posibles efectos negativos en la personalidad de alguno de ellos. A menos que se les haya sometido a la burla y el escarnio entre sus demás pares y compañeritos. Lo mismo sucede con las reacciones de los adultos, cuando se enteran de las experiencias de sus pequeños. Pues se ha demostrado que, cuando se reacciona de manera escandalosa, es precisamente el escándalo lo que hace más daño y afecta a los pequeños, que se sienten exhibidos públicamente por algo que ellos habían considerado íntimo y privado. Volviendo a los adultos permanente enojados y querulantes, si ellos lo permiten, podemos ayudarlos con la idea de que busquen ayuda profesional, para un problema de larguísima duración, que no va a desaparecer mágicamente. El solo hecho que les digamos que entendemos lo que están sufriendo y evocando, puede ser el inicio de una búsqueda de ayuda adecuada. También recomendamos que no se metan a hacerle de paño de lágrimas o consejeros de buena fe, pues la mayoría de las veces que un amigo se decide a ayudar, cae en el moralismo o la crítica inmisericorde. Que es lo que menos desean ellos escuchar en esos momentos que abrieron su confianza. También incurren en el error de convertirse en jueces sábelo todo, que terminan empeorando una situación de por si delicada. Como padres debemos estar atentos a cualquier señal en la conducta de nuestros hijos e hijas, que nos pueda sugerir la existencia de situaciones anómales, tanto en la escuela, como en el ambiente familiar. Tristeza inexplicable, temores injustificados, terrores nocturnos o pesadillas, evitar ser acariciados o tocados, aún por sus padres o abuelos, aislamiento repentino de actividades en grupo y llanto inesperado. Son algunas de esas señales a las que debemos poner especial atención, pues debemos recordar que, en estas situaciones, es mejor llegar un minuto antes, que una hora después de los eventos. Finalmente, como una recomendación especial, cuando debamos convivir o alternar con estos enojones explosivos, yo sugiero que si no puedes alejarte de ellos, mantengas una actitud de misericordia, simpatía genuina, comprensión, paciencia y tolerancia incondicional. Los ayudaréis, sin comprometerte o meterte en sus vidas. Convencidos de que su enojo, no es contra nosotros, sino contra un fantasma que ronda sus vidas, despiertos y dormidos. Os sentiréis contentos con vosotros mismos, ¡Lo juro!



