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Categoría: El lector
Creado: 22 Julio 2025

Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro

Comentario:

"Con Ojos y Oídos de Niño de 83 Años... Clamando en el Desierto". México y USA, ¿Socios? Probablemente... ¿Vecinos? ¡A Huevo! pero... ¿Amigos? ¡Nunca! No soy Sociólogo, Politólogo, Ideólogo o cosa alguna que se les parezca, por lo tanto, mi opinión es solo como ciudadano común y corriente con juventud acumulada y observador acucioso de la vida, además de fronterizo. Como tal, me tocó presenciar cada 22 de febrero la celebración del natalicio de George Washington, con una amistosa ceremonia, a la mitad del puente que hay en la frontera y sobre el Río Bravo. Era encabezada por las autoridades civiles de las ciudades dizque "hermanas" que formaban, a final de cuentas, un núcleo urbano importante compartido, por estar frente a frente en la frontera. He pasado los últimos 70 años en Monterrey, con salidas esporádicas por razones de trabajo y estudio, pero los primeros 14 años de mi vida, es decir infancia y preadolescencia, los viví en la frontera. Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que conozco la idiosincrasia de los gringos, pues desde mi tierna infancia, atestigüé la forma en que los gabachos tratan a los mexicanos, seas blanco, prieto o cafecito. Por eso no me extraña la conducta de las autoridades texanas, al expulsar a los rescatistas mexicanos que fueron a apoyar a los damnificados de las inundaciones del Río Guadalupe y otros más. Los gringos vieron en este acto generoso de los rescatistas mexicanos, una obscura intención de sacar alguna desconocida ganancia, a pesar de que en ocasiones arriesgaron sus vidas. No aceptan, ni asimilan la grandeza humana de estos gestos salvavidas. Su gobernador Abbot, dijo que se les expulsara por el hecho de carecer de papeles y hay quienes aseguran que dijo que, si Dios fuera indocumentado, lo mandaría sacar del país. ¡Vaya cachaza e idiotez! En mi vida adulta, intenté ayudar a varias personas mexicanas a hacer negocios con los gringos. Nos fue muy mal. Esto, porque los gabachos solo desean ganar-ganar y si no es así, se rajan, agarran sus chivas, piden su lana invertida y se van con la mano en la cintura, sin el menor prurito, recato o sensación de responsabilidad, con todo y contratos firmados. Y si te pones bravo con los rajones, luego luego, inmediatamente te amenazan con recurrir a su gobierno, para que te abstengas de exigir lo pactado. Por eso nunca podremos ser amigos, quizá solo socios, pero deberá ser por medio de contratos muy estrictos, firmados ante autoridades o funcionarios de ambos países, si los hubiera. Como muestra innegable de lo que acabo de decir, tenemos las recientes y constantes violaciones a los tratados internacionales, firmados al más alto nivel entre los dos países y que a los gringos les importa un pepino romper, por parte de las autoridades de aquel país. Cuando era niño, mi abuela me enseñó que una de las mayores ofensas que podían hacerle a una persona del sexo masculino, era decirle, que era ¡Poco Hombre! Cuando faltaba a su palabra empeñada o abusaba de los más débiles y las mujeres, usando su fuerza o superioridad. En cuanto a la amistad, estos güeyes mal interpretan la tradicional hospitalidad, cortesía y amabilidad que tenemos con los extranjeros y lo toman como señal de sumisión, bajeza, culo prontismo o necesidad de ser aceptados por ellos y hasta de superioridad sobre nosotros. Esto me sucedió personalmente varias veces cuando estudié mis postgrados en gringolandia. Mi mujer y yo, tuvimos gestos de cortesía y delicadeza social que son muy comunes en México, con varios compañeros y profesores. Lo que las señoras fifís llaman "Cariñitos". Con el solo deseo de corresponder, aún a la mínima ayuda recibida de ellos. Inclusive, una de ellas, aun siendo México americana, nos dijo que sentía que la estábamos corrompiendo, "Bribing", por el solo hecho de que mi mujer les llevó una pequeña artesanía mexicana, que no valía más de unos cuantos pesos. En ocasiones que los invitamos a comer en nuestra casa, se sintieron muy incomodos por la complejidad de las viandas servidas y lo interpretaron equivocadamente como un exagerado acto de servilismo, con intención de agradarlos. Y en dos ocasiones que los convocamos a venir a Monterrey a dar conferencias en la Facultad de Psicología de la UANL, fue lo mismo. Aun así, prevalecía la sensación que las atenciones recibidas, tenían un doble propósito o intención oculta, de obtener una ¡supuesta e ignota ganancia secundaria! Solo dos señoras de avanzada edad que habían vivido en México por varios años entendieron nuestros gestos de cordialidad y delicadeza mexicana. Repito, ¿Amigos? ¡Nunca! Lo demás, quién sabe. Sólo nos queda la obligada y forzosa vecindad geográfica, que nos dejaron, después del horrible y arbitrario despojo iniciado por el maldito feminoide de Polk, cuya historia ya conocen y no repito para no entriparme de coraje. A la cual deberemos adaptarnos, aplicando y usando lo mejor de nuestra inteligencia, recursos y circunstancias. La frontera, cualquiera que sea, ahí está y no se puede mover. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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