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- Categoría: El lector
Autor: José Rivero
Comentario:
Los ricos son malos y los pobres son buenos. Pues resulta que una muy desigual distribución de la riqueza no necesariamente es culpa de un mal régimen económico-social y de una clase empresarial abusona. El presidente mentiroso López Obrador y sus secuaces se indignan culpando al sistema neoliberal de la mayor injusticia de todos los tiempos, la clásica hipótesis comunista “los ricos son malos y los pobres son buenos”. La estratificación social es un medio para representar la desigualdad social de una sociedad en la distribución de los bienes materiales económicos o culturales. La naturaleza no se distingue por ser justa, estudios de información genética concluyen que se puede predecir una resultante movilidad económica en una particular cultura. Adicionalmente existen escalas de valores en determinados grupos culturales que contemplan vivir mejor sin tomar tanto en cuenta el dinero. Dios no es ni malo ni injusto en habernos creado diferentes. Unos altos, otros no, unos fuertes, unos listos y otros no tanto, unos orientados a la vida sabrosa y otros a hacer dinero.
Autor: José Enrique Carrillo
Comentario:
Amigos de Monitor Político; personas que le gusta la ilegalidad, a servirse con la cuchara grande, el máximo tribunal federal, el que tiene la última palabra en la aplicación de la ley, ¡qué tal! está en paro; para ellos, cual es un asunto urgente, pienso que para un cliente su asunto es urgente; de la naturaleza jurídica que sea; ojalá algún día estén del lado del afectado; pobre mexicano y mexicana; sin gobierno real; todo político, a intereses; gracias por el espacio.
Autor: Ariel Zapata
Comentario:
Ayer escribía sobre André Rieu, hoy lo vuelvo hacer con entusiasmo, por la manera de cómo, músico, inspira y hace participar a todo su auditorio que algunas veces llenan al estadio más grande que se haya construido, haciéndolos cantar y bailar hasta los que no sabemos. El holandés en la bella plaza de Maastrich saca a relucir su nobleza de su humanismo y el gran humanismo de su nobleza, al sacar de su marasmo a una pequeña niña enferma con su estómago paralizado, sin posibilidades de desarrollo, educándola en el canto y con una voz que la hizo llevarla a sus conciertos por varias partes del mundo, incluyendo a México, y retribuirle así, su estatus humano con derecho pleno a su desarrollo. Es como ha sido, este gentil señor con todos los componentes de su orquesta que llama “Johann Strauss”, sacando sus virtudes musicales y cultivando su talento hacia casi la perfección para ser actores principales en sus interpretaciones por todo el mundo. Es lo menesteroso que se requiere para que surja una verdadera Selección Nacional de Futbol con talentos de primer nivel que destaquen en todo el mundo, que, ya teniéndola de ejemplo, se siga cultivando el talento de jóvenes aspirantes, en todas las localidades de la república, como mata constante donde florezcan los jóvenes futbolistas mexicanos no sólo para la selección, sino para todo el mundo. Ser pequeño y reconocerlo con humildad, va con la manera de querer desarrollar en cualquier actividad que se haga. Vienen las oportunidades para todos los mexicanos. Busquémoslas.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
Con Ojos y Oídos de Niño... de 82 Años, Clamando en el Desierto. El Jarro del Tepache. Ya he mencionado que, durante mi infancia, en mi hogar paterno-materno, la hidratación de mi cuerpo corría por cuenta de mi amada abuela materna. Ella confeccionaba aguas frescas de tamarindo, jamaica, horchata, naranjadas, limonadas, y los más diversos licuados con las frutas de la estación. Tales como sandía, melón, tunas, papaya y otras más. Las bebidas carbonatadas del capitalismo feroz y despiadado no entraban en nuestros cuerpecitos infantiles, Ji, ji, ji, y Je, je, je. Sepan chinches izquierdistas, honrábamos a nuestros campesinos y tradiciones. A menos que un tío alcahuete nos llevara a la plaza y nos envenenara con esas bebidas imperialistas. Creo que era agente encubierto de la CIA, el FBI o la DEA. Más Ji, ji, ji, y Je, je, je. Pero para una bebida en especial, existía un jarro único, como de 6 litros de capacidad, alto, grueso, pesado, con dos asas en sus paredes verticales, que descendían de repente formando una panza en su parte inferior. ¡Era el Jarro del Tepache! Diferente de la olla de los frijoles, toda panzona, chaparrita y hocicona, es decir, de boca grande como AMLO. En este jarro, mi abuela confeccionaba una o dos veces al mes, en los veranos, un tepache delicioso. Iniciaba lavando la piña con agua corriente, con una escobilla la restregaba por todos lados. Después, la iba pelando, cortando en tiras su cáscara, las cuales ponía en el fondo del jarro. La piña se convertía en jalea o mermelada para las empanadas, en licuados o simplemente la comíamos en rebanadas, como postre. Antes de la primera capa de cáscaras, ponía en el fondo un piloncillo entero, cubriéndolo con ellas y a la mitad de la pila de hojas, otro piloncillo. Llenaba con agua casi hasta dos o tres dedos de la boca de jarro, lo cubría con una servilleta de tela y lo dejaba en el rincón más cálido de la cocina por 2 o 3 días, de acuerdo con el calor ambiente. Llegado el día de su confección, llevaba a la mesa de la cocina el jarro, sacaba las cáscaras y las reservaba para una segunda vuelta, si veía que aún tenían "Fuerza". Si no, las desechaba, pero el tepache resultante era más suave y menos alcohólico. Continuaba el siguiente paso. En otra olla, ponía una servilleta igual que la anterior, con la cual colaba el tepache que iba vaciando en ella, así quitaba todo tipo de sedimentos que pudieran molestar la ingesta del fresco líquido prehispánico, que se preparaba anteriormente con maíz, por los aztecas. Recordemos que la piña o ananás, es originaria de Meso América y las Antillas, esto comprueba el probable origen precolombino del tepache. Terminaba el tepachezco ritual, endulzándolo con azúcar morena, para la chiquillería. Así se concluía la aventura del tepache, apoyada solo en el jarro, las cáscaras de piña, el agua y el piloncillo. ¡Nada se desperdiciaba! Me consta, porque lo vi muchas veces en mi infancia.



