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- Categoría: El lector
Autor: José Rivero
Comentario:
Los niños mandan. No fueron los israelitas los que bombardearon el hospital palestino en Gaza, tampoco fue Hamas. Fueron los dos juntos con su insensatez. Oh humanidad, terca humanidad, insensata humanidad. Humanidad culpable toda, menos los niños del mundo. Ellos con sus miradas nos gritan, nos imploran, nos mandan.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño... de 82 Años, Clamando en el Desierto". La Mujer del Médico, (O su Asistente Femenina). He conocido a muchas mujeres en estas funciones, que son a la vez sus asistentes y sus colaboradoras incondicionales. La mayoría de las veces, calladas, expectantes, esperando que se les dé alguna orden para buscar una medicina entre las muestras médicas, que la mayoría de los galenos regalan a sus pacientes indigentes. En otras, el remedio urgente en esos precisos momentos. Guardianes celosos de los intereses de sus maridos, cuidan sus espaldas. Muere el médico y casi siempre los acompaña un séquito de pacientes agradecidos por los parientes que salvó, pero en especial, por los hijos que arrebató a las garras de la muerte. Al morir la esposa del médico, aún la de los más reconocidos, su deceso pasa casi inadvertido hasta para los familiares de él. Las mujeres casadas con cirujanos y especialistas de alta calificación, a veces se quejan por la cantidad de eventos sociales o familiares, cancelados por las llamadas de urgencia, buscando la participación de ellos en alguna operación inesperada. Se convierten en críticas de su propio marido, al cual consideran un insensible por dar más importancia a dolores ajenos, que a intereses propios. Se tornan tan celosas, que ven una rival amorosa en cualquier otra mujer que los auxilie en los hospitales, como enfermeras especializadas o auxiliares de quirófano. Las largas noches en compañía de ellas, alejados del hogar, refuerzan sus temores. Las cosas llegan a tal extremo, que se separan, aún a sabiendas de que eran falsedades de ellas. No es así en otras ocasiones. Muchos médicos tienen asistentes, siempre femeninas, pues nunca he visto un asistente masculino en un consultorio, no sé por qué. Es obvio que, entre esta dupla de colaboradores, se va desarrollando una relación íntima, con lazos muy fuertes que se extienden hasta las camillas de exploración, en donde se consuman las esperadas y lógicas expectativas. Hay veces que se forman triángulos amorosos consensuales, pues hay esposas que se despegan y alejan emocionalmente de sus yugos maritales. Muchas esposas de médicos llegan a convertirse en eficientes paramédicos, en ausencia del titular del consultorio. Se arriesgan a diagnosticar y hasta prescribir, como lo harían sus maridos, pero sin receta, medicinas que la mayoría de las veces son acertadas. Se arriesgan demasiado y pueden meter en graves problemas legales a sus maridos, pues la autoridad supone que actúan con la anuencia de ellos. Conozco dos casos. De todos modos "Haiga como haiga sido", estas bellas y sufridas damas, muchas veces con tintes heroicos en sus conductas al lado de sus cónyuges, forman parte de una más de las muchas legiones tanto masculinas como femeninas, olvidadas sin reconocimiento oficial o social. Yo, en lo personal, con todo y sus asegunes, las respeto y admiro, por su dedicación al bienestar del prójimo. Punto y aparte: Raza, griten 1000 veces al día, ¡BASTA! Nuestro grito de guerra contra todos los polacos, de todos los colores. Nota bene: Para Ariel Zapata; Estimado, No entendí el mensaje de tu nota en que me mencionas, no sé si darte las gracias o reclamarte. Ignoro la relación de la geografía urbana que mencionas, con la hagiografía docente de la prepa, que enumeras y los planes del que parece ser tu guía espiritual. ¡Discúlpame, soy muy simple! Ernesto.



