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- Categoría: El lector
Autor: Federico Zertuche
Comentario:
Sobre odios y prejuicios. Cuando adolescentes bocones decíamos con ironía: "Mira, yo no soy racista, pero no puedo ver ni en pintura a los pinches negros apestosos." Ajá. Ahora leo esta diatriba plena de semejantes despropósitos: "Me jacto de ser una persona educada en la pluralidad de las ideas, en todas las áreas del conocimiento humano, que es universal." Pero, los ateos son "macro idiotas certificados, en proceso de ser proto imbéciles y estúpidos supremos, por lo cual se creen potencias intelectuales y novedosos." Ajá. No estoy contra los homosexuales, pero son unos "pederastas, proxenetas y tratantes de personas, desviándose de lo que Natura estableció." Ajá. Tales mecanismos de defensa obedecen a un afán de autojustificación, se engañan a sí mismos y pretenden engañar a los demás. Respecto a los ateos, coincido con Charles Darwin, quien estudió teología, y en 1880 escribió una carta que decía: "Lamento tener que informarle de que no creo en la Biblia como revelación divina y por lo tanto tampoco en Jesucristo como el hijo de Dios. Atentamente Ch. Darwin". Una breve lista de otros ateos despejará la afirmación que son idiotas, imbéciles y estúpidos: Thomas Alba Edison, Albert Einsein, Stephen Hawking, Carl Sagan, Bertrand Russell, Jean-Paul Sartre, Albert Camus, Martin Heidegger, Mario Vargas Llosa, José Saramago, Pablo Picasso, Fernando Savater, Roger Bartra, Richard Dawkins, Isaac Asimov y miles más. El 90% de la comunidad científica mundial actual se considera atea o agnóstica. En cuanto a la homosexualidad, ha existido en todas las culturas, más allá de ser aceptada (como en Grecia y Roma clásicas) y, sobre todo, perseguida. Su rechazo siempre ha sido por cuestiones morales y religiosas, aunque en la Iglesia Católica abundan, así como abominables curas pederastas de niñas y niños. Actualmente, está establecido que la homosexualidad NO es una enfermedad física ni psíquica, tampoco un desorden genético, sino una forma de comportamiento aprendido similar a la heterosexualidad. Al parecer nuestro genio en psicología, no se ha enterado, o no quiere reconocer, que desde el 15 de diciembre de 1973 la homosexualidad dejó de ser considerada como enfermedad en los EE UU cuando la Asociación Estadounidense de Psiquiatría la retiró de su manual de trastornos mentales. La Organización Mundial de la Salud de la ONU hizo lo mismo en 1990. Por cierto, multitud de animales de varias especies tienen relaciones sexuales entre machos, sería absurdo tacharlos de "contra Natura". A menos que el sabiondo ("en todas las áreas del conocimiento humano", como dice de sí mismo) tenga 'otros datos'. Mientras, el señor de los insultos y descalificaciones ad hominem se muerde la lengua.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño... de 81 Años, Clamando en el Desierto". Música Cuasi orgásmica. Estoy seguro que a muchas personas, les va a desagradar el título dado a esta contribución. Sin embargo, espero, deseo y lo creo, que una vez leído no les molestará tanto y quizá hasta les agrade saber que hay música tan estimulante, que puede exaltar y sinergizar esta respuesta sexual fisiológica tan íntima e intensa. Solo mencionaré 3 o 4 piezas orquestales, que por sus crescendos pueden acompañar y aumentar el disfrute sexual. No es necesario recurrir a drogas estimulantes para que nos sintamos transportados a otro nivel de consciencia: la música puede lograrlo. Debo aclarar que solo me refiero a música orquestal de la llamada clásica. Hay dos autores en especial cuyas obras escogí: Johannes Brahms y Richard Wagner, pero también pueden ser incluidos trabajos de Tchaikovsky, Rachmaninoff, Schubert, Beethoven y muchos maestros del período barroco. Veamos y escuchemos: De Wagner; Obertura de Tannhaüsser, Idilio de Sigfrido, Preludio de amor y muerte de Tristán e Isolda. De Brahms; Tercera sinfonía, segundo movimiento. Hay muchas obras de Chopin, Tchaikovsky y otros que no tienen crescendos, y son igualmente estimulantes, energizantes y sinérgicas. Arias de óperas y piezas vocales, que sin ser sacras se entonan en las iglesias, como el Caro mío ben, de Giordano, el Agnus Dei de Bizet, el Panis Angelicus de Franck, el Ave María de Schubert y también tienen efectos estimulantes. Las variaciones de la Trucha de Schubert, la Romanza no. 2, para violín de Beethoven, en fin, decenas de piezas que llenan esta experiencia. Ojalá que puedan escuchar y sentir lo que yo he encontrado en ellas y que no le teman al orgasmo, pues esta palabra en griego solo significa, inflamación. Clímax, significa "escala", ascendente o descendente. Hay otras piezas de música que son aplicables al preludio y al post ludio sexual, por lo relajado, tranquilizante y contemplativo de sus notas, de Albinoni, Bach, Pachelbel, Vitali, Marcello y otros maestros del barroco. He conocido mujeres que se jactan y presumen de ser anorgásmicas, viendo en esa condición, (que no se si llamarla disfunción, pues es una decisión personal), una virtud cristiana. Lo que es una habilidad e instrumento de comunicación del amor, que viene con el equipo que Diosito nos ha dado, ellas lo ven negativamente como una pérdida de control y elegancia. ¡Lástima, por ellas! ((//2//)). - La Íntima y Dolorosa Emoción Placentera de la Música Clásica y de Concierto. Me han preguntado muchas personas, por qué los ejecutantes e intérpretes de música clásica, ya sean solistas de violín, piano, violoncello o directores y ejecutantes de orquestas sinfónicas, dan muestras de estar pasando por un sufrimiento o sujetos a un gran dolor, que reflejan en sus caras, durante s ejecuciones magistrales. Dan la impresión de que hay algo, en esos momentos, que, los lacera, acongoja y les causa un dolor físico y psicológico intenso. Les parece raro, inexplicable e incompatible, con lo que debería ser una experiencia de suprema alegría, como lo es la música. Hay algunos, que hasta lágrimas derraman, les tiemblan las mejillas, arquean las cejas en señal de sufrimiento, sus labios parecen están musitando alguna desconocida e inaudible oración de súplica a algún ser superior. Y a veces, sus cuerpos se contorsionan sobre el banquillo del piano, o se balancean peligrosamente hasta casi perder el equilibrio, cuando el violín emite notas extremas. Lo mismo sucede con los directores de orquesta, algunos de los cuales parecen estar poseídos por un paroxismo, que los convulsiona en su pedestal. La respuesta podrá parecerles insulsa, inaceptable y hasta exageradamente odiosa, pomposa y trivial, para los no iniciados en la melomanía. Es el dulce, doloroso, íntimo e intenso placer de la música. Yo recuerdo que, en mi tierna adolescencia, con los acordes de Beethoven, Mozart, Bach, Schuman, Mendelsohn y otros, experimentaba sensaciones que me llevaban a un nivel de placer, muchas veces insoportable, pero disfrutable. Que me aislaban sensorialmente de mi entorno y realidad, en medio de profundísimos suspiros y ligeros sollozos, que me ganaban la burla de los amigos de mis hermanos mayores, que no alcanzaban a comprender los efectos del arte de la musa de las musas, en el alma y el cuerpo humanos. En esos años, poco se conocía de Vivaldi, pues aún no se descubrían o acababan de ser descubiertos, sin difundir, sus escondidos y olvidados manuscritos, pero Bach, Händel y Telemann, como representantes del barroco tardío, si estaban a nuestro alcance.



