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Autor: José Rivero

Comentario:

Gran candidato mal presidente. Su enfrentamiento madrugador diario ya se cicló y borró la acción individual de su gabinete, sus compromisos con la izquierda radical, su negativa a usar la fuerza y su pretensión de arreglar todo suavecito, su agotada sonrisita inteligente, su pasmosa pasividad. Todo esto está dando al traste con un gran prestigio que se desmorona y sus detractores ya se dieron cuenta y ya lo midieron. AMLO necesita guardarse un poco y dejar que sus secretarios operen. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro

Comentario.

"Con Ojos de Niño". El Gringo que lloró de Emoción por las Montañas de Monterrey. Verano de 1966, Hotel Ramada Inn. Una historia verídica. En esa estación del año, trabajé como guía de turistas, con el inglés que había aprendido en mi estancia ilegal en Nueva York, en aquel hotel en las faldas del Cerro del Topo Chico. Se había inaugurado meses antes, y era seleccionado por muchos gringos que llegaban por carretera a nuestra ciudad y no deseaban enfrentarse al tráfico de una urbe desconocida. Para visitar los lugares de interés, tomaban uno de los cinco taxis de mi amigo y compañero de secundaria, Marcial Monteverde. Él me dio la oportunidad de ganarme unos pesos, que me hacían falta para pagar mis colegiaturas de la carrera de psicología, en una universidad de monjas feísimas y alumnas guapísimas. Eran 5 Valiant del año, así que disfrutábamos llevando y trayendo  gringos, al centro de Monterrey y sus alrededores. Cumpliría yo 25, ese septiembre. Una mañana me pidió servicio un gringo viejo, como de 70 veranos, macizo, medio taciturno, afable, tranquilo, de modales suaves, y hablar pausado. Nunca gritó o elevó la voz, como es la costumbre de sus compatriotas, que se creen vaqueros en tierra de indios. Después me enteré por él, que era ingeniero de caminos y carreteras, en un estado de las planicies del centro de gringolandia. Me dijo que deseaba conocer carreteras de la región, pero que dejaba a mi albedrío a que lugares ir. Yo escogí la meseta de Chipinque y la Cola de Caballo, al fin que por esos rumbos había carreteras para dar y regalar. En aquellos tiempos, el camino hacia la Sierra Madre frente a la ciudad, no era lo que es hoy. Era una serpiente angosta y sinuosa, de solo dos carriles, con peraltes a la moda vieja, es decir agudos, y dos o tres curvas saca suspiros. Llena de hoyancos que aparecían súbitamente, obligando al conductor a maniobrar con la mejor de sus pericias; ya para el lado del talud, ya para el lado  del abismo. El ingeniero gabacho, ni se templaba, ni se agitaba, al contrario, iba fascinado por el paisaje y lo que descubríamos en cada vuelta. Llegamos al mirador, tomó muchas fotografías, como lo hizo de subida y de bajada. Después  de media hora de contemplación, y absorto, me pidió que continuáramos con lo que faltaba del recorrido. Sin contratiempos llegamos a la entrada del camino a la Cola de Caballo. De nuevo, vueltas y más vueltas con la misma fascinación reflejada en su rostro, y yo con el ánimo exaltado, por demostrar mis habilidades de chafirete. Visitamos la cascada a lomo de mula, regresamos y le propuse adentrarnos en la sierra, con la promesa de que veríamos paisajes aún más bellos. Lo cual aceptó con entusiasmo. Ya para entonces se había desarrollado una mutua confianza y sensación de amistad, con la seguridad de que yo era confiable. Nos internamos hasta la Laguna de Sánchez, a donde llegamos a media tarde. El gabacho seguía embrujado por los paisajes, que me aseguró, nunca había visto al natural. Comimos cabrito, y fritada, a los que no les hizo gestos de turista, ni a las tortillas recién hechas, con las que hizo un taco de chorizo, y otro de frijoles con veneno, como les dicen ahora a los refritos con la manteca del asado. Me explicó que como ingeniero de caminos, había aprendido a comer de todo, sin remilgos. Dijo también que le habían comentado que la comida mexicana era muy sabrosa, con lo cual estuvo de acuerdo. Iniciamos el descenso y el regreso al hotel, cuando llegamos a éste, ya comenzaba a pardear, como a las 7 de la tarde, en el verano. Después de pagarme, me dio una buena propina y me tomó las manos. Me dijo en inglés, con los ojos rasados de lágrimas, y una sonrisa trémula llena de emoción, "Amigo, me has hecho muy feliz, al mostrarme estas montañas de tu tierra, pues en la mía no las hay. Fue toda una experiencia de la cual platicaré a mis amigos al regreso, y los invitaré a que vengan a visitarlas. En los últimos 30 años, solo trabajé, sin tomar vacaciones, y nunca disfruté de la existencia. Ahora ya sé que no todo en la vida es trabajo, ¡Gracias amigo!". Me dio un fuerte abrazo con sus brazos flacos pero garrudos, y me apretó las manos con las suyas que eran callosas, y ásperas. Se dio la media vuelta y limpiándose las lágrimas con la manga de su camisa, se perdió en la penumbra del comedor del hotel. Me quedé pensativo por una o dos horas, al ver como se puede impactar la vida de otras personas, especialmente si son buenas y sinceras, como este ingeniero caminero gabacho. Y ahora, nosotros estamos destruyendo nuestras montañas, que a otros maravillan, con la voracidad de los codiciosos agentes inmobiliarios. Que no van a descansar hasta dejar pelonas las montañas y erizadas de agujas de concreto y cristal, para encarcelar y enloquecer a los idiotas o ingenuos que se las compren. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Autor: Francisco Quintanilla Ruiz

Comentario:

A ver; vámonos entendiendo: En todos los aspectos de la vida que acompañan y norman el diario existir de las personas civilizadas, hay niveles, tanto en lo familiar, en lo comercial, en lo político, en lo religioso, en lo económico, y, por supuesto en lo militar y policial para definir el buen desempeño de los ´súbalternos´, o sea, quién le hace caso a quién, pues de otra manera se genera un verdadero caos. Así las cosas, un MANDANTE le puede ordenar a un MANDATARIO lo que se debe de hacer y nunca al revés, por lo tanto, yo como ciudadano mandante le demando al señor presidente de la nación, que deje de dar muestras socialistoides, dándole apoyo disimulado al pájaro de cuentas colombiano, usurpador de la nacionalidad venezolana, idolatrado a base de hambruna y amenazas que ya tiene los días contados frente a un verdadero patriota apoyado por el 80% de sus compatriotas. Segunda petición: Que alguien de fuera de su gabinete, de los que no se ponen a temblar cuando el tabasqueño endurece el rostro y amenaza con una sonrisita burlona, comience a dar verdaderas muestras de humildad, y que deje de estar escenificando a diario papelitos dramáticos a base de subir el tono de voz en forma dizque enérgica y por demás ´populachera´  entre todos los mexicanos, como si protagonizara películas de antaño, tipo ´Nosotros los pobres´ y ´Ustedes los ricos´ marcando una racista división entre las clases sociales, dividiéndonos en vez de unirnos. Otra petición será que así como tuvo el valor desde su ya lejana juventud de lastimar a varias personas con su deporte favorito y bloquear irresponsable e ilegalmente la Ave. de la Reforma - tan solo por mencionar alguna de sus nefastas bravuconadas-, del mismo modo, con muchos de ´aquellitos´, que vaya personalmente a levantarles a los vergonzosos representantes de la CNTE su catastrófico plantón, que ya ha causado incalculables daños a la economía nacional, tal y como lo causó su caprichuda idea de cancelar el aeropuerto de Texcoco, nomás por darle en la torre a los ´riquillos´. Que demuestre mediante un referéndum nacional si todavía tiene la simpatía del 30% de los ciudadanos que votaron por él y si no, pues que se convoque a unas nuevas elecciones. Finalmente y volviendo al principio de esta demanda; que entienda que hay niveles y que México requiere y reclama Justicia enfrentando a todos quienes nos saquearon durante más de 70 años, PERO sin su ´humilde criterio´ de perdón y olvido, pues nadie le ha dado esas facultades, contrarias a la razón y apartadas de nuestras Leyes; usted (sic), no siente la rabia que todos los demás mexicanos sentimos, al ver cómo disfrutan de sus botines tantos lidersuchos de pacotilla imitando a los mafiosos que cobran piso. Eso si es impunidad señor mandatario. ¿Por qué no hace otra consulta para censar su desempeño? A propósito: ¿presentó usted un examen de oposición a título de suficiencia para ocupar el cargo? y el de Control de Confianza que reveló en cuanto a la prueba de ´Control de impulsos´? Yo demando y mis subalternos deben de acatar mis instrucciones. Así y solo así debe de ser, para llegar a buen puerto. Es cuánto, ¡señores mandantes! ¡Díxit! Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Autor: Ricardo Garrés Valdez

Comentario:

 

Riesgos mal calculados intencionalmente: Fitch ¿Quién produjo "La Gran Recesión? Fitch, y dos calificadoras más. “En calificadoras hay hipócritas y charlatanes” AMLO. No mi estimado AMLO, en las calificadoras no hay hipócritas y charlatanes, hay delincuentes fraudulentos: delincuentes de la peor calaña: de cuello blanco. ¿Quiénes produjeron la “Gran Recesión” del 2007? Ni más ni menos que las calificadoras, entre ellas Fitch. Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía lo describe muy bien en su libro “Free Fall” (“Caída libre”) ¿Cómo es posible eso? Explicaré. I. Préstamos a compradores. Se le hacían préstamos a cualquier persona, “A warm body”, como se dice en inglés. Un individuo que NO calificaba para ningún préstamo porque ganaba el salario mínimo; simplemente declaraba que ganaba $120,000 dólares anuales, y no le exigían comprobantes ni documentación alguna, y le otorgaban el préstamo para que comprara una casa de $250,000 dólares o más. Estas transacciones se llamaban “Paperless loans” (Prestamos sin documentos base): Así de sencillo. II. Luego, esos préstamos infames se colocaban  en un “paquete” con otros préstamos, unos buenos, otros malos y otros peores, y listo. Se enviaban a bancos de inversión y allí es donde entraban las “calificadoras”, Fitch entre ellas. III. Calificando el crédito, Se supone que esas calificadoras analizaban los paquetes de varios préstamos hipotecarios y siempre les daban una calificación inmerecida: la mayor parte de las veces les daban grado “A”  fraudulentamente. IV. Los inversionistas invierten en esos paquetes por su elevado rendimiento (Y un mercado hipotecario creciendo: una burbuja). La debacle. Y claro, los préstamos empezaron a fallar, porque muchos no podían pagar las mensualidades. Y claro, con las malas noticias, empeora la situación y se convierte en una enorme cascada, ayudada por los garlitos de los “derivatives” (“derivados”), y ”explota la burbuja”: la Gran Recesión.” Un pánico financiero que les cuesta a los americanos miles de millones de dólares. ¿Por qué? Porque los gobiernos del mundo siempre salvan de su ineptitud a los avorazados capitalistas, quienes se embolsan las ganancias de sus transas, y cuando truena su entuerto, el gobierno corre a salvarlos, como el enano mental de Calderón -entre otros- con FOBAPROA. Conclusión: Fitch NO es de fiarse, a menos que seamos muy cristianos y perdonemos sus transas del pasado reciente, que pusieron en jaque al mundo, Islandia, España e Italia gravemente, entre ellos, afectando millones en el mundo (perdiendo sus ahorros, sus casas, etc.). ¿Quién le cree a Fitch? Solo los ignorantes como Juan Pablo Castañón de la CCE": Quiere crear pánico por la calificación de PEMEX de una calificadora delincuente. Y esto es el resultado de la ineptitud de Peña, ni modo que de AMLO con dos meses de presidente. Esto no solo lo sé, sino que lo viví: soy un "broker" de bienes hipotecarios en Texas. No escribo de "oídas." Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.