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Categoría: El lector
Creado: 26 Junio 2026

Autor: Ervey Cuéllar

Comentario:

El día de ayer por la tarde, fui invitado por el Colegio de Abogados de Nuevo León, para la firma de un convenio formalizado entre este Colegio y la Facultad de Derecho y Criminología de la Universidad Autónoma de Nuevo León, a la cual asistieron diversos abogados dentro de los cuáles se encontraba nuestro Secretario General de la Máxima Casa de Estudios el Doctor Mario Castillo, así como también el Doctor David Emmanuel  Castillo, recién nombrado Director de mi segunda casa la Facultad de Derecho, sin faltar, el Rector del Colegio Doctor Fidencio Montemayor. Un evento muy relevante porque se pone de manifiesto el interés participación de los jóvenes de nuestra casa de estudios, además, de que según lo dijo el Rector del Colegio se podrán certificar abogados en diversas materias, lo cual es relevante ante la exigencia del nuevo código de procedimientos civiles y familiares que está a la vuelta de la esquina para entrar en vigor en todo el País. Ojalan, como se dijo, sea un colegio donde no solamente sea hablar y convenir, sino también levantar la mano cuando las leyes que se presentan en el Congreso del Estado están mal, o presentar reformas en materia electoral que está muy de modo en materia de nepotismo, y no solamente sea citar a funcionarios públicas para aplaudirles, y no decirlos, los trastornos que sufren los abogados en el litigio diario. Ojalá, lo que se dijo allí llegue a un puerto feliz, y nos dejemos de simulaciones como lo dijo nuestro secretario de la Universidad, y verdaderamente el colegio transformador, y le quiten el aspecto convenenciero y político que por los siglos de los siglos ha padecido. Felicidades por el convenio que se firmó. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro

Comentario:

((2)).- Los Lectores de Medio Pelo.  En el caso de la música clásica y los grandes intérpretes operísticos, solo referiré dos experiencias. Una bella dama fifí, me comentó que le agradaba mucho la música clásica. ¿Como cuál?, le pregunté y me respondió, el Lago de los Cisnes de Tchaikovsky. Pregunté de nuevo, ¿Y cuáles otras? Me dijo airadamente, ¡Pues cuales otras, nomás esa, quieres más! La segunda fue con una chiquilla, no mayor de 20 años. Llegamos al tema de la música y ella me confesó que le gustaba mucho la música clásica y sus grandes cantantes. ¿Como cual? pregunté otra vez. Recordé que en la facultad de psicología tuve una bellísima alumna que estudiaba piano, deseaba ser concertista del repertorio clásico, por lo que yo asumí que sería igual con esta mozuela. Su respuesta me dejó estupefacto; "Pos como la de Enrique Guzman, Angelica María, César Costa y los de su generación". ¡! En mi caso, "Sin juramento me podréis creer...", que a don Quijote lo he leído, de pe a pa, tres veces cuando menos y que lo he consultado cuando menos decenas, para mis citas. En dos ediciones, la revisada y anotada por el insigne Rodríguez Marín, ahora desacreditado y en problemas y la que revisó Américo Castro para la colección, "Sepan cuantos..." de la editorial Porrúa. Subrayadas y anotadas hasta el extremo de no reconocer que yo las hice. Pero se que fui yo, pues nadie les mete mano a mis libros. Por lo que acepto que son las cabras que corren libres por los campos de mi decrépita memoria, las culpables de esas notas irreconocibles ahora. En cuanto a la Biblia, la he leído cuando menos tres veces, de arriba a abajo y de forro a forro, con decenas de notas y consultas, para aderezar mis esmirriados artículos, apoyándome en ella. Tuve seis ediciones; la Biblia de Jerusalén, la de Ausejo, la de Colunga y la Guadalupana. Además, la versión en inglés del King James, que nadie entiende, aún entre los angloparlantes. Y la mejor de todas las traducciones modernas, la de los sacerdotes católicos seducidos por el protestantismo, Casiodoro de Reina, (1569), y Cipriano de Valera, (1602). Una joya editorial de la impresión, de lectura fácil y cómoda, que convierte el leerla, en una experiencia deleitable. Aunque originalmente fue traducida e impresa incluyendo los llamados Libros Apócrifos, lamentablemente, los usuarios evangélicos radicales y fanáticos, los suprimieron. Nota bene; Debo confesar que yo también soy lector de medio pelo, con las obras de Marcs, Mao y hasta con la de Octavio Paz, El Laberinto de la Soledad. Además de Milan Kundera, ¿célebre? por su novela, La insoportable levedad del ser y Max Weber, autor de La ética protestante y el espíritu del capitalismo y de la teoría de la dominación legítima. Son estas algunas de las obras más duras de leer, asimilar, comprender y recordar, con las que me he topado en mis aventuras como lector. A ellas apliqué la regla de don Miguel de Unamuno; "Libro al cual no puedo hincarle el diente en las 5 o 10 primeras páginas, ¡Lo descarto!" Y eso lo decía una potencia literaria. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

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