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Categoría: El lector
Creado: 05 Agosto 2022

Autor: José Rivero

Comentario:

Manuel Clouthier Carrillo. Hijo del Maquío, sinaloense, uno de los cuatro mexicanos totalmente patriotas. Fue político, pero no sabía mentir. Buscaba o busca el poder para actuar como Dios manda. Detestaba el “no” poder. Igual que su padre, hombre de acción, pero como es 100% íntegro ningún partido lo quiere. Lástima. que no vive en Monterrey. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Autor: Efrén Andrade Martínez

Comentario:

¿Qué plan tiene Samuel García? En reiteradas ocasiones el mandatario estatal coloca su imagen en el centro de la polémica. Desde desobedecer recomendaciones de la CEDH en cuanto a los niños que resguarda el DIF; Omitir reclamos de vecinos inconformes del sur de la ciudad por su estrategia de movilidad; Espetarle a los mexicanos la falta de solidaridad hacia los neoleoneses; el mal manejo de la crisis del agua, que hasta tuvo que intervenir la federación para rescatarnos; sin olvidar, los pésimos resultados en seguridad y la alta ola de feminicidios que vive la entidad, donde las políticas públicas son superadas ante la reincidencia de delitos contra la mujer. Gobernar es cosa seria y pareciera que el gobernador ha sido superado por todas las problemáticas que nos aquejan. La pregunta de muchos es, qué plan tiene Samuel García, disfrazar sus errores polemizando o de plano, se le salieron de control los problemas que sufre la entidad. (WhatsApp)

Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro

Comentario:

"Con Ojos y Oídos de Niño... de 80 Años". El Obrero Regiomontano, antes y ahora. Vine a Monterrey, por primera vez, a pasar un verano completo en la casa de asistencias en la que vivían mis dos hermanos, estudiantes de medicina. Recuerdo el número de la casa, era el 842, poniente de la Calle de Allende, entre Diego y Dr. Coss. El año, 1951 y teníamos tiernos 10 años, me acompañó mi hermano gemelo. En esa ocasión detecté en las calles, camiones y parques de la Sultana del Norte, un tipo especial de señores, de los cuales, en mi pueblito fronterizo, había muy pocos. Usaban overoles con pechera y tirantes, cascos metálicos con gogles, muchos llevaban gruesos cinturones de vaqueta, del cual colgaban un sinnúmero de herramientas y adminículos, desconocidos para mí. Otros, usaban toscas botas, embarradas de aceite mineral, con gruesas suelas y punteras de acero. Los paliacates rojos, eran los más comunes, muchos llevaban guantes de carnaza o tela gruesa, metidos entre el cinturón y su cuerpo. Pero lo que más me llamó la atención, fue su talante, su aparente estado de ánimo, casi festivo. Iban en grupitos de 4 o 5, y se notaba una agradable camaradería entre ellos. Platicaban, se reían, se veían contentos y tranquilos. Se notaba que estaban cansados físicamente, pero relajados, con esa relajación muscular, que queda en el cuerpo, después de un esfuerzo sostenido, exigido por la dura ejecución industrial. Años después, cuando me familiaricé con los nombres y productos de las más importantes factorías de la ciudad, pude distinguir, donde trabajaban. Ya he mencionado que viví por la calle de Zaragoza, esquina con la de Espinoza. Desde ahí, me tocó de nuevo, ver el desfile de esos grupitos de alegres obreros, que me dicen fueron la columna vertebral de la ciudad por muchos años. También estuve de visita en casa de algunos de ellos, en las que se respiraba un ambiente de tranquilidad. La mayoría albergaba a jóvenes que estudiaban diferentes carreras, en las únicas dos instituciones disponibles en aquellos años, el Tec de Monterrey y la Uni de Nuevo León. Médicos, ingenieros, abogados, contadores, arquitectos, eran las opciones favorecidas. Lo más notorio era, que, en la mayoría de los casos, los jefes de familia eran obreros de las fábricas locales. Todo un fenómeno a nivel nacional. No había drogas, pocos chavos tenían carro, la ropa cara de marca era desconocida y las borracheras de juebebes a Domingo, no se conocían. Hoy, la oferta educativa es amplísima, no sé cuántas universidades de paga han proliferado en la ciudad. Ya no veo obreros en las calles, no sé si porque se han reducido o ahora manejan automóvil. Lo cierto es que, platicando con algunos de ellos, me comentan con tono depresivo, melancólico y hasta de coraje. Que muchas de las empresas para las que trabajaron sus abuelos, padres y aún ellos, han pasado a manos extranjeras. Se burlan de sus antiguos jefes, usando las expresiones de AMLO, "Ya no es lo mismo" y "No somos iguales". La realidad, es que, Monterrey ha cambiado vertiginosamente, no sé si para bien o para mal, pero somos muchas las personas, que no entendemos los cambios. ¡Lástima! Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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