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Categoría: El lector
Creado: 09 Mayo 2023

Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro

Comentario:

"Con Ojos y Oídos de Niño... de 81 Años y Clamando en el Desierto". El Contacto con la Muerte, durante mi Infancia, Adolescencia y ahora de Viejo; Teoría, Investigación y Realidad. Hablemos de una ineludible circunstancia en nuestras vidas; la Muerte. Mi infancia transcurrió durante los años 40, mi adolescencia, en los 50. No había televisión en los primeros, y en los segundos, era muy escasa. Por lo tanto, no me vi expuesto a los 17,000 homicidios, que dice la investigación, que un joven de 17 o 18 años, había observado a esa edad, por ese medio, en gringolandia, a partir de la mitad de los años 60. Para fines comparativos, se puede afirmar con cierto margen de confianza, que lo mismo pasaba en muchos otros países del mundo, incluido México, derivado de la llamada "Dieta televisiva". Los jóvenes dedicaban más de 49 horas a la semana, 7 horas diarias a ver televisión pasivamente, lo que encendió las alarmas entre varias autoridades educativas gabachas. Sin embargo, injustificadamente, a la larga, poco a poco, se fueron apagando y tranquilizando, pues no había datos actualizados. Varias teorías psicológicas reputadas y respetables, aceptadas como válidas por la comunidad psicológica internacional, dicen que una de las varias maneras de aprender algo, es a través de observación, aunque no se practique en esos momentos lo aprendido, permanece en la memoria. Obvio, dependemos de la vista, aunque no observemos con atención siempre. Otras maneras de aprender son la imitación, en especial los eventos psicomotores, además del ensayo imaginario repetido, es decir, repasando mentalmente lo que hemos aprendido. Hasta aquí, hemos ofrecido los datos de investigación y postulados de la teoría, que sustenta lo que estamos discutiendo. Veamos que nos dice la realidad de aquellos años y la más reciente. Yo, mi generación, así como las anteriores, tuvimos contacto con la muerte escasamente, solo los pocos episodios familiares y los que nos tocó leer en la prensa o escuchar en el radio, pero de ninguna manera llegamos a la cuota de 17,000, de los chicos de los años 70. Por lo tanto, sería muy difícil que nos hubiéramos desensibilizado afectiva, psicológica y emocionalmente, al dolor, la angustia y todos los sentimientos asociados con el deceso de un ser humano, conocido o no. Abordando la dimensión de la realidad, es obvio que la nuestra, y la de las generaciones a partir de los años finales de la década de los 60, hasta el presente. Son muy diferentes en frecuencia e intensidad, de la violencia y las conductas antisociales, independientemente de que ésta se haya recrudecido en la sociedad. Basta analizar el contenido de los noticieros diarios de la televisión y veremos que actualmente, los niños de todas las edades se enfrentan a un discurso amarillista brutal y exponencial de nota roja, inexistente en años anteriores. Su "dieta televisiva" es de color amarillo y rojo, no verde, como lo recomiendan los "nutriólogos" educativos. ¿Cuáles serían las variables influidas e impactadas por la televisión, que podríamos usar para llegar a una conclusión de este artículo? Para mí, como psicólogo, serían la desensibilización o insensibilidad de la población, al sufrimiento ajeno, estimulados por la exposición y contacto repetido, con muchas y diversas formas de agresión y muertes derivadas de ellas. La segunda, pero igualmente importante, el duelo y el luto nacional, que viven y sufren los familiares de las personas desaparecidas, que se extiende por todo México, aunque lo nieguen las autoridades. Pues ignoran la suerte o muerte que han sufrido, sus seres queridos, con todas las fantasías catastróficas y destructivas, estimuladas por el desconocimiento de su paradero actual. Esto afecta la salud mental de la comunidad y puede causar eventos inesperados e insólitos como los que se dieron recientemente en Zacatecas. Cuando los familiares de desaparecidos agredieron verbalmente a AMLO, exigiéndole resultados, ante la ineficiencia de las autoridades de todo el país, y él salió corriendo y ¡sonriendo! Esta indiferencia oficial, puede ser el disparador de actos lamentables e irreparables, dado el carácter íntimo y delicado de lo exigido y sufrido. También podemos hipotetizar, que las generaciones actuales y futuras, son y serán más tolerantes, resistentes o indiferentes, al fenómeno de la violencia entre ciudadanos y desobediencia hacia las autoridades. Además, que los más jóvenes, han crecido sometidos al dolor y la violencia, socializadas con naturalidad e impunidad. No debe de extrañarnos, la recalcitrante actitud y virulencia de los malandros, aprendidas en la televisión. El bullying es una forma de esa agresividad, que no han podido controlar o querido resolver. Y todavía se preguntan, ¿De dónde sale tanta violencia? Vuelvan sus ojos a la televisión, a los políticos, las policías y todas las formas de violencia toleradas y mostradas. ¡Gravísimo! Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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