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Categoría: El lector
Creado: 04 Mayo 2023

Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro

Comentario:

"Con Ojos y Oídos de Niño... de 81 Años, Clamando en el Desierto". Navidades y Desfiles en Ambos Lados de la Frontera Norte. Hace algunos años, describí las Navidades en la frontera con Gringolandia. Del "Otro Lado", en las tiendas y en las calles del centro, todo eran luces, dulces, juguetes, golosinas, colores, olores, aromas, música, sonidos y villancicos navideños y botargas de Santa. Estímulos múltiples, encaminados a que la gente gastara hasta su último dólar o penny, con Santa Clos. Ignoro porqué, o para qué, (ahora, lo comprendo), pero en algunas tiendas, había bellas chicas vendedoras, ataviadas como bastoneras o "Cheerleaders" de escuelas, con faldas minúsculas. Mostrando hasta "mero arriba", sus hermosas piernas y sus calzoncitos, sin el menor pudor o asomo de pena. A mí y todos mis amiguitos del colegio católico marista, nos obnubilaban. Del lado mexicano casi todo era gris sepia, obscuro, en blanco y negro, solo los adornados pinitos en cada hogar, contribuían a enmarcar la temporada navideña. Pero, en la Noche Buena, cambiaba todo en casa con la cena, en las mesas de los adultos y los pequeños, llenas de infinidad de delicias para el paladar. Dulces, colaciones, ates, frutas cristalizadas, de camote, calabaza, higos, biznaga, chilacayote, cajetas, leche quemada envinada, natillas, galletas, polvorones, buñuelos gigantes, tamales de sal, de dulce, y de manteca, champurrado, atoles, frutos secos, desde cacahuates, piñones, hasta nueces de Castilla, y de Brasil. Jamones serranos, encurtidos, aceitunas gordales, empanadas dulces, de varias mermeladas, y saladas de camarón y bacalao de hojaldre, fritas y horneadas. Sin faltar su majestad, el pavo relleno con muchas cosas y la pierna de puerco al horno, con hongos. Y los caldos de uva, para los mayores. Luego a dormir y a esperar a Santa, con las luces encendidas del arbolito navideño y su intenso aroma a pinácea. Igual pasaba con los desfiles patrios, el de Washington de aquel lado y los del 5, el 16, y el 20, del nuestro. Los gringos hacían desfilar tanques de guerra con orugas entabladas, carros de combate artillados, humeantes y rugientes. ¡Impresionantes para los niños! Lanchas torpederas y botes montados en plataformas bajas y en una ocasión, hasta un avión a chorro, Sabre Jet, de la base aérea local, ¡con las alas plegadas! Cañones jalados por jeeps, y otros, muy grandes, montados en camiones especiales. Todos ellos, odas a la cultura gringa militarista e invasiva. Otra vez, las alucinantes y sonrientes bastoneras, con paso marcial y levantando las piernas por arriba de sus cabezas. ¡Imagínenselas! Multitud de uniformes de todos los colores, rojos, azules, blancos, de las bandas musicales de aliento y percusión, con redobles de tambor, monótonos y repetitivos. Carros alegóricos con chavos y bellas chicas disfrazadas de estatuas de la libertad, Pocahontas, David Crocket, (el de El Álamo), Martha y George Washington y Lincoln. Jefes indios con sus típicos penachos de plumas de águilas y guajolotes, sus tiendas teepees o wigwams sobre plataformas y todo tipo de héroes gringos de Joligud. En cambio, nuestros desfiles, eran desangelados al máximo, como mexicano, me duele decirlo. Tablas gimnásticas desorganizadas, de chavitos y chavitas sin orden o coordinación, con uniformes desaliñados y raídos, buscando a sus familiares en la multitud. Yo desfilé una vez, con patines de ruedas metálicas, que se atoraban en el pavimento irregular que nos hizo caernos. Bandas de guerra, con pequeños sufriendo por el enorme tambor golpeando sus rótulas y soplando unas cornetas a medio pulmón, que sonaban como aullidos de perro atropellado. Gendarmes y Policías, (cuicos y chotas), panzones, junto con la Banda Municipal de viejitos de cadera caída, con uniformes y kepís diferentes. Casi nada rescatable, solo los charros elegantes, y nuestros maltratados juanes y algún carruaje con temas históricos. Al final, como parece que todavía se hace en casi todo el país, los bomberos y las ambulancias de las cruces roja y verde, con sus sirenas a todo volumen. Solo menciono esto, para describir las diferencias con ellos. Los niños gringos crecían bajo la propaganda joligudesca de su sistema capitalista y militar, listos para cumplir con su labor de policías mundiales y evangelizadores protestantes radicales anticatólicos. Nosotros, los peques mexicanos, ¡en Babia! Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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