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- Categoría: El lector
Autor: José Rivero
Comentario:
Todo un caso. Al señor Trump le podemos atribuir varios tipos de defectos tanto sicológicos como delincuenciales sobre todo en sus relaciones con otras personas. No olvidemos que el mister es un delincuente convicto y sexófilo. Por supuesto que es una persona altamente inteligente, pero se confronta habitualmente con cualquiera que difiere de sus intereses. Personas con esas características son frecuentes, pero llama mucho la atención de que Donald Trump es el presidente del país más poderoso de la tierra. ¿Cómo es posible que Donald Trump haya obtenido 77.3 millones de votos? y ¿cómo es posible que los experimentados miembros de la prensa y los medios mundiales son manipulados por este perturbador presidente? Al señor Trump se le atribuye ser un magnífico ejemplo de la llamada “triada oscura” llamada así debido a sus cualidades malévolas en diferentes grados que implican un carácter interpersonal malicioso con tendencias de comportamiento hacia la autopromoción, frialdad emocional, falsedad y agresividad. Algunos expertos lo describen como altamente narcisista y maquiavelista. ¡Todo un caso!
Autor: Federico Zertuche
Comentario:
Luis Carvajal y de la Cueva. Mitos y leyendas sobre los judíos en el Nuevo Reino de León. (Segunda y última parte). Relata Eugenio del Hoyo, y sustenta documentalmente su dicho, que: “Era don Luis hombre de fuertes pasiones, arrebatado y violento en la ira y remiso en el perdón. En sus últimos años, tal vez frente al fracaso de su empresa, padecía delirio de persecución y delirio de grandeza. Don Luis fue un mitómano, que, (…) amplificaba en su imaginación todos los hechos, creaba espejismos y agrandaba los títulos, exaltando su persona; de un simple criado de su tío Duarte de León hacia ‘un tesorero y contador del rey de Portugal’, y de un obscuro mercader de vinos, hizo surgir un ‘almirante de las flotas del rey de las Españas’.” (2) Es interesante y hasta divertido la manera en que el agudo y perspicaz historiador que es don Eugenio del Hoyo, contrasta múltiples testimonios de Carvajal con documentos fehacientes de la época y pone en evidencia multitud de mentiras, exageraciones, fanfarronadas, fantasías y engaños que inventaba Carvajal ya por egocentrismo o para ocultar sus desmanes y delitos. Señala don Eugenio varias “transacciones” de esclavos realizadas por don Luis durante y después de su primera estadía en la Nueva España, tanto en Pánuco cuando fungía como alcalde ordinario de la villa de Tampico cuando compró como esclavos numerosos prisioneros cuachichiles (indígenas) que le vendió Juan Torres de Lagunas (1569). Luego en 1573, cuando conoció a Diego de Montemayor (quien luego fuera “tercer fundador” de Monterrey), en la mina de Mazapil, Carvajal hizo varios viajes ahí para vender esclavos para trabajar en las minas, obtenidos por “cacerías” de indios nómadas y hasta de un mercado encubierto con presencia de las autoridades, donde se vendían en pública subasta. Al respecto puntualiza del Hoyo: “Siempre nos ha parecido misterioso el ‘casual’ encuentro de Carvajal y Montemayor en las minas de San Gregorio (luego Cerralvo, N.L.), así como la facilidad con que Carvajal logró convencer a Diego de Montemayor y a Alberto del Canto para que, traicionando al gobierno de la Nueva Vizcaya a quien servían, se pasasen a sus filas y le entregasen la jurisdicción.” (3) Aparte de estas correrías como esclavista, don Luis desempeñó en la provincia de Pánuco varios cargos gubernamentales, como quedó dicho fue alcalde de Tampico, también corregidor de Huajutla y de Tamaolipa, capitán de la Huasteca y juez de comisión en Pánuco. Luego de lo cual pasó a la ciudad de México a dar cuenta de sus comisiones al virrey, don Martín de Enríquez, a quien envolvió “con su natural labia, con su extraordinaria facilidad de mentir y con su imaginación amplificadora, logró convencer al virrey de sus muchos méritos y servicios, de su gran ascendiente sobre los indios y, lo único cierto, de su conocimiento de la región situada al norte de la Huasteca. Sólo así se explica la elogiosa recomendación que hace de él don Martín Enríquez en las instrucciones que dejó a su sucesor el conde la Coruña en 1580. (…) ¡Muy pronto el conde de la Coruña iba a convencerse de lo inmerecido que era la recomendación del marqués de Villamanrique!” (4) En febrero de 1578 Carvajal se embarca en Veracruz rumbo a España, pasó en Madrid diez meses tratando el negocio que le había llevado: “El 31 de mayo de 1579 firmó capitulaciones con la corona, como gobernador y capitán general del Nuevo Reino de León. Salió de España (…) en una urca de su propiedad, llamada Santa Catalina, en conserva de la flota del general Francisco de Luján, en la que vino también el Conde de la Coruña.” (5) Aquí es oportuno aclarar que en el capítulo 9 de las Capitulaciones con la corona se estipula que: “Item, os obligáis de llevar a aquella provincia, a vuestra costa, hasta cien hombres, los sesenta de ellos, labradores casados, con sus mujeres e hijos, y los demás soldados y oficiales (artesanos) para la dicha población…” Señala del Hoyo que Carvajal no cumplió con los requisitos establecidos por la Casa de Contratación de Sevilla y eludió las investigaciones sobre la limpieza de sangre de las personas que vinieron en su urca, de las que casi la totalidad eran judíos de origen portugués, entre ellos a muchos de sus parientes. Y añade: “Carvajal aprovechó las circunstancias para lucrar: los supuestos colonos sólo fueron pasajeros que pagaron un alto precio por el pasaje ‘por ser de los prohibidos para pasar a las Indias’. Hacemos esta rotunda afirmación por constar en documentos fehacientes, que de las personas que vinieron en la urca de Carvajal, fueron muy pocas las que pasaron al Nuevo Reino y que ninguna pobló allí. Las más, después de una corta permanencia en Pánuco, se fueron metiendo por la Nueva España.” (6) Así pues, la aseveración de Rivapalacio de que el monarca español le dispensó a Carvajal cumplir los requisitos sobre limpieza de sangre para los colonos que trajese es falsa. Asimismo, como ha quedado dicho, la mayoría de la gente que reclutó (sefarditas portugueses) y trajo en su urca, nunca llegó al Nuevo Reino para poblarlo y colonizarlo acorde a las capitulaciones, sino que fueron traídos como simples pasajeros que pagaron altas sumas por el traslado subrepticio a la Nueva España. Adicionalmente, las Capitulaciones le comprometían a pacificar a su costa a los pueblos indígenas de Tampasquín, Tomotela, Tamapache y otros. En lugar de ello, Carvajal los redujo a esclavitud y los repartió entre sus soldados como botín o paga, contraviniendo lo pactado y lo ordenado por el virrey. Quebrando la palabra de paz dada a los indios, procedió de manera cruel y odiosa: “Apartó a los maridos de sus mujeres y a las mujeres de sus maridos, sin conmoverse por el amargo llanto que la separación les causaba; y aún más, quitó los hijos a las madres, oyendo impasible a unos y a otras llenar con sus alaridos de dolor el campo” (7) En todo caso, su entrada al Nuevo Reino de León ya como gobernador debió haber ocurrido a mediados de 1582, ya para entonces tenía como subordinados a Alberto del Canto y a Diego de Montemayor quien se había ido a esconder a las minas de San Gregorio (Cerralvo), huyendo de la justicia por haber dado muerte a su mujer. Desde entonces, hasta 1584, Carvajal simulaba hacer fundaciones para dar cumplimiento a las Capitulaciones, así levantaba cuatro o cinco casas de palos y palmas, a las que les ponía nombre de villa, hacía nombramientos de justicia y regidores, estaba quince o veinte días en cada sitio, lo desamparaba para luego ir a otro y hacer lo propio, cuando en realidad lo que si se dedicaba era traficar con esclavos para incrementar su fortuna. Ya para entonces, la real Audiencia de México estaba enterada de sus desmanes y hacia 1583 el fiscal había iniciado un proceso en su contra por las crueldades en la guerra de Tamapache y, sobre todo, por dedicarse al tráfico de esclavos faltando a las Capitulaciones y contraviniendo la prohibición expresa del virrey. En realidad, éstos fueron los principales motivos del enjuiciamiento y caída en desgracia de Carvajal, no tanto la cuestión judía que vino luego y fue superviniente. En efecto, un incidente ocurrido con su sobrina, doña Isabel Rodríguez de Andrada, fue la causa que originó el involucramiento del Santo Oficio de la Inquisición, las investigaciones, el proceso inquisitorial y el posterior auto de fe contra los parientes condenados. Según ello, doña Guiomar de Rivera, esposa de Carvajal, le había encargado encarecidamente a su sobrina Isabel, para que persuadiese a su esposo de guardar la “la ley vieja de Moisén”, y que no se lo dijese sino hasta después de haber llegado a las Indias, “y le dijo que ella (doña Guiomar) no osaba decirle nada de aquella porque temía que la matara, y que aguardase oportunidad de desgracia, o suceso malo para decírselo, y que como ella (doña Isabel) lo vio andar aflijido con necesidades y en desgracia del virrey, (…), parecióle buena coyuntura; que a solas lo llamó una tarde, y lo metió en un aposento, diciéndole… que le quería pedir una merced muy grande…y le fue diciendo lo que le había dicho doña Guiomar… que al oírlo… él se alborotó demasiado tirándose las barbas, y jurando a Dios que la matara allí luego y le metiera una espada por el cuerpo, si no pensara quemarla en vivas llamas de fuego… (…) se puso como un león de bravo, estaba echo un moro de enojo, la echó el dicho gobernador de allí con mucha furia, estaba hecho un demonio, que él propio la había de matar con un bocado.” (8) Ese incidente fue la causa para que cinco años más tarde, don Luis y sus parientes fuesen procesados por la Inquisición, aunque es importante destacar que ya para entonces Carvajal estaba en la mira de las autoridades civiles por todos los atropellos y delitos por éste cometidos contra las Capitulaciones, las leyes y contravenciones a las recomendaciones virreinales, por eso se iniciaron los procesos civiles en su contra. A fines de 1586 Carvajal fue a México llamado por el virrey quien le señaló la ciudad por cárcel mientras se llevaba a cabo el proceso. Mientras tanto, don Luis había dejado a su sobrino, Luis de Carvajal el Mozo, como lugarteniente, pues se había dictado una suspensión contra Diego de Montemayor. Luego que unos indios robaran un caballo en una ranchería, Carvajal el Mozo procedió a castigarlos matando a algunos y esclavizando a otros, lo que provocó un alzamiento de los indios de la comarca. Éste logró escapar yéndose a México, y al poco tiempo se despoblaron la ciudad de León, las villas de la Cueva y de San Luis, quedando el Nuevo Reino totalmente despoblado hacia marzo de 1587. Al enterarse por su sobrino de las malas noticias del Nuevo Reino, Luis Carvajal abandonó secretamente la ciudad de México, desobedeciendo las órdenes del virrey y salió en franca huida hacia su gobernación. Una de las últimas tropelías de Carvajal consistió en haber enviado a la villa de los Valles a Cristóbal de Heredia para vender ahí a cien indios que había sacado de tierra adentro, y para que se apoderase en su nombre de dicha villa que no estaba en su jurisdicción. Esta fue la gota de agua que colmó la paciencia del virrey marqués de Villamanrique, quien ordenó su persecución y arresto. Hacia enero de 1589, Carvajal ya estaba preso en la cárcel de la corte, permaneciendo ahí hasta abril, en que fue trasladado a las cárceles secretas de la Inquisición, bajo el cargo de judaizante. Dice el historiador don Eugenio del Hoyo que “Las causas de la caída de Carvajal resultan mucho muy claras. En primer lugar, su constante desobediencia a las disposiciones que prohibían hacer esclavos a los indios; segundo, el no haber cumplido, en diez años, con ninguno de los puntos de sus ‘Capitulaciones’; tercero, la mañosa interpretación que dio a éstos invadiendo, en forma violenta, jurisdicciones de los otros reinos; y, en último término, su actitud de reto constante a la autoridad del virrey impidiéndole llevar a cabo, en forma total, su política pacificadora y de libertad del indio. Por otra parte, la empresa estaba completamente fracasada. El Nuevo Reino quedó despoblado totalmente.” (9) Así pues, ha quedado despejado el asunto de la judería en el Nuevo Reino de León, limitándose a lo descrito. Luego de estos sucesos, desaparecieron por completo los muy pocos sefarditas que llegaron con Carvajal, e incluso el Nuevo Reino de León quedó despoblado de cualquier alma hasta 1596, cuando Diego de Montemayor, el antiguo lugarteniente de Carvajal fundara la ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, bautizada así en honor del reciente virrey don Gaspar de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey. Es de suponer, que luego de los dramáticos sucesos ocurridos, tanto las autoridades virreinales como Diego de Montemayor se cuidaron en extremo para evitar que se afincara en el Nuevo Reino de León nadie sobre quien se pudiese tener la mínima sospecha de ser sefardita o converso. Notas bibliográficas: (1) del Hoyo, Eugenio, Historia del Nuevo Reino de León 1577-1723, Fondo Editorial Nuevo León, Tecnológico de Monterrey, Monterrey, N.L, 2005. (2) del Hoyo, Eugenio, Ibidem, pág. 104. (3) Opus Cit., pág. 109. (4) Opus Cit., pág. 110. (5) Ibidem, pág. 111. (6) Opus Cit., pág. 115. (7) Ibidem, pág. 116. (8) Opus Cit., págs. 121 y 122. (9) Ibidem, pág. 133.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño... de 84 Años, Clamando en el Desierto". Abortar o no Abortar; He Aquí el Grandísimo Problema. "De los arrepentidos, se vale Dios". Puedo afirmar que este es uno de los grandes hitos sociales, que generan un enorme divisionismo, aún dentro de las mismas familias. Muchos lo ven como un problema de ética, otros como uno de legitimidad, unos más, de derecho a la vida, así como religioso. Algunos más como el derecho inalienable de las bellas, a decidir sobre su propio cuerpo. Pero, sin la intervención de aquellos que no son afectados por las consecuencias de su práctica o su abstención, incluyendo las más de las veces, a los rajones, los huérfanos de madre, los agnósticos y ateos. Así como los que huyen de la responsabilidad que ayudaron a gestar y engendrar. Podría agregar cuatro o cinco puntos de vista más y en todos ellos aparecen detractores y partidarios de la Interrupción del embarazo. Como ahora se le pretende llamar eufemísticamente, para que no tenga connotaciones brutales y escandalosas de asesinato u homicidio calificado, de un potencial ser humano indefenso. Los grupos en cuestión se pueden dividir, entre los que nunca se han visto enfrentados a su ejecución, que a la vez se dividen en favor y en contra. Igualmente, las que se decidieron a realizarlo y los que se quedaron hasta el final del embarazo, subdividiéndose en partidarios, opositores y los arrepentidos. Mención aparte son las que dieron en adopción a sus bebes, o los perdieron por diferentes motivos. Así como las que quedaron incapacitadas para volver a embarazarse, por prácticas y condiciones insalubres. Finalmente, hay un grupo muy peculiar, el de los hombres que se decidieron a apoyar a sus parejas para que abortaran y con el paso de los años, se cuestionan su apoyo a sus mujeres, en una decisión que era mayormente de ellas. Para concluir estas divisiones, está el de los HIPOCRITAS, hombres y mujeres, de doble o triple moral. Los que se rasgan las vestiduras en el templo o en la plaza pública, para ocultar, sabrá Dios, que obscuras experiencias y antecedentes. Conozco a varios de ellos. Con todo lo anterior, he deseado mostrar la enorme complejidad de un problema psico social, al cual a veces se le dan o quieren dar, soluciones simplistas e irrealistas, apoyados a veces en falsos marcos morales, religiosos y hasta ideológicos o legales. Me faltó incluir los aspectos económicos, que indudablemente son de peso, tanto por su ausencia como por la disponibilidad de esos recursos. Que, al tenerlos, muchas veces ayudan a atenuar el impacto psicológico, emocional y afectivo en los involucrados. No tiene caso seguir fragmentando las preferencias de los involucrados, pero como podéis ver, es un problema social, harto complejo y controversial. Por lo pronto, mis hallazgos al investigar a las afectadas en Monterrey coinciden con los de colegas en diferentes países; La mujer que está decidida a abortar, lo intentará o lo hará contra viento y marea, aún en las peores condiciones de seguridad personal o salubridad. Llegando inclusive a provocarlo ella misma, usando métodos peligrosos, contra su propia vida. Conocí varias chicas radicales contra el aborto, pero cuando fueron embarazadas por sus novios, siendo solteras, ¡Abortaron! Pregunta a todos los involucrados e interesados en el tema, antes de tirar la primera piedra y criticarlas, ¿Que están dispuestos a hacer, para ayudar a estas mujeres desesperadas?



