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- Categoría: El lector
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño de 84 Años... Clamando en el Desierto". ¡La Única y Sola Palabra Mágica que Rinde a las Mujeres! Hace unos cuantos días, navegando por las Redes Sociales, no sé si benditas o malditas, me topé con un artículo presentado por una bella sexóloga gabacha. Ella afirmaba, como mujer, que hay dos palabras que dichas en el contexto adecuado, arrojan a las damas a los brazos y a las camas de los hombres. ¡Y recalcaba que eso lo aseguraba como mujer que era! No lo leí por lo mamón e idiota. Pero me llevó a evocar mi adolescencia de los 14 a los 17 años, entre el final de secundaria y el inicio de la preparatoria. Teníamos un compañerito, de esos que, con sonrisas burlonas y despectivas, escupían de lado y por entre dientes. Afirmaba que él conocía una sola palabra, que instantáneamente rendía al sexo femenino a los deseos de los hombres. Varias veces lo oímos y escuchamos en corrillo, un montón de chavos ganosos. En múltiples ocasiones le pedimos casi llorando, gimiendo, rebuznando, humildemente que no fuera gacho y que nos dijera y descubriera ese Talón de Aquiles auditivo de la anatomía femenina. Seguros de que, al saberlo, nos llevaría al Jardín del Edén y las Delicias, de los secretos del cuerpo de las chavas y las no tan chavas, pues la edad no importaba. La obsesión masculina eterna y perenne, desde la infancia. Él, con grande y singular arrogancia, presunción y desdén, nos replicaba que no lo haría y nos daba cien excusas para no hacerlo. Total, cansados, enojados, humillados, frustrados y rebuznantes, uno de mis cuates, sugirió preguntar al respecto a uno de mis hermanos mayores, que ya eran pasantes de la carrera de medicina, en la UNL de 1956-57. Ya en ocasiones anteriores, varios de estos chavitos nos habían pedido que le consultáramos a alguno de mis dos hermanos médicos. Cosas sobre la sexualidad de ambos sexos, las enfermedades venéreas, la masturbación, el embarazo y como evitarlo, entre otras preocupaciones de la edad. Ya que ellos en sus casas no tenían a quien pedírselos, por temor o porque no había adultos con esa educación. Total, fuimos a mi casa en montón, siete u ocho de la raza más cercana y que eran de los frustrados por el chavito escupidor. Sabíamos perfectamente a qué hora encontrar a uno de mis hermanos. Él era Víctor Manuel, que ya trabajaba en la Clínica del doctor Manuel Camelo Camacho y que seguiría con mucho éxito, la especialidad de psiquiatría. Llegamos alborozados, en tropel, esperando que mi amado hermano, nos sacara de dudas, o al menos, que nos descubriera la tan ansiada clave oral del rendimiento y triunfo incondicional sobre las bellas. Mi hermano nos escuchó tranquilamente con simpatía, cada quien le agregó a la consulta, algo de interés personal. Después de 15 minutos de atropelladas preguntas, nos callamos para obtener la esperada respuesta. Mi hermano me acarició la cabeza, sobando cariñosa y suavemente mis cabellos de corte de cepillo. (Moda de entonces). Con una sonrisa tranquilizante nos dijo, "Díganle al amiguito suyo, que digo yo, que soy médico y trabajo con loquitos, que ni con 500 o 1000 palabras puedes seducir o conquistar a una mujer, si ella no quiere, que no sea mamón, son puras mentiras de engaña bobos, inseguros y presumidos". Nos sentimos enojados y desilusionados, pero a la vez, aliviados al saber que la tal palabra era una vil mentira. Al día siguiente, ni tardos ni perezosos, fuimos en grupo, a cantarle el mensaje de mi hermano, y se inició una campaña de burlas contra el escupidor inter dental. Con eso nos ganamos el odio y la animadversión eterna del mentiroso, pero la simpatía de muchos compañeritos inocentes y angustiados que habían sufrido largas horas de ardientes y frustrantes alucinaciones sexuales. Nota bene; Como siempre, les ganamos a los gringos, pues con una sola palabra obtendríamos lo que ellos con dos. Je, je, Je.


