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Categoría: El lector
Creado: 02 Marzo 2026

Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro

Comentario:

"Con Ojos y Oídos de Niño de 84 Años... Clamando en el Desierto". ¡La Única y Sola Palabra Mágica que Rinde a las Mujeres! Hace unos cuantos días, navegando por las Redes Sociales, no sé si benditas o malditas, me topé con un artículo presentado por una bella sexóloga gabacha. Ella afirmaba, como mujer, que hay dos palabras que dichas en el contexto adecuado, arrojan a las damas a los brazos y a las camas de los hombres. ¡Y recalcaba que eso lo aseguraba como mujer que era! No lo leí por lo mamón e idiota. Pero me llevó a evocar mi adolescencia de los 14 a los 17 años, entre el final de secundaria y el inicio de la preparatoria. Teníamos un compañerito, de esos que, con sonrisas burlonas y despectivas, escupían de lado y por entre dientes. Afirmaba que él conocía una sola palabra, que instantáneamente rendía al sexo femenino a los deseos de los hombres. Varias veces lo oímos y escuchamos en corrillo, un montón de chavos ganosos. En múltiples ocasiones le pedimos casi llorando, gimiendo, rebuznando, humildemente que no fuera gacho y que nos dijera y descubriera ese Talón de Aquiles auditivo de la anatomía femenina. Seguros de que, al saberlo, nos llevaría al Jardín del Edén y las Delicias, de los secretos del cuerpo de las chavas y las no tan chavas, pues la edad no importaba. La obsesión masculina eterna y perenne, desde la infancia. Él, con grande y singular arrogancia, presunción y desdén, nos replicaba que no lo haría y nos daba cien excusas para no hacerlo. Total, cansados, enojados, humillados, frustrados y rebuznantes, uno de mis cuates, sugirió preguntar al respecto a uno de mis hermanos mayores, que ya eran pasantes de la carrera de medicina, en la UNL de 1956-57. Ya en ocasiones anteriores, varios de estos chavitos nos habían pedido que le consultáramos a alguno de mis dos hermanos médicos. Cosas sobre la sexualidad de ambos sexos, las enfermedades venéreas, la masturbación, el embarazo y como evitarlo, entre otras preocupaciones de la edad. Ya que ellos en sus casas no tenían a quien pedírselos, por temor o porque no había adultos con esa educación. Total, fuimos a mi casa en montón, siete u ocho de la raza más cercana y que eran de los frustrados por el chavito escupidor. Sabíamos perfectamente a qué hora encontrar a uno de mis hermanos. Él era Víctor Manuel, que ya trabajaba en la Clínica del doctor Manuel Camelo Camacho y que seguiría con mucho éxito, la especialidad de psiquiatría. Llegamos alborozados, en tropel, esperando que mi amado hermano, nos sacara de dudas, o al menos, que nos descubriera la tan ansiada clave oral del rendimiento y triunfo incondicional sobre las bellas. Mi hermano nos escuchó tranquilamente con simpatía, cada quien le agregó a la consulta, algo de interés personal. Después de 15 minutos de atropelladas preguntas, nos callamos para obtener la esperada respuesta. Mi hermano me acarició la cabeza, sobando cariñosa y suavemente mis cabellos de corte de cepillo. (Moda de entonces). Con una sonrisa tranquilizante nos dijo, "Díganle al amiguito suyo, que digo yo, que soy médico y trabajo con loquitos, que ni con 500 o 1000 palabras puedes seducir o conquistar a una mujer, si ella no quiere, que no sea mamón, son puras mentiras de engaña bobos, inseguros y presumidos". Nos sentimos enojados y desilusionados, pero a la vez, aliviados al saber que la tal palabra era una vil mentira. Al día siguiente, ni tardos ni perezosos, fuimos en grupo, a cantarle el mensaje de mi hermano, y se inició una campaña de burlas contra el escupidor inter dental. Con eso nos ganamos el odio y la animadversión eterna del mentiroso, pero la simpatía de muchos compañeritos inocentes y angustiados que habían sufrido largas horas de ardientes y frustrantes alucinaciones sexuales. Nota bene; Como siempre, les ganamos a los gringos, pues con una sola palabra obtendríamos lo que ellos con dos. Je, je, Je. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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