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Categoría: El lector
Creado: 21 Enero 2026

Autor: Federico Zertuche

Comentario:

La conquista espiritual. Las órdenes mendicantes y jesuitas en México. (Primera de dos partes). Tengo la impresión que en las últimas décadas no le ha ido muy bien a la Iglesia Católica, continuamente señalada por escándalos financieros y sexuales, así como exhibida por su recalcitrante conservadurismo que en ocasiones raya en retrógrada posición reaccionaria ante avances sociales, así como lícitos logros reivindicados por el laicismo. El caso del padre Marcial Maciel y otros curas pedófilos y abusadores sexuales, han sido emblemático y sumamente perniciosos para el prestigio moral de la Iglesia. Sin desconocer en lo más mínimo tales descalabros sufridos y la merma en feligresía que ha padecido, quiero tocar en esta ocasión algunos de sus rasgos benéficos y trascendentes que también es bueno destacar. Me refiero a la imperecedera labor realizada por las órdenes mendicantes y por la Compañía de Jesús en Hispano América y en particular en la Nueva España a partir del siglo XVI. En efecto, sin la presencia, incansable dedicación, entrega y monumental obra legada por franciscanos, dominicos, agustinos, carmelitas, presbíteros seculares y jesuitas en la región, la conquista y colonización hubiesen significado un simple acto de barbarie, exterminio y depredación. Sin embargo, actualmente somos quienes somos y como somos, un pueblo y una cultura mestizos, con dilatada historia documentada que data de tiempos prehispánicos, una sociedad multicultural y pluri lingüística rica en folklore, arte y tradiciones populares, en buena medida por la labor civilizatoria que sembraron e inculcaron en todas las clases sociales y grupos étnicos aquellos venerables padres en sus conventos e iglesias parroquiales en sus colegios, seminarios, universidades, escuelas de artes y oficios, en hospitales y hospicios que fundaron y sostuvieron, en las misiones que edificaron conforme se fue dando la colonización en tierras ignotas. La conversión y adhesión al catolicismo de los indígenas no fue casual ni fruto de la imposición. A la fuerza no entran las creencias ni ninguna religión. El ámbito de lo espiritual es tan íntimo y subjetivo que resulta inviolable por la arbitrariedad y la tiranía. No hay poder despótico que logre enseñorearse de las almas durante cinco siglos. Habrá, pues, que buscar la explicación por otras vías. Yo la encuentro a partir del estudio desde distintos planos y enfoques significativos, ya religiosos, históricos, antropológicos, políticos y/o culturales. Lo primero que se me viene a mente al recordar la caída de México-Tenochtitlán en 1523, como suceso emblemático, es el de suponer que, ante tal colapso político y militar, resultaba natural y lógico para los aztecas o mexica, que el resto del edificio cultural y civilizatorio también se viniera abajo. Sobre todo, si tomamos en cuenta que eran sociedades teocráticas en que política y religión estaban indisolublemente imbricadas. Al caer derrotado el último tlatoani y junto a él las castas aristocrática, militar y sacerdotal, irremediablemente se desmoronó toda la estructura y cosmovisión mexica. El colapso no sólo fue militar y político, sino religioso, cultural y civilizatorio. Para cualquier fin práctico, el mundo y el proyecto azteca dejaron de existir como hasta entonces, perdieron su razón de ser, entraron en irremediable y terminal crisis de fundamentos. Es en tal orfandad política, cultural, religiosa y civilizatoria del pueblo náhuatl (un concepto más amplio que el mexica), en el que arriban a estas tierras doce iluminados franciscanos, tanto por las prédicas de su fundador San Francisco de Asís, como de la ya añeja y abundante tradición cristiana que trae consigo fuertes ecos del milenarismo medieval con el sello inconfundible de las prédicas redentoristas de Joaquín de Fiore y su visión apocalíptica que prevé la instauración del reino de Cristo en la Tierra, luego de la Parusía y del Juicio Final. Por otro lado, siempre he pensado que si echamos un vistazo y comparamos el panteón de los dioses aztecas, su cosmogonía, la morfología de las deidades (por ejemplo, la Coatlicue), los rituales y regulaciones que imponía su religión y, sobre todo, los ingentes e interminables sacrificios humanos que exigían más y más sangre para saciar la sed de Huitzilopochtli, aunque también de Tláloc y otros dioses, si los equiparamos, pues, con el panteón cristiano, sus rituales, la narrativa de la vida de Cristo, de la Sagrada Familia, de la Biblia y la promesa del paraíso luego de esta vida, (o a la Coatlicue con la imagen de la virgen de Guadalupe), pues creo que la visión cristiana resultaba más “vendible”, más placentera, menos sanguinaria que aquella; más benigna y humana, menos terrorífica. Fueron elementos sumamente persuasivos para la conversión masiva y relativamente rápida. A ello habrá que añadir, sin lugar a dudas, la extraordinaria y monumental labor de las órdenes mendicantes y de la Compañía de Jesús: fueron fundamentales para esparcir la “buena nueva”, al tiempo de abrazar paternalmente a los indios alrededor de sus comunidades, mediante el establecimiento de conventos-iglesias, misiones y parroquias que se convirtieron en el centro en que convergía la vida espiritual, religiosa, cultural, artística, educacional, sanitaria, y en buena medida económica y comercial de las comunidades. A partir de entonces, todas las fiestas populares y el folklore giraban en torno a la Iglesia y a sus santos patronos. Muchas iglesias-conventos que se edificaron a lo largo de la Nueva España, eran autosuficientes gracias a la agricultura, horticultura y ganadería que practicaban; producían carnes y embutidos, leche, quesos, vino, aceitunas y aceite, panes y tortillas, dulces y postres, artesanías y manualidades, tenían escuelas, hospicios, hospitales o enfermerías, se ocupaban de labores sanitarias, de riego y acueductos, obras de ingeniería y arquitectura y mil cosas más que aglutinaban en su derredor a toda la comunidad. Podemos decir con alto grado de certeza que la mayoría de las fiestas populares tradicionales y antiguas provienen de ahí, de esos enclaves eclesiásticos, dedicadas al santo o santa patrona, o algún Jesús o virgen; el modelo arquetípico y narrativo que luego se repite con variantes, surge de tales comunidades en las que participan componentes españoles, criollos, indígenas y mestizos. Es notorio el gran legado arquitectónico y artístico auspiciado por la Iglesia, las mejores y más bellas edificaciones casi todas son eclesiásticas, así como el enorme legado pictórico, escultórico y decorativo que las adornaba. Lo propio podemos decir de la música virreinal, la mayor parte compuesta por los maestros y organistas de catedrales e iglesias que trabajaban de fijo en ellas, junto a los coros. Si recorremos Michoacán, por ejemplo, encontraremos multitud de monumentales y hermosas iglesias-convento a partir del siglo XVI en ciudades, pueblos, aldeas y hasta en medio del campo, que fueron centros de irradiación civilizatoria durante siglos y que tanto beneficio trajeron para los habitantes, la mayoría indígenas. La labor del venerable padre don Vasco de Quiroga, es paradigmática. Lo mismo ocurre en Oaxaca, en Puebla, Guanajuato, Querétaro, Morelos, Jalisco, Yucatán, Zacatecas, San Luis Potosí, en la Alta y Baja California, etcétera. Ahí permanecen como fiel testimonio. Afortunadamente se están restaurando con buen tino y cuidado. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro

Comentario:

Con Ojos y Oídos de Niño de 84 Años ... Clamando en el Desierto" ¿Cuál  es más Severo, el Cuartel, el Convento o la Cárcel? Todos son ejemplos de confinamiento involuntario, de disciplina extrema, irracional e inflexible, pero, ¿Cuál lo es más? Los tres albergan comunidades cerradas, a las que se ingresa de diferente manera y por diferentes motivaciones. Al Cuartel, cuando se deba cumplir con el servicio militar obligatorio, es ineludible y se castiga su renuencia a cumplir con él. En el convento, antaño se ingresaba desde niño, obligados por las piadosas ofrendas humanas al Altísimo, de abuelas y madres. Que esperaban que un miembro de la familia llegase a la santidad y con ello, salvaría a todos, garantizando su ingreso grupal a la Gloria Eterna. La mayoría de las veces, su permanencia en ellos era para toda la vida. Hoy, es una decisión personal e individual, de quienes buscan un acercamiento con la divinidad. Pero ahora, con la separación de la iglesia y el estado, en cualquier momento se pueden romper votos y abandonar sus instalaciones. Pudiendo  así, incumplir su compromiso con la institución. Sin que haya repercusiones legales para el defector, como sucedía antes. Finalmente, en las cárceles e instituciones penitenciarias, el ingreso es forzoso y obligado por sentencia de las autoridades legalmente establecidas. En México, muchas veces su permanencia en ellas, depende de la lana o las palancas que tengan para modificar sus sentencias y de la gravedad de los delitos, que se le imputaron a un individuo por violar las leyes. En todas ellas, por razones de diciplina y funcionamiento efectivo, se carece de libertad y voluntad propia. Estando sujetos al cumplimento inmediato y sin discusión, de las ordenes impartidas por los diferentes niveles en que está integrada la autoridad. El estamento militar es el más complejo y estratificado de los tres y el que conlleva los castigos más violentos para los infractores. Sin embargo, he conversado con militares mexicanos de alta graduación y ellos me dijeron que el convento es más riguroso, inflexible y punitivo, que la vida en los cuarteles. ¿Será esto cierto? De las cárceles, todo mundo opina que más que lugares de reinserción social, son escuelas de delincuencia, en las que los internos amplían y refinan sus habilidades delincuenciales. Cuando salen en libertad por haber cumplido su condena o llegan a escaparse, reinician su vida delictiva. Pero ahora, refinadas con las nuevas habilidades aprendidas de sujetos y compañeros de celda o crujía, durante su internamiento: En estas instituciones, como en otras de hacinamiento de personas, se da repetidamente lo que se ha denominado como Homosexualidad Situacional, Forzada o Falsa. Lo que agrega y agrava la condición de las personas confinadas, que son forzadas a participar involuntariamente en esas conductas. Es ampliamente conocido que muchos recién llegados, son tomados como novios o parejas sexuales y a veces hasta sentimentales. Obligándolos muchas veces a ejercer funciones domésticas de amas de casa, lavando la ropa y cocinándole a los que controlan la vida en las cárceles o reclusorios. De ahí la pregunta inicial, cual lugar es más severo, no solo en función de la disciplina necesaria implícita. Pero además de los abusos contra los Derechos Humanos de los reclusos, cometidos a ciencia y paciencia de las autoridades carcelarias y del sistema judicial. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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