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- Categoría: El lector
Autor: José Rivero
Comentario:
Santa Claus. ¿Y qué si vuelve a ganar MORENA? Va arriba en las encuestas aún con Xóchitl en el horizonte, los beneficios económicos a jóvenes, viejos y discapacitados han sido el último clavo del ataúd del antiguo régimen pripanista. La llamada cuarta transformación seguirá su marcha hacia un régimen socialista autoritario. ¿Quién mandará? AMLO por algunos años, luego una joven generación tipo Luisa María Alcalde. Seguirá imperando el Narcopoder Narcomilitar mediante una narcotregua. ¿Y qué de la relación en Norteamérica? Yo ya no creo en Santa Claus.
Autor: José Enrique Carrillo
Comentario:
Amigos de Monitor Político; las promesas de campaña no se cumplen normalmente en un porcentaje elevado, por razones como que están por encima del interés personal o del partido político, otras prioridades que se traduce en corrupción o porque de plano demuestran la incapacidad práctica de cumplirlas por parte de los candidatos para realmente resolverlas, por ejemplo, ya tiene varios años y sexenios el problema de inseguridad al ciudadano y se sigue tocando el tema como prioritario, pero llegan y "la vida sigue igual"; escuchar ejecuciones y levantones de personas se escucha normal y no debería ser; y el ciudadano en su mayoría que ya no cree en la política mexicana no vota, ni por deporte, por otro lado, los suspirantes a la candidatura en sus partidos de posición y oposición ya ocurrió lo de siempre: unos ni se escuchan, no sé si sea parte de la estrategia política o ya tienen sus ganadores los partidos, como es normal en el control político partidista solo escucho a las señoras Claudia, Xóchilt y al señor Marcelo, por cierto, aclaro por comentarios, escuché que sí los convence Xóchilt, pero que se salga del PAN, es decir, no tienen su voto a pesar de la alianza de este partido con otros, siendo esto una variante práctica política; por la campaña política tolerada por el INE descara este tema, porque estamos a nivel práctico como si fueran tiempos electorales pero no lo son, por lo pronto yo no votaré en esta etapa por ningún suspirante, soy huérfano por convicción de partido político hace muchos años, me esperaré si veo un candidato o candidata que me convenza, voto o lo anuló, yo decido libre; gracias por el espacio.
Autor: Ernesto Piñeyro-Piñeyro
Comentario:
"Con Ojos y Oídos de Niño... de 81 Años, Clamando en el Desierto". Reynosa y Matamoros, ¡Vergüenza Nacional! Mis amados leyentes, bien sabéis que no soy admirador de los gringos, a pesar de haber vivido allá varios años y estudiado mi postgrado en una de sus mejores universidades, a la que fui a aprender a robar, según el zafio, maleta y ramplón prejidente de la república, apodado AMLO. Pero, debo ser honesto y, además, evaluar correctamente la realidad, so pena de que me califiquen como psicótico, si no lo hago. Cosa que obviamente, no deseo. Por eso, cada vez que debo ir a gringolandia, y cruzo la frontera por los puentes de Reynosa o Matamoros, ambos en el estado de Tamaulipas, me deprimo y encabrono. Es vergonzoso, aberrante, deprimente, desolador, increíble, inaceptable y encabronante, la brutal diferencia entre nuestras ciudades y las que los gabachos han edificado, al otro lado de la frontera, ambas y todas, pegaditas al Río Bravo. Sin tanto pedo, como el que hace AMLO, con sus chinches mañaneras, despotricando contra todos sus enemigos, hociconeando con su fallida y permanente campaña contra la corrupción, como si fuera el único problema de México. Olvidando la inseguridad, la pobreza extrema que trata de paliar con aspirinas, los niños con cáncer, los pobres sin seguro médico, el narco expandiéndose por todo el país y todas las mamadas que se adjudica como Mesías tropical. Son insignificantes "suidades" gringas, que disfrutan de unos servicios públicos, que ni en el DF o CDMX, o Monterrey tenemos. Pavimentos de primera, drenajes operantes, policías eficientes, con sus excepciones por supuesto, alumbrado público, recolección de basura, cuidado de parques y jardines, aire limpio, con bomberos bien equipados y entrenados, transporte urbano eficaz, movilidad visible, señalización perceptible fácilmente. En fin, todo lo que deseamos, aspiramos y tenemos derecho los mexicanos honrados que pagamos impuestos, en mi caso, desde los 14, hace 68 años, casi desde que AMLO nació. Vemos a sus miserables, descaradas, desvergonzadas e indignas corcholatas taparroscas, como perros hambrientos peleándose por un hueso, que les lanzó desde Palacio Nacional, su méndigo, perverso, perturbado y pervertido jefe, divirtiéndose como enano, o dios griego del Olimpo, con los desfiguros de todos ellos. Que se comportan como páilakas, aulétrides, meretrices, dicteriades o hetairas de tercera, que disputan entre sí por bailar un danzón con cualquier borrachito que se les ponga enfrente, en este caso, un posible y jodido votante. Nuestras "suidades" mencionadas, presentan una imagen deprimente de basura acumulada por todos lados, pavimentos que se parecen a la superficie lunar, chotas, cuicos y bomberos, que dan lástima por sus uniformes chamagosos y chorreados, con equipo desastroso, patrullas del año del caldo. Señales de tránsito partidas por la mitad, incluso la que dice "Bienv ... a Reynosa" a la entrada del pueblo, mutilada por el viento o los vándalos. Mi amada abuela materna, me decía de niño, que una ciudad es reflejo de la calidad de sus habitantes y sus gobernantes, sus casas y sus familias. Entonces, Reynosa y Matamoros, están gobernados por unos cuinos, que las tratan y manejan, como sus pocilgas personales y familiares. Da la impresión de que a sus autoridades y "suidadanos" habitantes de esas urbes, les importa un comino el bienestar de los demás, a pesar de que son puertos fronterizos de entrada, con sus jugosas aduanas. Carecen de amor propio, pundonor y orgullo, para convertir a sus localidades, en algo mejor o al menos igual, que lo que tienen enfrente, hacia el norte, del otro lado del Río Bravo. No les importa revolverse en la suciedad acumulada de meses y creo que hasta años. Ni les ofenden o molestan las constantes comparaciones de los visitantes, que se sorprenden por los contrastes.



